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Anatomía de un abrazo: el gesto que desató el hundimiento de la alianza opositora mexicana

La sospecha de un pacto entre Morena y el presidente del PRI revoluciona la agenda política y despeja aún más el camino al partido de López Obrador

Entrega del Cuarto Informe de Gobierno
Adán Augusto y 'Alito' Moreno se dan un abrazo en la Cámara de Diputados, el 1 de septiembre.Mario Jasso (CUARTOSCURO)

Un abrazo ha precipitado una tormenta política en México. Sucedió el pasado jueves 1 de septiembre en el pleno del Congreso. El secretario de Gobernación, Adán Augusto López, llegó hasta la tribuna abriéndose paso entre saludos con los legisladores. Pero el más efusivo fue con Alejandro Moreno, el presidente del PRI. Ambos se abrazaron y se dijeron algo al oído rodeados por una nube de fotógrafos y la mirada del resto de congresistas. Fueron tan solo 15 segundos, pero todo el tablero político mexicano señala ahora esa escena tras la secuencia de hechos que se ha desencadenado después.

Ese mismo día, la Cámara nombra a los integrantes de la comisión instructora que decidirá sobre el proceso de desafuero como diputado para el presidente del PRI. Moreno ha sido acusado por la Fiscalía de Campeche de un delito de enriquecimiento ilícito y ha solicitado el desafuero. La llave para que se le retire la inmunidad parlamentaria y puedan entrar a fondo los jueces la tienen dos morenistas, un panista y un priista. Es decir, los votos de los diputados del partido en el Gobierno serán clave.

Al día siguiente, el grupo parlamentario del PRI propone una iniciativa para que se prorrogue hasta 2028 la presencia de los militares en las calles ejerciendo tareas de seguridad pública. Morena anuncia que se suma a la propuesta y comienzan las turbulencias.

El resto de partidos de la oposición, el PAN y el PRD, responden indignados a la propuesta de su socio, el PRI, con el que mantienen una alianza, Va por México, bajo la lógica de sumar fuerzas ante el partido de Andrés Manuel López Obrador. Lanzan un comunicado mostrando “sorpresa y profunda incomodidad”. Consideran que el PRI le está siguiendo el juego a Morena al fortalecer la posición del Ejército, el clave de bóveda de la estrategia de seguridad de López Obrador.

Las tensiones crecen también dentro de la propia formación tricolor, con posiciones en contra de varios de sus cuadros en el Senado, que a su vez llevan meses inmersos en una lucha intestina por destronar a Moreno. Como conclusión, este miércoles Va Por México anuncia una “suspensión temporal” de la coalición. Las ya de por sí frágiles costuras de la alianza opositora están a un paso de saltar por los aires.

La sospecha del pacto

Una semana de vértigo sobre la que planea la sospecha de un posible pacto entre López Obrador y Alito, como es conocido el líder priista. Un acuerdo supuestamente muñido por el secretario de Gobernación, mano derecha y operador de mayor confianza del presidente. Por eso todas las miradas se vuelven a fijar ahora en su abrazo con Moreno de hace una semana. Fuentes de ambos partidos consultadas por EL PAÍS dan credibilidad a una tesis que corre como la pólvora por los mentiremos políticos mexicanos. “Todo empezó con la Reforma Eléctrica. El PRI votó en contra y aquel domingo de Resurrección empezó el calvario para Alito por incumplir el compromiso que se dice que tenía con el presidente”, apunta una de las fuentes.

Las elecciones legislativas del año pasado colocaron al PRI en una posición negociadora privilegiada. Morena perdió la mayoría suficiente para sacar adelante reformas constitucionales y el histórico partido mexicano se convirtió en la posible bisagra. Durante meses, ambas formaciones prolongaron un tira y afloja que finalmente no cuajó. López Obrador vio como su primer gran objetivo de echar para atrás la liberalización del mercado eléctrico, quedó frustrado en abril por el voto en contra de toda la oposición.

