‘Franz Kafka’: un ‘biopic’ incoherente y añejo
La nueva película de Agnieszka Holland solo deja al espectador la posibilidad de la curiosidad y, a los conocedores de su obra, el desconcierto de la oportunidad perdida
Las películas libres, las que no se pliegan a las estructuras ni a las convenciones de la narración y la visualización, pueden encontrar dos caminos: uno, singular y apasionante, fluido pese a su riesgo, que es el de la verdadera transgresión; y otro, extraño y abstruso, pedregoso por falta de coherencia, que es el de la confusión. En su biografía cinematográfica sobre el escritor Franz Kafka, la veterana directora ...
Las películas libres, las que no se pliegan a las estructuras ni a las convenciones de la narración y la visualización, pueden encontrar dos caminos: uno, singular y apasionante, fluido pese a su riesgo, que es el de la verdadera transgresión; y otro, extraño y abstruso, pedregoso por falta de coherencia, que es el de la confusión. En su biografía cinematográfica sobre el escritor Franz Kafka, la veterana directora Agnieszka Holland ha elegido la rotunda libertad narrativa. Pero le ha salido un totum revolutum sin cohesión alguna. Franz Kafka solo deja al espectador la posibilidad de la curiosidad y, a los más conocedores de su obra, el desconcierto de la oportunidad perdida. Algo que ya le ocurrió a la cineasta polaca en su pretenciosa y rimbombante traslación al cine del amor entre los poetas Paul Verlaine y Arthur Rimbaud: aquella Vidas al límite, hoy olvidada, protagonizada por David Thewlis y Leonardo DiCaprio en 1995.
Holland aglutina en Franz Kafka los momentos de biopic tradicional, desde niño hasta su muerte, con unas chocantes secuencias ambientadas en nuestra contemporaneidad, que pretenden criticar la conversión actual del fabuloso escritor en poco más que un mito para el banal turismo de masas. Así, a una secuencia de enfrentamiento con su violento y autoritario padre, de complicidad con sus hermanas, de tedio en su trabajo de oficinista o de amores pusilánimes con sus mujeres, le puede seguir otra en la que un grupo de visitantes compra tazas de desayuno con su efigie o come en un local llamado Kafka Burger. Todo ello, sin orden ni concierto, y con una puesta en escena basada en continuos zooms hacia dentro y hacia fuera, y en incomprensibles declaraciones a cámara de los personajes, en formato de momificado falso documental.
En el devenir natural del escritor, entre las secuencias más cotidianas, Holland introduce diversos guiños a los lectores de su obra. Pero incluso estos vienen atados por el envoltorio del capricho: igual se verbalizan textos de La condena, que se pone a su padre matando un bicho de un manotazo en medio de una comida. Y, en este sentido, la aparición en la película de su cuento En la colonia penitenciaria es paradigmática. La directora elige introducir una larga representación de uno de los momentos climáticos del relato, en medio de una lectura pública que degenera en polémica social debido a la brutalidad del texto. Pero ni el caos provocado por el escritor en un salón repleto de curiosos que huyen de la sala dando portazos, ni mucho menos la añeja visualización del cuento, encuentran la menor fascinación. Se supone que en ese largo pasaje Holland pretende establecer una especie de símil al confrontar la tan sofisticada como absurda máquina de la tortura que ejecuta a los condenados sin juicio en una exótica isla, con el desprecio sufrido por el escritor por parte de sus oyentes. Pero incluso esto viene no solo cogido con pinzas, sino expuesto del modo más burdo.
No hay coherencia ni identidad estilística en la película de Holland. Y únicamente en la parte final su trabajo toma aire gracias a la frescura de la mítica Milena, a la que Kafka amó y escribió, tanto por parte del personaje en sí como por la actriz que la interpreta: Jenovéfa Voková. En la descripción de esa bonita pero compleja relación había un camino, quizá académico y algo plúmbeo, pero desde luego más entretenido e interesante que el resto. Sin embargo, en ese último trecho de la historia, la directora se empeña de nuevo en hacerse notar con su extravagante puesta en escena, y filma el acto sexual entre ambos del modo más inexplicable que pueda imaginarse: traicionando el punto de vista y convirtiendo un instante especial en una imagen horrenda.
Michael Haneke demostró en 1997 con su meritoria versión de El castillo que se podía llevar a Kafka al cine —incluso con una novela en principio tan poco adaptable a la gran pantalla como esta—, y que además se podía ser kafkiano: en el fondo y en las formas. Holland no se ha acercado lo más mínimo al concepto de lo kafkiano ni tratando su propia vida.
Franz Kafka
Dirección: Agnieszka Holland.
Intérpretes: Ida Weiss, Peter Kurth, Jenovéfa Voková, Katharina Stark.
Género: biografía. República Checa, 2025.
Duración: 127 minutos.
Estreno: 30 de enero.