Ir al contenido

Antes del diluvio

Para afrontar un mundo que cada mañana parece al borde del colapso bastan muy pocas cosas y muy sencillas

Al final, en verdad, serán muy pocas cosas, y lo peor es que lo sabemos. Lo sabemos y hacemos como que no. Andamos con prisa a todas partes y se nos acaba pronto la paciencia. La vida es complicada y le añadimos una habilidad innata para complicarla más aún, y acelerarla. Puede que sea por ambición o por envidia. Por un afán sano de mejora. Por exigencia y por imponerse al conformismo y a la resignación. Al cabo, siempre es peor quedarse quieto. Quizá es para que no se diga y por no defraudar. Muchas veces es eso: ...

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

Al final, en verdad, serán muy pocas cosas, y lo peor es que lo sabemos. Lo sabemos y hacemos como que no. Andamos con prisa a todas partes y se nos acaba pronto la paciencia. La vida es complicada y le añadimos una habilidad innata para complicarla más aún, y acelerarla. Puede que sea por ambición o por envidia. Por un afán sano de mejora. Por exigencia y por imponerse al conformismo y a la resignación. Al cabo, siempre es peor quedarse quieto. Quizá es para que no se diga y por no defraudar. Muchas veces es eso: el miedo a defraudar a los demás. Pero irá pasando el tiempo y las cosas serán contadas. Al menos, las que más importen.

Cuando murió Julio Cortázar, su amiga Cristina Peri Rossi le dedicó un libro de despedida para que quedasen por escrito sus paseos, sus charlas, las cintas que le grabó y la forma en que se conocieron. Podría haber contado sus vidas en los miles de páginas que ambos han dejado y, sin embargo, ella lo resumió todo en un libro corto e inabarcable, porque en ese libro le iba a caber lo que vale una amistad.

Peri Rossi le compartió a Cortázar un verso premonitorio: “En toda generación hubo un diluvio”. Lleva días lloviendo, y las borrascas se encadenan unas con otras. En las noticias, el mundo parece cada mañana al borde del colapso. Muchos años antes de eso, Peri Rossi describió el sitio en el que se resguardaría del aguacero y donde iba a fijar su lugar seguro por mucho que Cortázar ya hubiera muerto: en la amistad que preservaron. Ella misma lo confirmó: “Julio está más vivo para mí que la mayoría de las personas que conozco”. No hace falta mucho más para afrontar el diluvio: alcanza con muy pocas cosas y muy sencillas. Ojalá verlas a tiempo; por si no escampa.

Archivado En