La derecha, a favor de la amnistía

El PP copia en su enmienda a la totalidad el lenguaje ultra de Vox, sus latiguillos menos elegantes, y le roba su propuesta más montaraz

El portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Miguel Tellado, el miércoles en una rueda de prensa en Madrid.Claudio Álvarez

La derecha democrática está a favor de otorgar amnistías, también en democracias consolidadas. Así lo practicó el gaullismo francés con los militares golpistas de la OAS, a los que dio sucesivas medidas de gracia parciales. O el conservadurismo inglés, embarcado ahora en pasar la última pantalla de las turbulencias norirlandesas mediante una amnistía que complete las anteriores, dictadas desde el Acuerdo de Viernes Santo de 1998.

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La derecha democrática está a favor de otorgar amnistías, también en democracias consolidadas. Así lo practicó el gaullismo francés con los militares golpistas de la OAS, a los que dio sucesivas medidas de gracia parciales. O el conservadurismo inglés, embarcado ahora en pasar la última pantalla de las turbulencias norirlandesas mediante una amnistía que complete las anteriores, dictadas desde el Acuerdo de Viernes Santo de 1998.

Si leen la enmienda a la totalidad —de la proposición española de amnistía— tramitada por el PP para la sesión parlamentaria de este miércoles, no reconocerán ni a un partido conspicuo ni a esas derechas democráticas. Su tosco estilo abunda en calificativos como “burdo”, “amenaza”, “regresión” o “reproche”. Incluye discordancias entre sujeto y verbo, sortea el punto-y-aparte y abusa del gerundio. Y postula ilegalizar partidos rivales, contra la trayectoria de la Transición y la encarnadura constitucional.

Es, así, un texto que copia el lenguaje ultra de Vox, sus latiguillos menos elegantes. Y le roba su propuesta más montaraz, una indigna pena para el votante conservador digno.

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Una vez el partido de Fraga ha dejado claro en la calle su áspero desacuerdo con la medida, podría imitar a las derechas democráticas europeas, e intentar enmendar parcialmente la proposición de ley, en vez del abismal no a todo. Quizá así la mejoraría. O al menos pondría en más sofisticado apuro a la coalición gubernamental. Si hiciera como en Francia y Reino Unido: otorgar una gracia parcial, o someterla a requisitos de residencia, o condicionarla a compromisos de sus beneficiarios, como el de no reincidir en sus actuaciones pretéritas.

De una sola carambola se situaría además en un perfil más centrado, menos gemelo al de sus socios. Pero para eso se requiere albergar un certaine idée actual del propio país, como se enorgullecía en proclamar Charles De Gaulle. O atesorar una tradición pespunteada de cierta generosidad liberal, como intenta el partido tory mediante el concepto de compassion: compartir pasión, en vez de expandir inquina.

No lo pretende este PP. También militó contra los indultos, contra los que interpuso recursos judiciales, que ahora olvida. En las cuestiones catalanas su doctrina es palo, jamás zanahoria. Hasta un falangista de piel como Josemari Aznar fue menos torpe. Cuando hubo menester... de votos.

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