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La otra gran elección argentina: la provincia de Buenos Aires

Si María Eugenia Vidal gana la gobernación provincial, será una estocada severa para el candidato presidencial kirchnerista

El domingo 25 de octubre, además de elegir presidente y vicepresidente de Argentina, se renuevan las dos cámaras del Congreso (la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado), y algunos gobernadores e intendentes. La otra elección crucial para Argentina, además de la presidencial, es la de la provincia de Buenos Aires, en donde vive el 38% del electorado.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires son dos entidades federales que se separaron en 1880: en la primera gobierna Mauricio Macri, el candidato presidencial de la coalición Cambiemos; en la segunda, Daniel Scioli, el candidato presidencial del kirchnerista Frente Para la Victoria. Si bien las provincias pueden establecer su propio calendario electoral por ser una república federal, las autoridades de la Provincia de Buenos Aires siempre han optado por hacerlas en la misma jornada que las nacionales, por su tamaño y arrastre.

Esta gran provincia, que tiene casi la misma superficie que Italia, viene siendo gobernada ininterrumpidamente por el Partido Justicialista desde 1987, con la rareza de que tres ex vicepresidentes fueron electos gobernadores: Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf y Daniel Scioli. Y es que siempre se vio a este distrito como el trampolín más importante para alcanzar la primera magistratura del país. Lo curioso es que, cuando ello se logró, no fue por la vía electoral. Duhalde fue elegido presidente argentino, en los inicios del atribulado 2002, por la Asamblea Legislativa.

Esta mega-provincia tiene 135 municipios, la mayoría gobernados por el peronismo kirchnerista o el disidente Frente Renovador, y una Legislatura bicameral. El grueso de la población se concentra en el conurbano bonaerense, que son los municipios que rodean a la Ciudad de Buenos Aires. Ese gigantesco conglomerado urbano mira hacia la ciudad porteña, en tanto que el resto de la provincia tiene un marcado carácter rural que se combina con la costa atlántica, de ciudades turísticas y puertos.

A principios de este año, un nutrido lote de precandidatos del kirchnerismo se había anotado para ser el sucesor de Scioli en el sillón de Dardo Rocha, pero la presidente Cristina Fernández de Kirchner pidió un “baño de humildad”, sugerencia que simplificó la competencia a dos precandidatos en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO): Aníbal Fernández y Julián Domínguez. La coalición opositora Cambiemos (PRO, UCR y Coalición Cívica) presentó una sola precandidata, María Eugenia Vidal, y la alianza UNA (de Sergio Massa y José Manuel de la Sota), al ex gobernador Felipe Solá.

La otra elección crucial para Argentina, además de la presidencial, es la de la provincia de Buenos Aires, en donde vive el 38% del electorado

Ya en los sondeos de mayo, Vidal comenzaba a figurar como la candidata que individualmente sumaba más intención de voto, y en las PASO llegó al 30%, pero los dos candidatos del Frente para la Victoria sumaron el 40%. Lo cierto es que Aníbal Fernández, el ganador de la primaria del kirchnerismo, despierta más rechazos que apoyos, y además hay denuncias que lo vinculan con el tráfico ilegal de efedrina.

Verborrágico y sofista, es el Jefe de Gabinete de Ministros de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. La contraposición con María Eugenia Vidal es abismal: es una politóloga de 42 años, vicejefa de la Ciudad de Buenos Aires y exministra de Desarrollo Social de Macri. Es de costumbres sencillas, excelente comunicadora y ya ha recorrido toda la provincia durante los dos últimos años. Toda una rareza en la política argentina, más poblada por figuras de la farándula y abundante en escándalos personales, y que quizás por eso ha logrado despertar una ola de simpatía por su candidatura.

La interrogante es si ganará el voto del espanto o el de la pereza. El espanto ante la eventual gobernación de Aníbal Fernández, que la coalición Cambiemos viene explotando sistemáticamente. O el voto de la pereza, que significaría que los bonaerenses, en el cuarto oscuro, voten la boleta completa desde Scioli hasta el intendente, pasando por el gobernador. Y es que la boleta en la provincia tiene siete cuerpos –más de un metro de largo- que pueden cortarse y hacer combinaciones de partidos. Aníbal Fernández confía en ese voto de arrastre y en la estructura política de los intendentes, los “barones del conurbano”, que se sostiene por un entramado de clientelismo, empleo público y planes sociales.

Sea cual fuere el resultado, Cambiemos ganaría unos sesenta intendentes municipales y concejales en todos las ciudades y pueblos, y tendrá nutridas bancadas de legisladores provinciales y diputados nacionales. Aun cuando no llegara a ganar la gobernación, el PRO se expandirá en la provincia más poblada y podrá conformar una sólida estructura partidaria que le permitirá competir en próximos comicios. Esta ha sido la gran fragilidad de PRO en esta elección, a tal punto que había perdido su personería política y debió registrarse nuevamente con el nombre de Propuesta Federal para el Cambio.

Vidal, por su lado, no sólo emerge como una figura de gran alcance y proyección, sino que se instala como uno de las líderes de PRO hacia el futuro. Su principal socio, la Unión Cívica Radical, recuperará el terreno perdido tras casi tres decenios en la oposición en la provincia, en donde hoy cuenta con catorce intendentes.

Si Daniel Scioli tuviera que pasar a una segunda vuelta con Mauricio Macri en noviembre, y María Eugenia Vidal ganara la gobernación provincial, sería una estocada severa para el candidato presidencial kirchnerista. Porque no es fácil seguir en carrera hacia la presidencia, cuando su sucesor en la gobernación será una opositora.

Ricardo López Göttig es Doctor en Historia y Consejero Académico de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina). Twitter @lopezgottig