Quevedo: “Me encanta ser rico, pero a la vez es una condena”
El joven más escuchado de España, catapultado a leyenda internacional a los 20 años con su ‘Quédate’ junto a Bizarrap, reflexiona sobre la “depresión de caballo” por la que pasó, el reguetón o la fama. “Comparto piso de la manera más pija que hay, no quiero estar solo en Madrid”, confiesa
“Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo”, canta Pedro Quevedo (Madrid, 24 años) en El Baifo, su disco más esperado. Nada más publicarse ha reventado, de nuevo, las listas de éxitos. Las 10 canciones ...
“Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo”, canta Pedro Quevedo (Madrid, 24 años) en El Baifo, su disco más esperado. Nada más publicarse ha reventado, de nuevo, las listas de éxitos. Las 10 canciones más escuchadas de España en Spotify son suyas. Pero son solo números: “Mi meta es ver que pasa el tiempo y se quedan”. Su vida también es una dualidad constante. Es Pedro y Quevedo. El chico normal que aparece y desaparece de su casa, en Canarias, y la estrella internacional. El veinteañero al que la fama arrastró y “el puto amo” de sus canciones. El arrogante y el humilde. El introvertido y el dulce. El artista que mira a los ojos y contesta, sin vacilaciones ni cortapisas, a todas las preguntas de la entrevista y el que llega acunado por su mánager, un jefe de prensa, un videógrafo, una estilista y una maquilladora.
Pregunta. ¿Se merece tanto éxito?
Respuesta. Es demasiado. No he hecho nada tan bueno en la vida. No sé si soy mejor o peor que nadie, pero soy diferente. Por mi voz, por cómo escribo o por la intuición sobre mi carrera, lo que quiero que pase con la música en las islas y lo que puedo aportar.
P. En El Baifo habla mucho de la gestión del dinero y de la fama y, sin embargo, los chavales de todas las edades conectan con sus canciones.
R. Son cosas lejanas para ellos, pero las perciben cerca porque lo que cuento es real. Mi público ha crecido conmigo y me ha visto evolucionar estos cuatro años. Dejo ver mucho a Pedro en las letras de Quevedo.
Tuve una depresión de caballo, ahora lo primero es mi estabilidad”
P. El carro, la mansión, el Cartier, los viajes, los diamantes... ¿Y esa obsesión por alardear?
R. Lo urbano y el reguetón nacen de la calle y de la necesidad. Hablan de la superación desde el mensaje de “antes no tenía nada y ahora lo tengo todo”. De eso hablan mis canciones. Hay días en los que me encanta ser rico, pero otras veces lo veo como una condena. Y todo es cierto dentro de mí.
P. ¿Una condena?
R. Puede sonar arrogante, pero es verdad. Yo vivía persiguiendo el dinero, como lo hacen mi familia y mis amigos, y de repente, me salto ese juego superrápido y dejo de saber qué me mueve en la vida. Todo el mundo tiene que levantarse el lunes para echarse unas copas con su dinerillo el sábado. Yo no tengo por qué levantarme. Ni el lunes, ni el martes, ni el mes que viene ni el siguiente. Es complicado. Me costó mucho entenderlo, tuve que buscar otras motivaciones, pero ¡benditos problemas!
P. ¿Qué se ha perdido este tiempo?
R. Maduré demasiado rápido. De repente, me vi girando por el mundo, lejos de mis colegas, con una economía distinta... Pero ahora me he vuelto un pibito de nuevo. Y disfruto de quedar en un banco, decir cuatro tonterías e irme a mi casa.
P. ¿Sigue todavía compartiendo piso?
R. Comparto piso de la manera más pija que hay [se ríe]. Con amigos y porque me da la gana. Es una decisión. No me gusta estar solo en Madrid.
Mi voz es la polla, aunque no soy el artista con mejor técnica vocal"
P. En su mejor momento profesional, decidió parar. ¿Cayó en una depresión?
R. Cien por cien. Tuve una depresión de caballo, seguro. En esa época no fui al psicólogo ni una vez, pero me costaba salir de la cama, encontrar motivaciones, tuve pensamientos muy negativos. Me encerré mucho en mí mismo. Preferí tragar, y una vez cumplí los compromisos, me quité de en medio para arreglarme.
