Micah P Hinson, el aullido salvaje de un músico errante

El artista llena la sala Heineken en la presentación de su nuevo disco, 'Red Empire Orchestra'

Sale Micah fumando un cigarro. La gorra de siempre, camisa de cuadros, gafas gordas de pasta, el viejo micro. Ya no lleva a su chica pegada a la guitarra, ahora toca el piano. O lo intenta. "Ella es mi Red Empire Orchestra". Mike a la batería.

Silencio en la abarrotada sala. Close your eyes. De la calma al aullido. Across the sea. Los mismos de siempre son ahora diferentes. La felicidad cambia, muta, transforma. Las nuevas composiciones tienen ahora un punto optimista, pero las antiguas también suenan diferentes. Micah ha crecido, incluso bromea con el vídeo de su pedida d...

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Sale Micah fumando un cigarro. La gorra de siempre, camisa de cuadros, gafas gordas de pasta, el viejo micro. Ya no lleva a su chica pegada a la guitarra, ahora toca el piano. O lo intenta. "Ella es mi Red Empire Orchestra". Mike a la batería.

Silencio en la abarrotada sala. Close your eyes. De la calma al aullido. Across the sea. Los mismos de siempre son ahora diferentes. La felicidad cambia, muta, transforma. Las nuevas composiciones tienen ahora un punto optimista, pero las antiguas también suenan diferentes. Micah ha crecido, incluso bromea con el vídeo de su pedida de mano que circula por Internet.

Va cambiando de la guitarra eléctrica a la acústica. El carga con todo el sonido de una banda de tres piezas. Otra vez le robaron la guitarra. Ahora se lo toma mejor. Beneath the rose arranca la primera gran ovación de la noche. Constantly, Cant see. Digging a grave comienza salvaje con esa voz de Hinson que hiela y calienta. Cercana, poderosa, macerada en barrica tejana.

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Ya va teniendo cancionero suficiente para que sus conciertos sean como un viaje por la carretera de su vida desmotada a lo Tarantino. Mick deja la batería por el banjo. Otro cigarro. Aunque se podían comprar entradas en la puerta la sala está llena. Lunes noche. Hay expectación. Muchos de los que están entre el público le han visto crecer, evolucionar, avanzar. Del Micah que salió de un tiempo en la sombra, al músico con cuatro discos en la calle. De un angustiado crónico con letras de lamentos y confesiones, a un enamorado joven que cruza el mundo con su musa sentada al piano.

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