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Unas 200 personas mueren sepultadas tras el derrumbe de una mina de coltán en Congo

Un deslizamiento de tierras a causa de las lluvias provocó el colapso de una colina en el yacimiento de Rubaya, bajo control rebelde

Más de 200 personas fallecieron este miércoles en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) tras el derrumbe de una mina de coltán. El accidente se produjo de madrugada después de que las intensas lluvias provocaran un deslizamiento de tierras y el colapso de la colina donde se encontraba una de las minas de Rubaya, aseguró este viernes a Reuters Lumumba Kamberee Muyisa, portavoz del gobernador de la provincia de ...

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Más de 200 personas fallecieron este miércoles en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) tras el derrumbe de una mina de coltán. El accidente se produjo de madrugada después de que las intensas lluvias provocaran un deslizamiento de tierras y el colapso de la colina donde se encontraba una de las minas de Rubaya, aseguró este viernes a Reuters Lumumba Kamberee Muyisa, portavoz del gobernador de la provincia de Kivu del Norte, donde se encuentra el yacimiento. La mayoría de los fallecidos son mineros artesanales, entre los que hay niños y mujeres que vendían en el mercado próximo. Además, 20 personas resultaron heridas.

“Estamos en la temporada de lluvias. El suelo es frágil. El terreno cedió mientras las víctimas estaban en el agujero”, aseguró Muyisa. La mina se encuentra a unos 50 kilómetros al noroeste de Goma, capital de Kivu del Norte. Bahati Musanga Eraston, gobernador designado por los rebeldes del M23 que ocupan buena parte de esta provincia, se trasladó al lugar del derrumbe para expresar su solidaridad con las víctimas, ordenar la evacuación de las casas que se encuentran en zona de riesgo y anunciar que asumiría los gastos sanitarios de los heridos, que se reparten entre el centro de salud de Rubaya y hospitales de Goma. El gobernador también decidió prohibir el acceso de mujeres embarazadas y niños a este tipo de explotaciones.

Mineros artesanales supervivientes relataron a los medios que habían pasado “24 horas de pesadilla” y que, dos días más tarde, aún quedaban muchas personas, vivas o muertas, sepultadas en los numerosos pozos de la mina. Este tipo de accidentes son frecuentes en la RDC. El pasado 15 de noviembre, otras 32 personas fallecieron tras un derrumbe de una mina en Kalando, en la provincia de Lualaba, al sureste del país.

La mina siniestrada este miércoles forma parte de un grupo de yacimientos situados cerca de la localidad de Rubaya del que se extraen unas mil toneladas métricas de coltán al año, la mitad de la producción de todo el país y el 15% de la producción mundial. Desde abril de 2024 este inmenso sitio minero en el que trabajan unas 10.000 personas, la mayoría de ellas sin medidas de seguridad y muchos menores de edad, se encuentra bajo el control de los rebeldes del M23.

Buena parte del coltán extraído en Rubaya y en las minas bajo control rebelde se traslada de manera ilegal hasta la vecina Ruanda y de ahí se exporta al resto del mundo, según han denunciado tanto el Gobierno congolés como Naciones Unidas. “Las evidencias muestran que existe un riesgo creciente de fraude transfronterizo, pues los minerales de Kivu del Norte, especialmente el coltán de Rubaya que controla la milicia M23, están siendo introducidos de contrabando en Ruanda”, asegura un informe de la ONU publicado el pasado verano.

Este tráfico ilícito de coltán, un mineral compuesto de columbita y tantalita crucial en la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores portátiles y coches eléctricos, supone unos ingresos de al menos 800.000 dólares mensuales para el M23, grupo rebelde de mayoría tutsi que cuenta con el apoyo militar y financiero de Ruanda en su guerra contra el Ejército del Congo. “El contrabando de minerales provenientes del este de la RDC hacia el país vecino, Ruanda, ya alcanzó niveles históricos”, dijeron los especialistas de la ONU en su informe elaborado para el Consejo de Seguridad.

El conflicto del noreste del Congo, que comenzó hace tres décadas y detrás del cual está precisamente el control de minerales estratégicos como el coltán, se intensificó a finales de 2024 cuando los rebeldes del M23, con apoyo de Ruanda, lanzaron una ofensiva en suelo congolés y lograron, meses más tarde, hacerse con el control de las ciudades de Goma y Bukavu, capitales de las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, respectivamente. Una iniciativa de paz liderada por Estados Unidos llevó a la firma de un acuerdo el pasado 4 de diciembre entre los presidentes congolés y ruandés, Félix Tshisekedi y Paul Kagame, respectivamente. Sin embargo, los combates no han cesado sobre el terreno. A cambio de su mediación, Congo y Ruanda se han comprometido a facilitar el acceso de sus recursos mineros a empresas estadounidenses.

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