La contención de la migración irregular pactada con Europa siembra el Magreb de tragedias ocultas
Dos decenas de migrantes mueren en accidentes agravados por la hipotermia y la inanición en la frontera entre Marruecos y Argelia, país que expulsa a miles de extranjeros sin papeles hacia el desierto. El bloqueo de las costas de Túnez fuerza el éxodo de subsaharianos mediante “retorno voluntario” a sus países
La entrada de migrantes irregulares en la Unión Europea cayó un 26% en 2025, hasta situarse en cerca de 178.000, el nivel más bajo en cuatro años según Frontex, gracias al refuerzo de las fronteras exteriores y las “asociaciones internacionales eficaces”. ...
La entrada de migrantes irregulares en la Unión Europea cayó un 26% en 2025, hasta situarse en cerca de 178.000, el nivel más bajo en cuatro años según Frontex, gracias al refuerzo de las fronteras exteriores y las “asociaciones internacionales eficaces”. El desplome fue aún mayor en España, con casi 38.000 entradas detectadas, un 42,6% menos que en 2024, de acuerdo con la información del Ministerio del Interior. La contención y el control de los flujos migratorios irregulares, pactada en los últimos años por Bruselas con países de la ribera sur del Mediterráneo a cambio de ayudas económicas, está surtiendo efecto en la reducción de las cifras de accesos ilegales. Pero tras los datos oficiales se esconden tragedias cotidianas, recientemente desveladas por organizaciones internacionales y humanitarias, que sufren en el Magreb miles de migrantes subsaharianos de paso hacia Europa. Son expulsados al desierto, deportados hacia sus lugares de origen o mueren de hambre y frío sin recibir auxilio tras despeñarse en pasos fronterizos clandestinos.
Durante el último mes del año pasado han sido localizados 21 cadáveres de subsaharianos en el bosque de Ras Asfur, en la frontera entre Marruecos y Argelia, 27 kilómetros al sur de Uchda. Una investigación publicada esta misma semana por la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) detalla que en la morgue de esa ciudad se ha efectuado la autopsia de 14 cuerpos. Eran de dos nacionales de Camerún, y de un ciudadano de Níger. Del resto se ignora aún la nacionalidad.
La mayoría de los cadáveres presentaban heridas graves, lo que apunta a que sufrieron un accidente al intentar atravesar de noche una zona montañosa sin senderos señalizados. La Fiscalía de Yerada (60 kilómetros al sur de Uchda) ordenó la inhumación de otros seis cuerpos, entre ellos los de dos guineanos, y la toma de muestras de ADN para la identificación de todos los fallecidos ante una eventual repatriación de sus restos. Han sido enterrados en tumbas sin nombre, son solo un número.
La sección de la AMDH de Uchda sostiene que se trata del mayor balance de víctimas sin papeles en una ruta migratoria terrestre registrado en el Mediterráneo en 2025. En los intentos de entrada irregular en Ceuta se contabilizaron el año pasado 46 fallecidos, tres en tentativas de salto a la valla que rodea la ciudad autónoma española norteafricana, y el resto de migrantes que trataban de acceder a nado sorteado los espigones que marcan la frontera marítima.
En un primer comunicado de la organización humanitaria marroquí, se indicó el mes pasado que al menos nueve subsaharianos (siete hombres y dos mujeres) habían muerto por hipotermia o inanición tras no haber sido auxiliados cuando sufrieron una caída en la ruta fronteriza. Ras Asfur era considerado hasta hace poco un paso marginal de migración irregular, pero el despliegue de fuerzas de seguridad a ambos lados de la frontera, cerrada desde 1994 y fuertemente militarizada desde que Marruecos y Argelia rompieron relaciones diplomáticas en 2021, parece haber desviado los flujos migratorios. La multiplicación de vallas con concertinas, fosos y cámaras de vigilancia en el área de Uchda ha sido el detonante.
Tras la reducción de entradas irregulares desde la costa atlántica magrebí hacia las islas Canarias, un 63% menos que en 2024, grupos de inmigrantes están atravesando esa misma frontera en sentido contrario para tratar de abordar una patera en las costas argelinas con destino a las islas Baleares, que ha experimentado un repunte de llegadas de sin papeles del 24,5%. Las redadas nocturnas de las fuerzas de seguridad marroquíes y argelinas en el accidentado paso de Ras Asfur contribuyen, según la AMDH, a la sucesión de accidentes de los subsaharianos, que sufren caídas desde alturas considerables en una región que no cuenta con equipos sanitarios y de rescate.
Hambre y frío en la frontera
“El hambre y el frío no han sido las causas directas de esta tragedia, pero constituyen factores que han agravado la situación de los heridos”, precisa la investigación de la organización humanitaria marroquí. “Marruecos se ha adherido a las políticas europeas de contención de la migración asumiendo el papel de gendarme y haciendo caso omiso de sus compromisos internacionales sobre respeto a los derechos de los migrantes y demandantes de asilo”, remacha el informe sobre una tragedia cuyo balance puede agravarse en el invierno más frío y lluvioso de los últimos años en el norte de África.
