Doñana tiene ya un cuarto de su extensión bajo agua
La borrasca ‘Leonardo’ inunda 34.000 hectáreas de la reserva, la inmensa mayoría en la marisma, con 1,8 metros sobre el nivel del mar
Doñana tiene ya el 26% de su superficie bajo agua. Estas intensas lluvias han inundado 34.000 de sus 128.000 hectáreas, la inmensa mayoría en la enorme marisma en su zona sureste, aunque también hay otras 4.000 cuerpos de agua de todos los tamaños, según los últimos datos recopilados por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC). “La inundación avanza rápido: a un ritmo de 15 centímetros en los últimos dos días en la marisma, cuya cota ha alcanzado los 1,8 metros sobre el nivel del mar, y que empieza a conectarse en una única lámina de agua de 30.000 hectáreas”, ha avanzado este jueves Javier Bustamante, vicedirector de la EBD. “Se espera superar los 1,9 metros sobre el nivel del mar en toda la marisma en las próximas 24 horas”, precisa este científico sobre el súbito efecto de la borrasca Leonardo en la marisma, inundada al 88% de su extensión.
El agua, que cubre ya un cuarto de toda la reserva entre el parque nacional y el natural, beneficia sobre todo a las aves migratorias, cuya reproducción se multiplicará este invierno y primavera, pero también a los mamíferos, anfibios, reptiles y toda la vegetación que hace única esta enorme lengua de tierra protegida entre Huelva, Sevilla y Cádiz. “A Doñana esta agua le viene muy bien”, ha resumido el director de la Estación Biológica, Eloy Revilla, que sin embargo marca cautela sobre la recuperación del acuífero, sobreexplotado durante décadas por la agricultura y el turismo. “El efecto sobre las aguas subterráneas no lo sabemos aún. El agua tarda en moverse bajo tierra, es como una nocilla derretida”, ilustra.
El año pasado fue el que registró más lluvias de la última década, con 675 litros por metro cuadrado, pero el cuarto de los últimos 20 años y el undécimo de toda la serie histórica, que comenzó en 1978. Sin embargo, 2025 tuvo “una distribución irregular y eventos torrenciales”, con el 42% de todas esas precipitaciones recogidas en el pasado mes de marzo. La marisma estuvo 157 días inundada, el doble de días que el promedio del histórico (79). Solo el 53% de los 4.000 humedales se inundaron durante el ciclo, pero el 65% lo hizo por debajo de la media de la serie histórica, ha detallado la bióloga Rocío Fernández en la presentación del informe anual de seguimiento de la biodiversidad del parque. Las mayores lagunas, como la de Santa Olalla, evitaron secarse en verano, un buen signo dados los precedentes de los años anteriores, cuando sí se quedó sin agua.
El acuífero de Doñana mantiene una tendencia desfavorable pese a las lluvias registradas el año pasado, ya que la mayoría de sus zonas están en un estado de “descenso significativo”, según el informe de control oficial de las aguas subterráneas hecho por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), avanzado el pasado noviembre y que no incluye las últimas lluvias.
En la fauna de Doñana sobresalen las aves invernantes, al alza tras la vuelta de las lluvias copiosas los últimos años: este enero se registraron 271.779 ejemplares, un dato que casi duplica los 178.907 del año pasado, y que cuadriplicó la cifra anterior de 2024, cuando se contabilizaron 43.989 individuos. “Mejora los datos de temporadas precedentes, pero la cifra es aún baja”, subraya Bustamante. El ánsar común, una especie emblemática de Doñana, marcó este año su mínimo histórico con apenas 3.500 ejemplares, y tras encadenar cuatro años consecutivos de récords negativos. El pato cuchara es la especie más abundante, con 59.785 individuos según el conteo de los investigadores, seguida del rabudo europeo con 22.090 ejemplares. Ambas anátidas invernantes aumentaron sus poblaciones en 2025 respecto a 2024. El año pasado el 85% de las aves acuáticas creció en parejas reproductores, pero visto con perspectiva, en el largo plazo de 20 años el 74% de las especies están en declive en un periodo marcado por una degradación hidrológica en Doñana.
En cuanto a los mamíferos, el conejo, una especie clave que nutre a especies vitales como el lince ibérico, ha aumentado su población ligeramente (0,43 conejos por kilómetro cuadrado a 0,30 en 2024), pese a que sus ejemplares siguen “en mínimos históricos desde la irrupción de la nueva variante de la enfermedad hemorrágica vírica”, destaca el informe. La liebre también sigue a la baja como en años anteriores, ya que no se ha recuperado de la irrupción de la mixomatosis en 2018. Mientras la población de ciervos disminuyó en 2025, la de jabalís aumentó.
Algunos de los 11 anfibios presentes en la reserva como el sapo corredor han tenido una explosión reproductiva y otros como el gallipato se han recuperado en la marisma tras las intensas precipitaciones. Entre los peces autóctonos, siguen en situación crítica la anguila, lisa y lubina en la marisma y la colmilleja en las lagunas. El salinete reapareció el pasado septiembre tras años sin detectarse. Los biólogos vieron 27 especies de mariposas y 14 de polillas diurnas, aunque la abundancia de mariposas estuvo entre las más bajas de la serie histórica, destacó Fernández. El año pasado se registraron cinco especies de reptiles, con la salamanquesa común y la lagartija colirroja presentes sobre todo en las dunas. Sin embargo, el lagarto ocelado sigue sin detectarse a través del trabajo de campo y las cámaras repartidas por el parque.
Por último y a pesar de las lluvias, la situación de los galápagos ―leproso y europeo― ha seguido empeorando, dadas las sequías recurrentes. Entre las especies invasoras, el cangrejo rojo americano destaca como la especie exótica más frecuente entre los macroinvertebrados, con un 75% de prevalencia, seguido de la jaiba azul y el caracol de agua dulce.
Al norte de Doñana está la franja pirítica de Huelva, con múltiples explotaciones mineras y que estos días vigilan sus balsas de residuos, que han recibido enormes aportes de agua y pone a prueba sus muros de resistencia. “Cada vez llueve más intensamente. Las balsas siempre suponen un riesgo y hay que ser ambiciosos para reducir y restaurar esas escombreras”, ha alertado Revilla. El río de lodos tóxicos que bajó por el Guadiamar en 1998 tras romperse un muro de la mina de Aznalcóllar se logró frenar a las puertas de Doñana.