Olga Ravn, escritora: “Debemos luchar activamente contra el aislamiento de la maternidad moderna”
La autora danesa explora en ‘Mi trabajo’ las tensiones entre maternidad y escritura, y también realiza un inventario preciso de los esfuerzos invisibles y cotidianos que sostienen la vida familiar
Como las piezas de un puzle que hay que volver a unir, pero cuyas partes ya no encajan como antes, la maternidad atraviesa la experiencia de Anna, una escritora que vive los primeros años de crianza entre el agotamiento, la ansiedad y una profunda sensación de pérdida de identidad. Tras Los empleados (Anagrama, 2023), la escritora danesa Olga Ravn (Copenhague, 39 años) vuelve con un libro que indaga en la profunda metamorfosis que se produce con la llegada de un hijo: Mi trabajo (Anagrama, 2025). Lo hace mezclando diferentes formatos literarios —narrativa, poesía y anotaciones de diario— y adoptando un estilo fragmentario que refleja la complejidad y las contradicciones de la experiencia materna. “La invade sin tregua la añoranza de regresar a su propio ser, alejarse del niño. Pero, si no está el niño, es como si le faltara un trozo, no es ella misma. No es ella ni deja de serlo. Desde esta posición tiene que luchar”, escribe.
La novela muestra la frustración de Anna, alter ego de la autora, por no poder escribir, pese al enorme deseo de hacerlo, y la culpa que le provoca buscar los tiempos para llevarlo a cabo: “Tengo que explicarle a mi familia que escribir es trabajar, aunque tampoco sea trabajar”, se lee. Desde una mirada lúcida y honesta, Ravn realiza un inventario preciso de los esfuerzos invisibles y cotidianos —como el trabajo cognitivo y emocional de planificar, organizar y gestionar el hogar— que sostienen la vida familiar; refleja también la tensión constante entre escritura y cuidado, y la invisibilidad histórica del trabajo doméstico —sin reconocimiento ni descanso— que sostiene la vida cotidiana. Es por esto que cuestiona la separación entre vida privada y trabajo remunerado, y reflexiona sobre la familia nuclear moderna, una familia cada vez más sola. “Deberíamos reestructurar la sociedad y desafiar la separación entre la vida doméstica y el trabajo remunerado”, dice durante la entrevista.
PREGUNTA. ¿Por qué eligió esta forma híbrida de narración? Mezcla narrativa, poesía, informes médicos y anotaciones de diario, y lo hace de un modo muy fragmentario…
RESPUESTA. No fue una elección consciente. Más bien creo que cada vez que intentaba hacer que la experiencia que quería transmitir encajara en lo que se llama una novela realista, no encajaba. Así que decidí dejar que el texto fluyera libremente. Creo que tiene sentido que sea así, porque el libro trata sobre la identidad que surge tras una experiencia intensa —en este caso, la maternidad— y sobre cómo necesitamos reinventarnos después de atravesarla.
P. La tensión entre la escritura y la maternidad está presente a lo largo del libro, pero también hay una fuerte afirmación del cuidado. Sugiere que no solo debemos considerar el trabajo remunerado como trabajo real. ¿Cuántas horas trabaja realmente una madre que cuida?
R. Bueno, solo la lactancia durante los primeros seis meses de vida de un niño supone ocho horas al día. Así que eso es una jornada laboral completa. Pero es ridículo, incluso falso, tratar de contar las horas. No creo en esta manera de ver el trabajo; en realidad no hay límites fijos entre trabajar y no trabajar. ¿Estoy trabajando si, en mi mente, doy vueltas a un problema antes de dormir? El movimiento obrero necesitaba estos límites entre trabajo y no trabajo para ganar una lucha enormemente importante por los derechos de los trabajadores. Pero separar las horas de trabajo del resto de la vida diaria es una invención muy reciente en la historia de la humanidad.
P. ¿Cree que debería considerarse la crianza y el cuidado como un trabajo remunerado?
R. No, por supuesto que no. En cambio, sí creo que deberíamos reestructurar la sociedad y desafiar la separación entre la vida doméstica y el trabajo remunerado. Lo que estamos tocando aquí es cómo se constituye una nación, cómo un Estado se define por su PIB. Y todo lo que no se contabiliza en el PIB se vuelve invisible, sin valor. Así que lo que propongo es una reforma completa del sistema financiero, donde el valor no se otorgue según si acumula riqueza o no. Desde el punto de vista de varios modelos de cálculo económico, las mujeres como grupo son, de hecho, no rentables, es decir, una pérdida para la sociedad.
P. ¿Interesa que este trabajo siga siendo invisible?
R. La familia nuclear es uno de los bloques de construcción más importantes de la economía de un país. Para mí, mantener los roles de género tradicionales es una forma de asegurar el PIB. La verdad es que no podríamos tener una sociedad capitalista sin el trabajo no remunerado de quienes cuidan, que son mayoritariamente las madres.
P. La maternidad es una experiencia muy física, especialmente en los primeros años. ¿Es “más fácil” ser padre que ser madre?
R. Realmente no tengo idea, porque nunca he intentado ser padre.
P. Menciona esa crisis de identidad que conlleva la maternidad, y que no siempre es fácil de navegar. En su caso, ¿qué la ayudó a atravesar este cambio?
R. ¡Mis amigos! Realmente debes tragarte la vergüenza y pedirles que se sienten contigo a ver Anatomía de Grey. Debemos luchar activamente contra el aislamiento de la maternidad moderna. ¡Y el arte! La literatura, el cine. Pero lo más sanador de todo fue tener a mi segundo hijo. Si algo hizo fue enseñarme muchísimo sobre la maternidad.
P. ¿Ha sido difícil exponer esa ambivalencia que parece tan inherente a la maternidad?
R. Al principio sí me resultaba difícil exponer esa ambivalencia, porque me preocupaba cómo podrían leerlo mis hijos. Pero luego entendí que esta no es una historia sobre ellos. Tengo dos hijos, y el libro se basa tanto en sus experiencias como en ninguna en particular. La novela no es autobiográfica en ese sentido; además, realicé muchas entrevistas con otros padres para mi investigación. Comprendí que esta es mi historia para contar, no la de mis hijos. Creo que, para profundizar nuestras relaciones con ellos, necesitamos encontrar el valor de hablar de estas cosas con honestidad. Escribir el libro fue como hacer un exorcismo personal, y siento que, al final, me hizo una mejor madre.
P. ¿Por qué cree que la literatura suele valorar más experiencias como la guerra o la violencia, y casi ignora algo tan universal como el nacimiento?
R. Siento que los académicos han tratado de responder esa pregunta durante décadas. ¿Por qué contamos la historia sobre nosotros mismos como lo hacemos? ¿Qué fue lo que dijo Walter Benjamin sobre el ángel de la historia? La historia es algo que mantenemos en el presente; las experiencias que el canon literario valora son las experiencias que valoramos ahora. No puedo trazar completamente en unas pocas frases el tapiz ideológico de los últimos 500 años o más. Pero si debo intentarlo, y trataré de ser breve, es porque los hombres han escrito el canon literario, y por eso han valorado experiencias tradicionalmente masculinas.
P. ¿Cree que la literatura puede influir en la evolución de los conceptos de madre y padre?
R. Por supuesto, creo que la literatura tiene la capacidad de cambiar el mundo. Lo sé porque ha cambiado el mío muchas veces.