Desde entonces, a Moreno le ha rodeado una oleada de escándalos por las filtraciones seriales de unos audios donde se le escucha negociado presuntos fraudes y actos de corrupción. Los audios fueron difundidos por Layda Sansores, la gobernadora morenista de Campeche, el Estado donde fue mandatario Moreno y cuya fiscalía ha abierto una investigación que ha derivado en la petición de desafuero.

“Alito estaba desesperado, se entregó él solo, ni siquiera hubo una estrategia quirúrgica de operación política. Ha sido una rendición”, apunta otra de las fuentes, que señala a otro actor en el presunto pacto espurio. “El presidente anterior de la cámara de diputados, Sergio Gutiérrez, llevó a Alito con Adán Augusto López y se hizo el acuerdo: que no lo toquen, que no habrá desafuero. Y ellos [el PRI] hacen el guiño con la iniciativa para prolongar la presencia del Ejército en las calles hasta 2028″.

Consultado por este diario, Gutierrez, que dejó su cargo el mismo 1 de septiembre en el que se produjo el polémico abrazo, reconoce que mantuvo conversaciones con el grupo parlamentario del PRI durante las semanas anteriores, cuando todavía era presidente de la Cámara. “En el contexto de nuestras funciones, supimos que iba a entrar la iniciativa de prolongar el plazo del Ejército y nos pareció interesante. Me senté con ellos para analizar la propuesta con buenos ojos porque sigue la línea del presidente de blindar a la Guardia Nacional”. Pero rechaza las teorías que apuntan a un acuerdo oscuro a raíz de la iniciativa. “Eso es política ficción. Y no hay que espantarse por la escena del abrazo con Adán Augusto. Es nuestra labor hacer política con todos”.

Guerra interna en el PRI

Los protagonistas de la polémica también negaron la mayor. El secretario de Gobernación justificó el efusivo abrazo en el marco de su cargo. “Sí saludé efectivamente a Alejandro Moreno, pero lo hago como lo hago con toda las fuerzas políticas. No es un asunto de amistades y el que uno dialogué con un opositor no significa más allá que el protocolario intercambio de saludos y de opinión”.

Alito, por su parte, defendió ante sus todavía socios de la oposición la propuesta de su grupo parlamentario de mantener a los militares en la calle en términos parecidos a los que habitualmente usa el presidente López Obrador: “Esto es por México, por la gente. ¿Con quién están?, ¿Con los intereses de partido o con el interés supremo del pueblo de México?”.

Además de la delicada situación en la que queda la alianza opositora, pendiente de los próximos movimientos del PRI para tomar una decisión definitiva, dentro del propio partido también acusan abiertamente a su presidente de pactar con Morena para salvar el pellejo. Para la senadora Claudia Ruiz Massieu, “presentar esa iniciativa en el Congreso habla de un arreglo con Morena y sus aliados. ¿Por qué es necesario hacer ahora algo así, si aún no expira lo votado en 2019 que concedió un plazo al Ejército hasta 2024?”.

Massieu, expresidenta de la formación, es una de las voces de más críticas con Alito. Fue uno de los pesos pesados que en julio presionaron privada y públicamente para forzar su salida. El histórico partido que gobernó con mano de hierro durante décadas tiene menos poder que nunca y vive bajo la constante amenaza de ser definitivamente engullido por Morena.

“Ahora estamos viendo cómo comportarnos ante el desgaste del partido y de su presidente”, añade Massieu. “Las filtraciones [de los audios de Alito], aunque sean ilegales, las investigaciones penales por el patrimonio del presidente, todo eso ha generado mucho desgaste y tensión interna. Las sospechas de un acuerdo con el gobierno son lógicas. Y la solicitud de desafuero y la iniciativa presentada ha generado suspicacias”.

Dentro de la narrativa de la sospecha hay otra pieza que parece encajar también. Esta misma semana, la gobernadora morenista de Campeche anunció que detenía las filtraciones sobre Moreno. Justificó su decisión por un amparo concedido al presidente del PRI en defensa del derecho al honor. Pero el momento en que ha sucedido ha alimentado aún más las especulaciones durante una semana de alto voltaje en la política mexicana.

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