P. Qué madurez...
R. ¿Tú crees? Yo creo que es inmadurez porque me puse lo último. Ahora si me siento mal, lo primero es mi salud y mi estabilidad.
P. No se lo pueden permitir todos los artistas.
R. Estar a expensas del ritmo que marca la industria y no poder elegir tus tiempos es un putadón. También, las redes son desmoralizadoras. Si no estás ready te comen.
No hay que confundir hablar de sexo explícito en las canciones con la falta de respeto"
P. ¿Cómo lleva las críticas a su voz ronca?
R. Para mí, mi voz es la polla, aunque no soy la persona con mejor técnica vocal del mundo. Mi proyecto no va de eso. A mí me critican por todo, aunque comparado con los otros discos, este es el que más críticas buenas he visto de primeras.
P. ¿Le falta prestigio social al género urbano?
R. Vivimos en la época de la superioridad moral. Cada género tiene su complejidad. El urbano nace para no agradar al pijo de turno que dice que otra música es mejor.
P. Igual las letras en las que parece que se cosifica a la mujer no contribuyen...
R. Hay una diferencia muy grande entre hablar de cosas explícitas y pasarse de la raya y no respetar la integridad de las mujeres. No hay que confundir hablar de sexo con la falta de respeto. En mi caso, siento que lo hago desde un contexto de consentimiento y respeto, pero entiendo que haya debate. Me gusta que se vayan perdiendo los clichés.
Voy con mi gorrita por el centro de Madrid y no me para nadie”
P. ¿Siente que los hombres de la generación Z se están radicalizando contra el feminismo?
R. Bueno, gente tonta siempre va a haber y en internet se dicen muchas tonterías. Mi generación ha crecido muy concienciada. Vengo de un colegio de curas y en mi curso había dos chicas trans.
P. Me da la sensación de que le cuesta ir de gira.
R. Soy un artista de estudio. Antes de esta última, en la que disfruté mucho, me costaba porque yo nunca soñé llenar estadios de pequeño. Me ha costado pillarle el tranquillo y disfrutar de los viajes. Llega un momento en el que no puedes más. Son muchos meses lejos de casa, pero luego vuelvo y merece la pena.
P. ¿Aquí puede hacer vida normal como en su isla?
R. Sí. Voy con mi gorrita por el centro de Madrid y no me para nadie. La gente pasa de mi culo. No sé si mi cara es tan reconocible. Aunque una vez me paran sí es locura.
Para los canarios no hay forma de empezar en la música allí"
P. ¿Por qué se le han caído ídolos?
R. Los grandes artistas son personas reales con movidas, con problemas con su familia, con intranquilidades... Eso me rayó al conocerlos. Pensaba que cuando llegas a ese punto de éxito el resto de tu vida va sobre ruedas. Por eso no quiero que nadie me idealice. Un día puedo ser el tío más lindo del mundo y otro día tengo un mal día, me pides una foto y te digo que me dejes en paz. Y no quiero que pienses que soy antipático o que se te caiga un ídolo. Quiero ser normal.
P. ¿Sin internet, un chaval de Canarias que hacía canciones en su habitación podría haber llegado tan lejos?
R. No, imposible. Allí hay muy pocos medios. No hay forma de empezar en la música. Para los canarios por estar lejos y mal conectados es todo mucho más complicado... Yo soy un fenómeno de internet.
P. Y, sin embargo, siente que le debe todo a su tierra.
R. Sí, porque en Canarias la gente me escuchaba cuando no sonaba en ningún sitio más. Lo peor es que no era porque fuese tan bueno sino porque era un chico de allí que se lo estaba currando.
P. ¿Qué le diría?
R. No pares, [le brillan los ojos], no te dejes amedrentar por nada, no te plantees dejar tu sueño por esas mierdas, un poquito más adelante está lo bueno. Aunque igual todavía soy demasiado joven para darle un consejo a ese Pedro.