Crítica:

André Previn y la fabulosa Sinfónica de Londres

Orquesta Sinfónica de Londres. Director: André Previn.

Concierto op. 47 (Sibelius) y Sinfonía nº 10 (Shostakovitch). Cho Liang Lin, violín. Teatro Real, 16, 17 y 18 de enero de 1981
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Afortunadamente, en los últimos años no es raro el poder escuchar a la Sinfónica de Londres en Madrid. Sin embargo, en cada ocasión se renueva nuestra capacidad de asombro ante la calidad del conjunto, uno de los mejores del mundo, sin lugar a dudas. Dentro del ciclo de la Orquesta Nacional de España, la London Symphony ha actuado el pasado fin de semana bajo la dir...

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Orquesta Sinfónica de Londres. Director: André Previn.

Concierto op. 47 (Sibelius) y Sinfonía nº 10 (Shostakovitch). Cho Liang Lin, violín. Teatro Real, 16, 17 y 18 de enero de 1981.

Afortunadamente, en los últimos años no es raro el poder escuchar a la Sinfónica de Londres en Madrid. Sin embargo, en cada ocasión se renueva nuestra capacidad de asombro ante la calidad del conjunto, uno de los mejores del mundo, sin lugar a dudas. Dentro del ciclo de la Orquesta Nacional de España, la London Symphony ha actuado el pasado fin de semana bajo la dirección de André Previn y con un programa un tanto oscuro que, sin duda, no pareció serlo tanto en la fabulosa interpretación de los músicos londinenses.En la primera parte volvimos a escuchar al violinista Cho Liang Lin, solista del Concierto de Sibelius; conocíamos ya su versión de esta obra, pero si siempre es grato volver a paladear lo bueno, resulta aún más comprobar que las altísimas condiciones violinísticas del joven virtuoso se enriquecen progresivamente con más y más musicalidad: ni un exceso, ni una gota de amaneramiento, ni el más mínimo recreo en la propia facilidad de ejecución. Todo fue música.

André Previn es un director singular, en el más exacto sentido del término. Su técnica es precisamente eso: suya. Viéndole, uno se pregunta si la misma daría tan buenos resultados ante una orquesta de categoría inferior, a las que él habitualmente maneja, porque la flexibilidad de su gesto deriva a menudo hacia un dibujar la música que no se atiene al rigor del compás ni al señalamiento imperativo de las entradas, lo que exige un grado de compenetración artística entre los atriles y el podio que no siempre se da en tan alta medida.

El hecho cierto es que los sinfónicos de Londres tocan con Previn no sólo maravillosamente bien, sino además con generosa entrega.

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