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Los chimpancés dan positivo en el control de alcoholemia: como una o dos copas al día

Los científicos realizaron pruebas de orina a 20 ejemplares salvajes y confirmaron que al menos 17 de ellos ingerían una cantidad significativa de alcohol comiendo deliberadamente frutas muy maduras

Uno de los chimpancés del parque nacional de Kibali come los dulces frutos del caimito africano, del que son capaces de tomar 4,5 kilogramos al día. Los más maduros son ricos en etanol.Foto: In On Media | Vídeo: EPV

Del 15 al 21 de agosto del 2025, el primatólogo de la Universidad de California en Berkeley, Aleksey Maro, se levantó cada día aún de noche para ponerse debajo de árboles del parque nacional de Kibale (Uganda) y esperar a que orinaran los chimpancés que había ramas arriba. A veces usaba una bolsa de plástico para recoger la orina. Otras, juntaba varias hojas para crear una especie de acequia que la canalizara. Y las menos, tuvo suerte y alguno de los primates bajó al suelo nada más desperezarse para subirse a un tronco, orinando a un lado y defecando al otro. El afán científico de Maro, cuyos resultados han sido publicados en Biology Letters, ha servido para demostrar que los Pan troglodytes, como los humanos, consumen cantidades significativas de alcohol.

Maro, dirigido por el profesor Robert Dudley, también de Berkeley, ya demostró el año pasado que los chimpancés de dos comunidades de sendos parques nacionales tomaban el equivalente de dos o tres cañas al día. Para descubrirlo, analizaron centenares de frutas de una veintena de frutales de especies diferentes en las selvas de Kibale y Taï (Costa de Marfil), donde viven grupos de dos subespecies distintas, la oriental (Pan troglodytes schweinfurthii) y la occidental (P. t. verus). Observaron su querencia por ingerir frutas muy maduras, con una concentración media de etanol del 0,31%. Pero les faltaba confirmar la presencia de alcohol en su organismo tras comérselas.

Para demostrarlo, durante aquella semana de 2025, Maro, nada más recoger las muestras de orina, regresaba al campamento base para someterlas a dos test de orina estándar. Son los mismos que se comercializan y se usan en programas de desintoxicación o para confirmar la abstinencia en determinadas profesiones de riesgo. Lo que miden estos ensayos es la presencia de etilglucurónido (EtG), un metabolito que se produce cuando el etanol llega al hígado escondido en la sangre. A diferencia del alcohol sanguíneo, que dura unas horas y se ve influido por otros factores, como la ingesta de comida, la concentración de EtG permanece en la orina durante días (y mucho más tiempo en uñas y cabello).

De los veinte chimpancés sometidos al control de alcoholemia, 17 dieron positivo, superando el umbral establecido por uno de los test en 300 nanogramos por mililitro. A estos positivos los volvieron a someter a una segunda prueba, más exigente. En esta vieron que diez de las muestras superaban los 500 ng/ml. En humanos, un nivel similar se produce tras un consumo moderado de alcohol, de una a dos copas, en las 24 horas previas. Según los autores del estudio, se esperarían niveles similares en un chimpancé que hubiera pasado la mañana engullendo fruta ligeramente fermentada.

“Debo decir que los humanos y los chimpancés consumen alcohol de diferentes maneras, lo cual es importante para la forma en que lo absorben”, aclara Maro. El metabolito EtG se produce en el hígado, representando en torno al 1% del metabolismo del etanol, “por lo que es cierto que es proporcional a la cantidad que bebes”, añade. Pero destaca que ambos primates no consumen el etanol igual: “Cuando el alcohol se consume como líquido rápidamente dentro de los 15 minutos, viaja más allá del estómago hacia el intestino delgado sin impedimentos”. Mientras tanto, los chimpancés consumen fruta a lo largo del día. ”El alcohol se mezcla con pulpa de fruta semisólida, permanece en el estómago durante más tiempo y se absorbe más lentamente. Por esta razón, creo que los chimpancés necesitarían más alcohol para superar el mismo límite", completa.

Para Maro, lo más importante de su trabajo es que, por primera vez, “hemos encontrado pruebas fisiológicas generalizadas del consumo de alcohol por parte de los chimpancés”. Y añade: “Si existía alguna duda sobre la hipótesis del mono borracho —que hay suficiente alcohol en el ambiente para que los animales experimenten el alcohol de forma análoga a la de los humanos—, ha sido despejada“, añade en una nota. Maro se refiere a una idea que planteó Dudley, el autor sénior del estudio, a comienzos de siglo. Años más tarde, el profesor publicó un libro que provocó más de una polémica. El libro The Drunken Monkey: Why We Drink and Abuse Alcohol (algo así como El mono borracho: Por qué bebemos y abusamos del alcohol) plantea las raíces evolutivas del consumo de alcohol.

En la obra, por ejemplo, se recuerda que los primates eran fundamentalmente frugívoros y detectar las frutas con mayor poder calórico era clave y aquí los volátiles como el etanol fueron claves. En una especie de relación simbiótica, los frutos envían un mensaje de que son ricos en calorías para que sus consumidores se los coman y así dispersen sus semillas, como, por ejemplo, se ha demostrado ya en los elefantes. Como recordaba hace años Dudley, el problema actual con el alcohol sería cuestión de dosis: “En comparación con la relativamente alta disponibilidad en el Neolítico, acrecentada con la destilación [descubierta hace solo un milenio], nuestra exposición histórica a los bajos niveles de la fruta habría sido demasiado baja, produciéndose un desajuste entre nuestra exposición evolutiva y la disponibilidad ambiental”.

Con el nuevo trabajo, Dudley se acerca a la confirmación de su hipótesis: “Hemos confirmado la presencia de etanol en la fruta y, con el nuevo estudio de la orina, demostramos que lo están metabolizando”, destaca Dudley en un correo. Es decir, si humanos y primates disponen de la enzima necesaria para metabolizar el alcohol, esto implica que la heredaron de un ancestro común. Y ambos linajes se separaron hace entre cinco y siete millones de años. Pero a su teoría le falta una prueba que sería la definitiva: “Aún no sabemos si prefieren frutas con mayor concentración de etanol, ya que no es posible medir la fruta recién consumida”, recuerda. Sin embargo, ya están trabajando en métodos indirectos para evaluar si existe alguna preferencia por las frutas con etanol frente a las que no.

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