Ni el más fuerte ni el más apto: la compasión resultó ser nuestra verdadera ventaja evolutiva
Hoy sabemos que la diversidad genética es, precisamente, la clave para la supervivencia de nuestra especie. Pero la sombra de la pureza racial sigue pesando en políticas sociales y económicas
Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue el primero que propuso que las teorías darwinistas debían aplicarse a la especie humana. Acuñó el término “eugenesia” en 1883. Consistía en hacer todas las acciones necesarias para mejorar las cualidades raciales de la especie humana. Si se po...
Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue el primero que propuso que las teorías darwinistas debían aplicarse a la especie humana. Acuñó el término “eugenesia” en 1883. Consistía en hacer todas las acciones necesarias para mejorar las cualidades raciales de la especie humana. Si se podía mejorar el ganado mediante la cría selectiva, lo mismo debía hacerse con la especie humana, impidiendo la reproducción de los menos aptos, según criterios intelectuales o psicológicos. Darwin siempre fue muy crítico con estas ideas. En su obra El origen del hombre (1871) reconoce que en la sociedad moderna se permite la supervivencia de personas con enfermedades o discapacidades hereditarias, pero la compasión también era un producto evolutivo y no debía ser ignorada.
El camino abierto por Galton fue seguido por otros autores, como Herbert Spencer, filósofo británico que acuñó la expresión “supervivencia del más apto” y que fue uno de los primeros en aplicar la lógica de la evolución a la economía y la organización social. Para Spencer, el libre mercado era el mejor campo de batalla para que los individuos compitieran y “triunfaran” los mejores. Así, acuñó el término de darwinismo social. Las políticas eugenésicas se aplicaron en forma de esterilizaciones forzadas que se practicaron en diferentes países europeos y americanos durante los siglos XIX y XX. El darwinismo social de Spencer se convirtió en un potente argumento político, utilizado para derogar políticas sociales y justificar el capitalismo más desregulado. Esto también influyó en el pensamiento colonialista y racista que veía a ciertas poblaciones como inferiores o “menos evolucionadas”. En su forma más extrema, se convirtió en el sustrato ideológico de las políticas de pureza racial del Tercer Reich, con las consecuencias conocidas por todos.
El pequeño detalle que olvidan los que apoyan estas políticas es que el darwinismo social es a la teoría darwinista de la evolución lo que la astrología a la astronomía. Pura pseudociencia. Para empezar, parte de diferentes falacias argumentales. La primera es que el que propugna la teoría siempre se reserva el derecho de decidir qué criterios deben seguirse para seleccionar quién se considera apto y quién no. Curiosamente, ellos siempre se encuentran en el grupo de los aptos. Otro problema es que parece que no han entendido cómo funciona la evolución biológica. Que una especie se adapte mejor no quiere decir que sea una especie superior, sino que ha tenido la característica adecuada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. En muchos casos esta mejor adaptación es pan para hoy y hambre para mañana.
Es muy frecuente que una especie que triunfa en un determinado ecosistema, cuando aparece un cambio mínimo, su ventaja se convierta en desventaja y sea la primera en extinguirse. Hoy sabemos que la diversidad genética aumenta la capacidad de supervivencia de cualquier especie porque siempre tienes más caracteres en el acervo genético y nunca sabes cuál vas a necesitar. No olvidemos que el azar juega un papel importante en la evolución. Aplicar políticas eugenésicas y de darwinismo social en un contexto determinado no llevará a una raza mejorada, sino probablemente a una raza endogámica con poca variabilidad genética incapaz de adaptarse a nuevas condiciones. La aplicación de políticas eugenésicas llevaría a la acumulación de enfermedades genéticas, como sucede en las poblaciones con poca variabilidad.
Y la estocada definitiva es el error de partida de considerar que la especie humana es como una especie animal más. Esto no es cierto. Gracias al desarrollo de la cultura y la tecnología, la especie humana ha adquirido la capacidad de cambiar el entorno en su propio beneficio y ya no está sujeta a las leyes de la selección natural. El Homo sapiens, una especie africana que vivía en la sabana, ha sido capaz de colonizar todos los ecosistemas. Este es el verdadero triunfo. Superar el marco de la selección natural. No tener que correr delante de los leones te permite pararte a pensar e inventar la rueda. Que tu tribu no te deje abandonado cuando tienes una enfermedad como la esclerosis múltiple te permite descubrir la radiación de Hawking y entender cómo funciona el universo. Como dijo Darwin, la compasión y el cuidar unos de otros es el verdadero triunfo de la especie humana, y lo que nos permite sobrevivir.
El argumento de los más productivos
— La base científica del darwinismo social ha sido ampliamente desacreditada, pero su influencia sigue muy presente. Es fácil encontrar sus postulados en algunas doctrinas económicas ultraliberales que presentan el mercado como una selva donde solo sobreviven los “más productivos”, o en políticas donde las ayudas sociales son vistas como algo “antinatural”.
— Cuando se sugieren políticas que discriminan a determinados grupos bajo la excusa de “estar menos preparados”, vemos el rostro de Galton y Spencer. Incluso en libros de autoayuda que utilizan argumentos de “biología del éxito” que reciclan los tópicos del darwinismo social.