Algo se mueve
Cada vez más europeos están concienciados de la dependencia de Silicon Valley y buscan alternativas
Hace un par de semanas, el aparataje de bulos de la extrema derecha empezó a mover que la Comisión Europea estaba preparando una red social propia para contrarrestar a X. Se llamaría W (de woke, según Alice Weidel, una de las líderes del partido ultra Alternativa para Alemania) estaría basada en servidores europeos y, según uno de los tuits generosamente reproducido por el algoritmo de la red social de Elon Musk, “todo sería verificado, corregido y eliminado”.
Existe, efectivamente, una red social en marcha llamada W, como explicaba su consejera delegada, Anna Zeiter, a Euronews. Uno de sus accionistas ha recibido ayudas de la Comisión Europea. Pero es de capital privado —la mayoría, de inversores de países nórdicos— está todavía muy verde como proyecto (aunque ya hay una lista de espera para apuntarse), y la UE no tiene nada que ver con el asunto. De hecho, bromea el usuario Ciáran O’Driscoll en Bluesky, “lo primero, la UE no llamaría su red social algo tan simple como W. Se llamaría algo así como Ciudadanía Digital Europea Erasmus Plus (EEDCP, en sus siglas en inglés) y solo se podría tuitear en el formato de una iniciativa ciudadana europea”. Otros críticos, más serios, reprochan la falta de concreción del proyecto y que se quiera atribuir el marchamo de “red social europea”, cuando hay otras iniciativas igualmente basadas en el continente que están funcionando hace tiempo: Mastodon, sin ir más lejos, donde la Comisión Europea está presente.
First of all, the EU would not call this platform something as tidy as 'W'. It would be called the European Erasmus Digital Citizen Plus (the EEDCP), and you can only tweet in the format of an European Citizens' Initiative.
— Ciarán O' Driscoll / Ó Drisceoil (@bearaboi.bsky.social) Jan 29, 2026 at 15:00
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En todo caso, tanto el surgimiento de W como los bulos identifican algo más de fondo: cada vez más europeos están concienciados de los problemas de la dependencia de las tecnológicas estadounidenses (en especial de X) y están buscando alternativas. El Gobierno francés se ha puesto como objetivo eliminar el uso de herramientas estadounidenses como Microsoft Teams o Google Meet y reemplazarlas por soluciones “enteramente francesas” para 2027. El mensaje está claro: en un mundo en el que Estados Unidos está restringiendo la entrada al país a quienes combaten la desinformación provocada por sus plataformas digitales, buscar productos europeos no es un capricho sino una cuestión de seguridad y compromiso con la democracia.
La necesidad de alternativas se hace más patente conforme los países europeos, en lo que es la respuesta más sencilla (y, por tanto, necesaria) a la hostilidad de Estados Unidos, endurecen su legislación. Ayer mismo, la Fiscalía francesa entró en la sede de X en París y llamó a declarar al mismísimo Elon Musk. Y España, por boca del propio presidente Pedro Sánchez, ha sido el último país en anunciar que prohibirá las redes sociales a los menores de 16 años, una medida que ya está en marcha en Australia y Reino Unido (y que Francia y Portugal están estudiando y de cuya efectividad existen fundadas dudas). Como explica en Bluesky la diputada de Más Madrid en la Asamblea regional Marta Carmona, la prohibición “es la típica cosa que parece buena idea desde lejos, pero en la realidad supone renunciar a regular a las empresas y obligarlas a generar espacios seguros”. “¿Para qué voy a regular mis contenidos y ponerles coto si los menores no deberían estar aquí?”, añade.
Prohibir las rrss a menores de 16 es la típica cosa que parece buena idea desde lejos, pero en la realidad supone renunciar a regular a las empresas y obligarlas a generar espacios seguros. Promesa de virginidad digital de los chavales porque los adultos no le doblamos el brazo al tecnofascismo.
— Marta Carmona (@adrasteaquiesce.bsky.social) Feb 3, 2026 at 10:59
Al final volvemos a lo mismo: la forma de rebajar el efecto de las redes sociales tóxicas sobre nuestra democracia es que dejen de ser imprescindibles, especialmente X. En los últimos días, el propietario de lo que fue Twitter se ha dedicado a dar pábulo a mentiras acerca de la regularización extraordinaria de inmigrantes aprobada por el Gobierno. La respuesta de Sánchez (”Marte puede esperar, la Humanidad no”) es contundente, pero no lo bastante. Resultaría bastante estúpido pelearse con el dueño de un bar al que se pretende volver. ¿O no?