En los ocho primeros meses de 2025 se frustraron más de 42.000 intentos (más de 78.000 el año anterior) de migración irregular desde Marruecos hacia Europa. Los equipos de salvamento marroquíes rescataron a 9.500 migrantes (18.600 en 2024) en el mar, según los últimos datos publicados por las autoridades de Rabat. En el país norteafricano viven decenas de miles de subsaharianos, de los que unos 50.000 fueron regularizados entre 2014 y 2017 para obtener residencia legal.
Los que intentan proseguir el camino hacia las pateras que zarpan de los 3.500 kilómetros de costas bajo control de Rabat o hacia las vallas de Ceuta y Melilla son periódicamente expulsados por las fuerzas de seguridad y trasladados hacia poblaciones del interior. Asociaciones de la sociedad civil como el Grupo Antirracista de Acompañamiento y Defensa de los Migrantes o la Red de Periodistas sobre Migraciones han alertado de la proliferación de mensajes de odio contra los subsaharianos en las redes sociales inspirados en el discurso de la extrema derecha europea.
34.000 deportados al desierto de Níger
Argelia expulsó en 2025 a más de 34.000 migrantes subsaharianos hacia Níger, según ha informado esta misma semana la ONG Alarm Phone Sahara (APS), una cifra récord en la que se incluyen mujeres y menores.
En 2024 fueron 31.000 los deportados y 26.000 en 2023. Los nigerinos son enviados “a gran escala y siempre de forma precaria” en autobuses a través del desierto hasta la ciudad fronteriza de Assamaka (en Níger, 2.340 kilómetros al sur de Argel y donde APS mantiene observadores), pero los nacionales de otros países africanos –la mayoría de los migrantes expulsados–, son depositados en la zona desértica que la separa el puesto fronterizo argelino de In Guezzan, 38 kilómetros al norte, en condiciones de abandono en un clima extremo.
Argelia, Túnez y Libia formaron en 2024 una alianza magrebí por la que se reforzó su coordinación para el control de los migrantes que se dirigen hacia Europa a través de las rutas transaharianas desde los países del Sahel. En 2023, Médicos Sin Fronteras (MSF) denunció que miles de deportados desde Argelia fueron abandonados en el desierto del norte de Níger. Quedaron varados sin acceso a un refugio ni atención sanitaria, y sin que nadie se ocupara de cubrir sus necesidades más básicas.
El centro de salud de Assamaka, asistido por MSF, se vio desbordado por la llegada de miles de subsaharianos que acudían en busca de un lugar seguro. Las temperaturas pueden alcanzar en ese punto los 48º, por lo que muchos buscan refugio del calor incluso en zonas insalubres. Tras los acuerdos suscritos por la UE para frenar los flujos migratorios desde el Magreb mediante el refuerzo de los controles policiales, las rutas que siguen los migrantes por fronteras desérticas y montañosas se tornan cada vez más peligrosas.
Casi nadie quiere emigrar por Túnez
Aunque la cifra de entradas irregulares en Italia se ha mantenido estable en torno a las 66.000 en 2025, la ruta tunecina ha caído un 75% respecto al año anterior pasando de más de 14.000 a cerca de 3.500. Si la comparación se hace con el mismo periodo de 2023, el descenso es aún mayor, pues la cifra ascendió a 74.400. El Gobierno de Túnez ha sellado en gran parte sus costas desde la firma del acuerdo migratorio que suscribió con la Unión Europea hace tres años, por el que recibió 105 millones de euros para reforzar el control de sus fronteras, y otros 150 millones en ayuda para desarrollo económico, así como otros 900 millones en un programa de apoyo distribuido en los años siguientes.
Después de haber disuelto el Parlamento para gobernar por decreto desde 2021 y tras desencadenar una ola de detenciones de disidentes, el presidente tunecino, Kais Said, arremetió en 2023 contra los inmigrantes irregulares subsaharianos. “Existe un plan criminal diseñado desde principios de siglo dirigido a alterar la composición demográfica de Túnez para transformarlo en un simple país africano sin vinculación con el mundo árabe e islámico”, aseguró en un discurso de tinte xenófobo. Cientos de africanos negros han sido expulsados desde entonces hacia zonas desérticas en las fronteras con Libia y Argelia.
La Organización Internacional de Migraciones acaba de reconocer que nunca había recibido tantas peticiones de migrantes para salir de Túnez y regresar a sus países de origen. En 2025 organizó el “retorno voluntario” de cerca de 9.000 subsaharianos, un 28% más que el año anterior y el triple que en 2023. La agencia de la ONU para las migraciones señala que las repatriaciones se llevaron a cabo junto a un plan de reintegración en 27 países de origen mediante vuelos chárter y de línea. El programa de retorno voluntario cuenta con el apoyo financiero de la Unión Europea, así como de varios gobiernos europeos, entre ellos el de Italia.
Organizaciones humanitarias tunecinas estiman que quedan alrededor de 20.000 migrantes viviendo en situación irregular en Túnez. La ONG de ayuda a los trabajadores extranjeros Fórum Tunecino para los Derechos Económicos y Sociales considera que ante la situación de acoso que sufren los subsaharianos en el país magrebí el programa de regreso auspiciado por la ONU equivale a un “retorno forzoso”.