Ana Alonso y su regreso asombroso de bronce abrazada al recuerdo de su padre y al ejemplo de Lindsey Vonn
La esquiadora de montaña andaluza, inesperada tercera en la prueba de esprint, busca una nueva medalla junto a Oriol Cardona en el relevo mixto, apenas cuatro meses después de romperse la rodilla tras ser atropellada por un coche
La granadina Ana Alonso ha conquistado este jueves la medalla de bronce en la final olímpica de esquí de montaña, la modalidad en la que España llegaba a los Juegos de Milán-Cortina como una de las grandes favoritas, tanto en las pruebas individuales como en el relevo mixto del próximo sábado. Alonso, de 31 años, ha sido tercera (3m10s22) en una final a la que se había clasificado con el tercer mejor tiempo y en unas condiciones físicas lejos del estado ideal. Hace solo cuatro meses, a comienzos de octubre, la granadina se rompió los ligamentos de la rodilla izquierda tras ser atropellada mientras entrenaba en bicicleta en Sierra Nevada. La medalla de oro ha sido para la suiza Marianne Fatton (2m59s77) y la plata para una de las grandes favoritas, la francesa Emily Harrop (3m2s15).
Para algunos atletas, participar en unos Juegos supone una pesadilla de ansiedad, miedo al fracaso y angustia. Hombres y mujeres roídos por demonios internos que no logran extraer ni un segundo de disfrute de su paso por el mayor escaparate mundial de su disciplina. La esquiadora de montaña Alonso, en cambio, vio tan lejos, tan imposible, llegar a Milán-Cortina que supo transformar la idea de pérdida en un motor de trabajo e ilusión. El fruto de su tesón es una medalla de bronce inesperada, ilusionante y casi mágica en la prueba de esprint. En meta, ante los micrófonos de TVE, apenas tuvo margen para agradecer a todo su equipo “el apoyo de tantos meses”, porque, dice, “ha sido superduro. Siempre dije que yo no iba a cambiar mi objetivo, que iba a luchar por el oro del relevo y la medalla al sprint”.
Justo antes de ponerse la medalla al cuello, recordó cómo la gente le miraba “como que estaba loca” por pensar que iba a poder estar en los Juegos Olímpicos de Invierno tras sufrir aquel gravísimo accidente. “Pensaba que ni siquiera iba a llegar a los Juegos, pero aquí está la primera medalla”, apuntó. “Ha sido super duro, de verdad, pero es que he tenido muchísima gente que ha creído en mí; como mi familia, los fisios, mi entrenador, mi psicólogo, la nutricionista y todo el equipo de España. Ha sido increíble, he sentido mucha fuerza. A pesar del camino que he tenido, me siento muy afortunada”, concluyó.
Alonso, habitualmente comedida, saludaba a la cámara y al público antes de afrontar su serie en cuartos de final y, tres minutos después, al clasificarse, hacía girar uno de sus bastones para dejar claro que la fiesta seguía, que cumplir el sueño de una vida debía ser una experiencia de pura felicidad.
Atrás quedaron los pensamientos oscuros, el vacío imaginado de unos Juegos perdidos por un estúpido accidente en bicicleta. Atropellada por un coche en Sierra Nevada el pasado 24 de septiembre, la atleta andaluza sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior y del lateral interno de la rodilla izquierda. La noticia causó un seísmo en el equipo español. Oriol Cardona, su pareja en los relevos mixtos, lo vivió como si se tratase de una pesadilla: “El accidente de Ana Alonso fue un golpe muy fuerte, una pena. Fue un contratiempo muy serio. Pero Ana ha trabajado muy, muy duro, ha gestionado muy bien el asunto porque tiene la cabeza muy bien amueblada y ha demostrado que es especial para llegar a los Juegos. Me puse muy contento cuando hizo octava en la vertical de Courchevel”, recuerda. Cardona nunca dejó de combinar entrenamientos específicos para la corta y explosiva prueba de esprint y para la más larga y variada cita con los relevos: “Confío mucho en Ana”, resume.
Nadie confiaba más en Ana que la propia Ana, dotada de una inusual capacidad de sacrificio.
La rodilla rota de Alonso movilizó a un gran equipo con su entrenador Javier Argüelles a la cabeza, el traumatólogo José Luis Martín Alguacil y un equipo de fisioterapeutas que diseñaron un plan de cinco semanas de trabajo cauto para que se regenerase su ligamento lateral interno. Además, el seleccionador nacional Toti Martín le concedió toda su confianza, convencido de que sería capaz de llegar a los Juegos. Después, se entregó a un trabajo ingente para fortalecer y estabilizar toda la pierna. Su enorme base aeróbica trabajada durante el verano le permitió no perder del todo su estado de forma. Si está en los Juegos es porque era competitiva, condición que ella misma se impuso para viajar a Italia.
Todos estos meses, la granadina se ha aferrado a dos figuras: el ejemplo de Lindsey Vonn y el recuerdo de su padre, que falleció en 2010 en un accidente de montaña mientras guiaba a un grupo de senderistas. Amante también del esquí alpino, Alonso es una fiel seguidora de Vonn, quien en 2018 compitió en los Juegos tras romperse el cruzado y en Milán-Cortina lo hizo nueve días después de romperse de nuevo el mismo ligamento. La esquiadora de Granada se acordaba este jueves de todos aquellos que le miraban “como que estaba loca” por pensar que iba a poder estar en los Juegos Olímpicos de Invierno, crítica que también escuchó Vonn.
Alonso nunca pudo descubrir el skimo de la mano de su padre, uno de los pioneros del esquí de montaña en Sierra Nevada, así que fueron los amigos de su progenitor quienes la arroparon para que saliese de las pistas balizadas y abrazase el medio natural. Descubrió que poco a nada tiene que ver el esquí de montaña con el alpino y se enganchó a la combinación de esfuerzo, gestión de los descensos y conocimiento de la alta montaña. Fue algo así como regresar a las raíces de su infancia: las primeras montañas escaladas en una mochila, encaramada sobre la espalda de su padre para regresar sin él, autónoma y con esquís, a los mismos escenarios. El cierre de un círculo.
Irónicamente, el esquí de montaña se estrena en unos Juegos enclaustrado en una pista artificial, peaje inicialmente incómodo pero asumido ya a la espera de que en los Juegos de 2030 la prueba se acerque mucho más a la esencia de esta disciplina.
Ya en Bormio, en la prueba de esprint, Alonso lució sin la aparatosa rodillera que mostró en las dos pasadas citas de la Copa del Mundo. Y superó sin errores un trazado en el que la ultrafavorita Emily Harrop no supo gestionar el peso inmenso de la presión. Fue segunda, tras la suiza Marianne Fatton, una que también le ganó en el Mundial. Hasta la fecha, Harrop, de lejos la gran dominadora de la disciplina, solo ha fallado en las citas claves y espera, ahora, alcanzar el oro junto a Thibaut Anselmet en la prueba de relevos mixtos del sábado. Oriol Cardona y Ana Alonso se han ganado el derecho a frustrar los planes de Francia.