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Los sindicatos cierran una masiva marcha contra Mauricio Macri con amenazas de huelga

Los gremios más duros de Argentina viajan desde todo el país para concentrarse en la Plaza de Mayo

Vista general del palco de la Marcha Federal en Plaza de Mayo.
Vista general del palco de la Marcha Federal en Plaza de Mayo. Ricardo Ceppi

El sindicalismo argentino ha dado muestras de buena salud con una masiva concentración en la Plaza de Mayo, la más numerosa que enfrentó al presidente Mauricio Macri desde su llegada al poder en diciembre. Lideradas por la Central de Trabajadores la Argentina (CTA), donde se agrupan sobre todo gremios de docentes y empleados públicos, unas 200.000 personas, según los organizadores, viajaron desde todo el país para repudiar la política económica del Gobierno. La manifestación cerró con duras críticas a Macri y amenazas de huelga general. “Hasta aquí llegó el ajuste”, dijo desde el escenario el líder de la CTA, Hugo Yasky. “Empezó la cuenta regresiva del paro nacional convocado por todas las centrales para decirle al gobierno que no va a poder con los trabajadores”, amenazó el dirigente, formado en el sindicato de los maestros.

La marcha tuvo mucho simbolismo porque se ha organizado con cinco columnas que han viajado más de 8.300 kilómetros durante los últimos días. Se le llamó Marcha Federal, agrupó a 130 gremios, partidos políticos de izquierda y organizaciones sociales (como Abuelas de Plaza de Mayo) y concluyó frente a la Casa Rosada. El simbolismo es porque la última Marcha Federal se realizó en 1994 contra Carlos Menem (1989-1999), el presidente peronista que aplicó un duro ajuste neoliberal que después de los años dorados de su mandato llegó al desastre de 2001, del que en buena parte se le responsabiliza. La sombra de aquellos años de ajuste peronista sobrevoló la convocatoria, por momentos con menciones explícitas. “No estamos igual que en la resistencia al menemismo. Hoy sabemos lo que es la solidaridad de los trabajadores”, clamó una voz desde los altoparlantes.

La convocatoria ha sido sobre todo sindical, pero hubo también presencia de kirchneristas notables, como el exvicepresidente Amado Boudou y el exjefe de Ministros de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), Juan Manuel Abal Medina. Con todo, fue evidente que la plaza superó los límites del movimiento que lidera la expresidenta. “Recién estuve reunido con los camioneros de Hugo Moyano, que fueron oposición a nuestro gobierno”, dijo a EL PAÍS Abal Medina. “Acá lo que hay es una articulación de lo que hoy es el movimiento popular en Argentina”, agregó.

La marcha ocupó la mitad de la Plaza de Mayo que deja libre el vallado que desde la crisis de 2001 separa a los manifestantes de la Casa Rosada y se extendió hacia las dos avenidas diagonales que llegan hasta la 9 de julio. La cifra total de participantes es siempre difícil de precisar, pero lo cierto es que sus organizadores lograron su objetivo. Entre las banderas destacaron las de los gremios docentes y estatales, la base de la CTA, y consignas de los grupos llegados desde el interior del país. “Viajé porque me quedé sin trabajo. Soy gasista y la construcción se paró totalmente”, dice Manuel, un hombre de 59 años que arribó a Buenos Aires desde Trelew, en la provincia patagónica de Chubut. A su lado escuchaba los discursos un estudiante de 17 años que viajó desde Entre Ríos (noreste) por “solidaridad con los que están desocupados”.

Toto Galán llegó desde el Chaco, 1.100 kilómetros al norte, para representar a los campesinos agrupados en la central Oriajhú (pobres, en guaraní). “Los pequeños productores la estamos pasando muy mal, porque este Gobierno beneficia sólo a los grandes terratenientes. Ahora apenas estamos produciendo para la subsistencia y para un pequeño excedente que nos cuesta mucho vender”, dice Galán. Un panorama similar de crisis describió César, de 29 años, empleado en un centro de salud de la municipalidad de la ciudad de Neuquén, en el suroeste petrolero del país. “En nuestra zona el problema es que todo está muy caro porque los sueldos de los gremios petroleros son muy altos. Pero los que hacemos otras cosas no tenemos cómo pagarlos”, explicó. “En Santa Fe (en el noreste agropecuario) está todo muy caro. Ya no podemos pagar ni el transporte”, agregó más tarde Natalia, una mujer de 42 años que trabaja como empleada pública en la capital de la provincia.

La marcha ha sido una demostración de fuerza de gremios con alto poder de convocatoria. Pero, en cualquier caso, poco representativos de los grupos ligados al peronismo que han liderado el sindicalismo más tradicional. Con ellos es con quién Macri ha decidido negociar. Y muestra de ello ha sido que el mismo día en que se produjo la Marcha Federal, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, se reunió con el nuevo triunvirato que dirige la Confederación General del Trabajo (CGT), la principal central argentina, recién unificada. El ministro Triaca dijo, al término del encuentro con los llamados “gordos” del sindicalismo argentino, que mantuvo con ellos un “diálogo maduro y muy profundo”. En esa reunión no se habló de huelga general.