La reforma ideal que no fue

Varios expertos apuntan a que los cambios no son de tanto calado como necesita el país

Un buen intento que no resuelve los problemas. Desde que Peña Nieto presentó su propuesta de reforma fiscal, muchas han sido las opiniones que apuntaban a que las medidas no serían tan eficaces como se prometía. Ahora que el paquete inicial ha sido modificado y ha dejado fuera varios puntos, como solicitaban los dos principales partidos de la oposición, la sensación de algunos expertos sigue siendo la misma: esta no es la reforma fiscal que necesita el país.

“El gran tema pendiente e...

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Un buen intento que no resuelve los problemas. Desde que Peña Nieto presentó su propuesta de reforma fiscal, muchas han sido las opiniones que apuntaban a que las medidas no serían tan eficaces como se prometía. Ahora que el paquete inicial ha sido modificado y ha dejado fuera varios puntos, como solicitaban los dos principales partidos de la oposición, la sensación de algunos expertos sigue siendo la misma: esta no es la reforma fiscal que necesita el país.

“El gran tema pendiente es que se trata de una reforma de una envergadura muy pequeña. No resuelve la necesidad de recursos para la idea que prometió inicialmente Peña Nieto de un sistema de asistencia universal.”, explica el economista Gerardo Esquivel.

La idea de que es una reforma que solo se centra en los ingresos pero que no tiene correlación con los altos gastos del Gobierno ha resonado durante la discusión del último mes. Era el eje central del informe ¿Cómo gastar mejor para crecer? Estudio sobre gasto público frente a una inminente reforma fiscal, que publicó el Laboratorio de Políticas Públicas Ethos en colaboración con el investigador mexicanos Carlos Elizondo Mayer-Serra.

El texto ponía de manifiesto que actualmente México solo puede mantener el alto nivel de gasto público gracias a los impuestos que ingresa de Pemex. “Las medidas propuestas no resuelven el dilema fiscal que se va a plantear cuando se produzca la reforma energética”, añade Esquivel. Según adelantó Peña Nieto en septiembre, su intención reducir de un 79% al 60% la carga fiscal a la petrolera. El cambio de régimen fiscal supondría recaudar unos 53.000 millones de pesos menos en impuestos.

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“Existe el reclamo social de que hay gastos del Gobierno que podrían reducirse antes de centrarse en subir impuestos”, explica Luis de la Calle. Además, el economista cree que la reforma tiene un espíritu meramente recaudatorio y que no fomenta la competitividad. El gasto público en México ha aumentado un 56% entre 2000 y 2012, casi a un ritmo del 5% cada año, muy por encima del crecimiento de la economía.

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Tres son las principales lagunas que De la Calle encuentra en la reforma; tres “oportunidades perdidas”: aumentar la recaudación de los municipios a través del impuesto del predial - para bienes inmuebles -, más impuestos al consumo y un planteamiento que premie suficientemente el empleo formal. En su propuesta inicial, Peña Nieto anunció un plan para incentivar el paso a la economía formal del 60% de los trabajadores mexicanos que se calcula que se emplean en la informalidad. La creación de un seguro de desempleo es otra de las apuestas con las que el Gobierno mexicano pretende animar a los trabajadores a pagar impuestos.

“Asistimos al desperdicio de una oportunidad histórica de hacer una reforma a fondo en México”, argumenta Gerardo Esquivel. El investigador del Colegio de México defiende que se ha desaprovechado un escenario propicio para hacer un verdadero cambio: por un lado, existía el consenso generalizado de que era necesaria una reforma. Por otro, un marco inmejorable de diálogo, el del Pacto por México. “Es difícil que se den unas condiciones tan buenas en otro momento”.

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