La tendencia que circula en las redes sociales contra las ‘apps’ de citas: siéntate en el bar
La ‘influencer’ neoyorquina Laurie Cooper se hace viral en Instagram y Tiktok por defender el ligue cara a cara y fuera de las pantallas
Orientarse a través de mapas digitales, realizar transferencias desde la banca electrónica, informarse en buscadores web… Los hábitos digitales son recientes, pero están tan incorporados que el regreso a su versión analógica resulta inconcebible. Incluso algo tan ancestral como ligar puede parecer ya inseparable de las pantallas. Pero un fenómeno reciente en redes sugiere que todavía no está todo dicho.
Algunos meses atrás se hizo viral un vídeo con el título Siéntate en el bar septiembre ...
Orientarse a través de mapas digitales, realizar transferencias desde la banca electrónica, informarse en buscadores web… Los hábitos digitales son recientes, pero están tan incorporados que el regreso a su versión analógica resulta inconcebible. Incluso algo tan ancestral como ligar puede parecer ya inseparable de las pantallas. Pero un fenómeno reciente en redes sugiere que todavía no está todo dicho.
Algunos meses atrás se hizo viral un vídeo con el título Siéntate en el bar septiembre en el que una influencer propone cerrar las aplicaciones de citas e ir a los bares. El clip de TikTok superó las 415.000 visualizaciones y llegó a medios como The New York Times y The Washington Post.
Continuó la tendencia en una serie: Fuera de las apps octubre, Nunca en casa noviembre, Haz algo diciembre y Solo sigue adelante enero. Agente inmobiliaria, ferviente amante de Nueva York, recomendadora de sitios de ocio y consejera de bienestar, en su descripción de Instagram se define: “Soy un icono, todo el mundo sabe quién soy”.
En el vídeo viral sugiere algunos bares a los que ir en Nueva York. Además de las buenas repercusiones y agradecimientos, en los comentarios las espectadoras piden ediciones con sitios en Los Ángeles, Florida, Filadelfia, Boston, Baltimore, Londres, Durham… Las dudas aparecieron en Reddit, donde los usuarios preguntan qué ponerse, si llevar o no un libro, cómo comenzar un diálogo y si funciona realmente. La idea, que sorprendió a los mileniales y zetas, pone a prueba las habilidades para ligar en directo, que muchos no tienen o han perdido con las aplicaciones.
Jessica Carbino (Filadelfia, 39 años), doctora en Sociología y exlíder de investigación en Tinder y Bumble, cree que la tendencia puede funcionar como un mecanismo aceptado socialmente para conocerse cara a cara, que, a diferencia del pasado, hoy puede ser tabú. Afirma: “Podría resultar bienvenido y deseable”. Para ella, el mundo de las citas está plagado de decepción. “Es una actividad orientada a un objetivo: conocer a alguien. Cuando no se alcanza el objetivo, las personas suelen sentirse muy desmoralizadas”. A diferencia de los encuentros orgánicos (aquellos espontáneos), las aplicaciones permiten cuantificar los resultados, explica. Si alguien mira 50 perfiles, hace match con 10, habla con 5, sale con 2 y le gusta 1, esa persona tendrá un panorama real de cuáles son sus posibilidades. En cambio, alguien que no utiliza este mecanismo no puede hacer el ejercicio.
A pesar de —o gracias a— que no puede cuantificarse el éxito de los ligues cara a cara, Laurie Cooper argumenta que las mejores cosas suceden en los sitios, y no en las aplicaciones: “Cuando estáis con los teléfonos, siempre buscáis algo nuevo. Pero os perdéis lo mejor, que está justo frente a vuestros ojos”, explica en otro vídeo. Sus consejos van a contracorriente de las tendencias de bienestar que circulan en redes sociales, que ponen el foco en variaciones de mindfulness, la alimentación sana y el autocuidado. No cree en los “placeres culpables”, sino en darse los gustos siempre; defiende que no hay que contarles a las amigas las discusiones con la pareja: “Porque luego tú le perdonas, pero ellas no”; y confiesa su secreto para la eterna juventud: salir los siete días de la semana.
En España, el segundo país con más bares por habitante de Europa, las interacciones con extraños son cada vez menos frecuentes. Aún quedan muchos tragos por tomar, conversaciones afiladas por entablarse y números de teléfono por intercambiar para revertir la mala fama de hablar con desconocidos en las barras de los bares.