¿Quién elige a los novilleros en Las Ventas?
La joven terna estuvo muy por debajo de la bien presentada, brava y noble novillada de Couto de Fornilhos
La pregunta del título, claro está, es retórica. ¿Quién va a elegir a los novilleros en Las Ventas? La empresa, naturalmente. Mejor sería que los señores empresarios contaran cuáles son los criterios que tienen en cuenta para anunciar a un novillero. Con el cartel de hoy se han equivocado, sin duda alguna.
Los tres novilleros de esta tarde, a la vista de lo visto en el ruedo, carecen de las condiciones mínimas para hacer el paseíllo en esta plaza. Los tres estuvieron muy por debajo de la bien presentada, brava y noble novillada del hierro portugués de Couto de Fornilhos. Cuatro de los novillos lidiados, los tres primeros y el sexto, fueron aplaudidos en el arrastre; todos, en mayor o menor grado, cumplieron en varas, y los que recibieron el beneplácito del público ofrecieron un juego en la muleta con la calidad suficiente para que sus lidiadores triunfaran.
Pero no fue así. Es más, dos de ellos, Cristian González y Juan Alberto Torrijos, se dieron cada uno de ellos una vuelta al ruedo por su cuenta, y sin que nadie se las hubiera pedido; el primero, además, tras la muerte del quinto novillo, salió a saludar al tercio entre la sorpresa silenciosa del respetable.
No es serio. Alguien debe contar a estos toreros que hay unas normas escritas y no escritas que hay que respetar; todo lo demás es un ridículo inaceptable que hay que evitar, máxime en una plaza de la categoría de Las Ventas.
Ninguno de los tres demostró poseer capacidad técnica ni con el capote ni con la muleta; carentes de ilusión y sin voluntad alguna de pelea. Los tres capotearon de cualquier manera, con la excepción, quizá, de unas airosas verónicas de Torrijos al tercero y un quite por caleserinas de Arruza a ese mismo novillo. Ahí acabó el toreo de capote.
Destemplado, superficial y sin atisbo de mando Arruza en el que abrió plaza, con un trasteo insustancial, y la impresión manifiesta de un deseo urgente de quitarse a su oponente de encima cuanto antes; y aburrió con el parado cuarto.
González abusó de las tandas muy cortas, despegado siempre y dejándose enganchar la muleta con frecuencia. No llegó a decir nada ni ante el más que potable novillo segundo ni ante el más aburrido quinto; pero nada de ello impidió que se diera su vuelta al ruedo y saliera a saludar al tercio.
Torrijos mostró un talante alegre en el inicio de muleta al tercero, pero pronto destacó más su falta de mando y de reposo, lo que impidió que aprovechara las buenas condiciones del animal. Le recetó, eso sí, una buena estocada, que fue lo mejor de su actuación. Y muy deficiente, sin paliativos, ante el sexto. A pesar del griterío de un grupo de partidarios, los muletazos surgieron sin hondura y despegados, lo que acabó de emborronar una tarde que, con toda seguridad, a los tres no se les olvidará.
Y vuelve la pregunta: ¿qué criterios se utilizan para anunciar a los novilleros? Hoy, un craso error de la empresa.
Couto de Fornilhos / Arruza, González, Torrijos
Novillos de Couto de Fornilhos, bien presentados, cumplidores en varas -el primero hizo una buena pelea en el caballo-, nobles y encastados. Los tres primeros y el sexto fueron aplaudidos en el arrastre.
Mario Arruza: -aviso- casi entera tendida (silencio); pinchazo y estocada contraria (silencio).
Cristian González: estocada perpendicular y atravesada -aviso- (vuelta al ruedo por su cuenta); estocada baja (sale a saludar sin que nadie se lo pida).
Juan Alberto Torrijos: estocada (vuelta al ruedo por su cuenta); pinchazo y estocada algo caída (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 3 de mayo. Tercer y último festejo de la Feria de la Comunidad. Un cuarto de entrada (5.623 espectadores, según la empresa).