Cartas al director

Sistema público sanitario

Es indudable que nuestro sistema público sanitario tiene defectos, como toda obra humana, pero es conveniente señalar lo siguiente: es el mejor sistema del mundo, medido con cualquier índice: calidad / precio, mortalidad, morbilidad, etcétera, el que se quiera; por eso, y porque es nuestro, debemos defenderlo con todas nuestras fuerzas, incluidas las críticas a su funcionamiento. Pero el artículo de su periódico del día 3 de marzo pasado Errores que matan no va en esa dirección, sino todo lo contrario. Una forma de defender este sistema es decir cosas que jamás salen en ningún periódico...

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Es indudable que nuestro sistema público sanitario tiene defectos, como toda obra humana, pero es conveniente señalar lo siguiente: es el mejor sistema del mundo, medido con cualquier índice: calidad / precio, mortalidad, morbilidad, etcétera, el que se quiera; por eso, y porque es nuestro, debemos defenderlo con todas nuestras fuerzas, incluidas las críticas a su funcionamiento. Pero el artículo de su periódico del día 3 de marzo pasado Errores que matan no va en esa dirección, sino todo lo contrario. Una forma de defender este sistema es decir cosas que jamás salen en ningún periódico, salvo alguna carta de agradecimiento de algún usuario.El lastre mayor de nuestro sistema sanitario es la parasitación que hace la medicina privada del mismo, dejándole los capítulos gravosos de sus pólizas y, lo que es peor, el abuso, desviación y entorpecimiento que practican los médicos que compatibilizan la medicina pública y la privada: estudien ustedes por qué un señor que gana en su consulta privada dos millones al mes sigue con su puesto público por 250.000, cómo y por qué se alargan las listas de espera, cómo se saltan, y por qué en los últimos 20 años se multiplicaron las consultas médicas, pero hay los mismos radiólogos, analistas o patólogos.

Cuando se hable de errores médicos se debería añadir alguna referencia estadística, comparando con el índice de errores de cualquier otra profesión, y cuando se anime a judicializar la medicina se debe tener en cuenta que no será nunca el médico quien pague la factura, sino el paciente. El médico seguirá cobrando el sueldo necesario para sobrevivir; si aumentan sus riesgos profesionales, tendrá que añadir los costes a su factura; pues si lo sacara de su sueldo debería dejar el oficio. Con lo cual será el paciente el que tenga una asistencia mucho más cara y peor, entre otras cosas porque al encarecerse quedarán fuera muchos pacientes... Este análisis tiene una fácil comprobación comparando los costes sanitarios en nuestro país, o en Europa, con el sistema americano.-

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