Ir al contenido
_
_
_
_
morena
Columna

Nuevas formas

En mucho se repiten los modos del PRI porque en Morena dominan los priistas. Los izquierdistas, aunque tengan a la presidenta, son una minoría frente a las hordas de pasado tricolor

Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, Ciudad de México, el 6 de abril.Mario Guzmán (EFE)

Sin duda alguna, la cuarta transformación ha implementado cambios en las formas de la política nacional. En el fondo, es casi lo mismo que en los del años de oro del PRI: las decisiones del partidote, la presidencia decidiendo todo, la inexistente frontera entre partido y Gobierno, corrupción y voracidad rampante, mentiras descaradas, el Gobierno como agencia de colocación, cinismo desbordado.

El PAN o no tuvo tiempo, o no tuvo ganas o creatividad para cambiar las formas; se amoldó al priismo neoliberal y ahí se sintió cómodo, hasta que el electorado se dio cuenta de que estaba votando por una copia y prefirió el original y regresó al priismo.

Habrá que decir también que en aquellos años se hacían muchas tranzas, pero los políticos de altos vuelos no eran sorprendidos en ellas, salvo que el Gobierno quisiera revelarlas. Hacían cosas peores, probablemente, pero no se enorgullecían de ellas como sucede ahora. El caso de la embajada en Londres reducido a la preocupación de un padre es una muestra de desprecio a cualquier asidero con un mínimo de ética.

En mucho se repiten los modos del PRI porque en Morena dominan los priistas. Los izquierdistas, aunque tengan a la presidenta, son una minoría frente a las hordas de pasado tricolor. Ciertamente, el morenismo se despliega con una actitud más retadora y hostil a la vez que troglodita. No temen al castigo, pues les consta que no existe. Es una política mucho más rasposa que las anteriores. No se trata de un manejo abierto y sincero, sino de una falta de límites elemental en el comportamiento. Admitir la corrupción no te vuelve honesto, sino cínico.

Entre las supuestas nuevas formas está su idea de la comunicación democrática, asunto que se limita a la conferencia presidencial de las mañanas. Por tratar de encontrar alguna explicación lógica a ciertas palabras y desplantes presidenciales, podemos decir que la llamada “mañanera” se sale del control y la presidenta comete pifias, que suponemos involuntarias, pero de manera reiterada. Como tiene que contestar de todos los temas, hace anuncios de lo más variados. Lo mismo notifica una llamada con Trump que mantas en las gasolineras; responde sobre posibles delitos cometidos por colaboradores o comportamientos estrambóticos de sus compañeros. A todo le entra.

Se entiende que se quiera imitar el modelo López Obrador de comunicación, pero ese le funcionaba a él, no tiene por qué funcionar igual para otras personas. Contestar todas las preguntas no es apertura, es un error. Abarcar todos los temas es no abarcar ninguno. A fuerza de decir que no le informaron de distintos temas, va quedando la imagen de que a la presidenta nadie le informa nada, ¡porque ella misma lo dice!

La mañanera se ha convertido en una fuente inagotable de problemas generados en Palacio Nacional. ¿Era necesario que la presidenta anunciara que se abrió una investigación en contra de Marcelo Ebrard? No, pero sí revisitó un golpe para el principal negociador del gobierno ante Estados Unidos.

¿Era imperativo anunciar el cese fulminante de Luisa María Alcalde ofreciéndole otro puesto? Por supuesto que no. Peor aún ¿era necesario que la presidenta dijera que Alcalde no aceptó en un inicio lo ofrecido? En absoluto, solamente reflejó un distanciamiento. ¿Para qué informa la presidenta que la gobernadora de Chihuahua no le quiso tomar la llamada? Si no es cierto, muy mal, pero si es cierto, peor.

Entre las conclusiones que se pueden obtener del ejercicio matutino y las nuevas formas es que a Sheinbaum no le informan, no le dicen, no le avisan y no le contestan ni el teléfono. Si estas son las nuevas formas, suenan más bien a lo que antes se conocía como falta de respeto.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_