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La corrupción que rodea al Gobierno de Milei llega al Congreso argentino

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, deberá responder preguntas sobre el incremento de su patrimonio y el rumbo de una economía encallada

Javier Milei en el Congreso de Argentina, el 1 de marzo.Agustin Marcarian (REUTERS)

El jefe de Gabinete argentino, Manuel Adorni, se ha convertido en un lastre para Javier Milei. Los viajes de lujo que hizo con su familia y las propiedades compradas desde que entró al Gobierno están bajo investigación judicial y han hundido su imagen, que es la peor de todos los ministros: lo desaprueban siete de cada diez argentinos. Su continuidad en el cargo pese a las sospechas de enriquecimiento ilícito arrastra a la baja también la popularidad del presidente, que ha caído un 12% en el último mes, según el Índice de confianza de la Universidad Torcuato di Tella. Pero Milei ha dejado claro que no sacrificará a uno de sus hombres más cercanos y de los pocos que goza de la confianza del Jefe, como el mandatario llama a su hermana, Karina Milei. Lo demostrarán de nuevo este miércoles: ambos estarán presentes en el Congreso cuando Adorni dé su informe de gestión.

Será una prueba de fuego. La oposición lo espera con el cuchillo entre los dientes para someterlo a una dura interpelación. Le preguntarán por su crecimiento patrimonial, pero también por otros escándalos de corrupción que golpean al Gobierno y sobre el rumbo de una economía que da señales de haber encallado. El aumento sostenido de la inflación en los últimos meses merma de nuevo los salarios, el desempleo está en su valor más alto desde finales de la pandemia y en febrero la economía cayó un 2,1% interanual y rompió una racha de crecimiento.

Adorni fue el portavoz presidencial del Gobierno en la primera mitad de mandato de Milei y se ganó el apodo de “domador de periodistas” por las respuestas punzantes que daba en las ruedas de prensa en la Casa Rosada. Su reacción pública ha sido mucho más torpe desde que salió a la luz que su mujer, Betina Angeletti, había viajado con la comitiva presidencial a Estados Unidos en marzo.

“Yo venía una semana a Nueva York a deslomarme”, fueron las primeras palabras que usó para justificar la compañía de su esposa en el viaje. Esa expresión corrió como la pólvora. “Deslomado” se hizo meme en las redes, pintada en las calles e incluso canción improvisada en el metro de Buenos Aires por los raperos que piden palabras a quienes viajan.

Desde entonces, Adorni ha quedado atrapado en un torbellino de revelaciones periodísticas e investigaciones judiciales que no cesa. Tampoco le salió bien la rueda de prensa que dio hace un mes. Se fue de forma apresurada tras haberse negado a dar explicaciones sobre quién pagó el viaje con avión privado que hizo a Uruguay y las aparentes inconsistencias entre su elevado nivel de vida y sus ingresos y volvió a ser motivo de críticas y burlas generalizadas. La aparición de nuevos gastos y la declaración de testigos que lo complican lo ha mantenido casi a diario en la portada de los medios.

Adorni ha preparado a fondo la comparecencia ante el Congreso. Brindará un discurso inicial y después responderá preguntas. La oposición busca exponerlo sin caer en provocaciones que justifiquen una retirada prematura del recinto. Con Milei entre el público, pedirán explicaciones por la “moral como política de Estado” que pregonó el presidente en su discurso de apertura del año legislativo, el pasado 1 de marzo. Al presidente, que fue portero en su adolescencia, le faltan manos para parar todos los escándalos de corrupción que le llegan.

Las causas judiciales que investigan a Adorni son las que más han calado entre la sociedad argentina. Es fácil sospechar que algo no cierra cuando una persona que en 2023 pagaba un traje de poco más de 500 dólares en 12 plazos —como cuenta Clarín— al año siguiente, con un sueldo estatal de 2.500 dólares mensuales, paga en efectivo casi 15.000 dólares en billetes de avión y alojamiento para viajar con la familia a la isla caribeña de Aruba. Las dudas se amontonan al saber que, desde que llegó al Gobierno, Adorni se ha comprado dos propiedades —un departamento de 200 metros cuadrados en Buenos Aires y una casa en un barrio cerrado a 80 kilómetros de la ciudad— con generosos préstamos concedidos por jubiladas y policías.

Son causas llamativas, pero no las únicas ni las más graves relacionadas con el Gobierno. La justicia mantiene abierta la investigación por la criptomoneda $Libra que Milei difundió en sus redes el 14 de febrero de 2025 y que dejó un tendal de damnificados cuando su precio se desplomó en cuestión de minutos. También avanza la causa que intenta esclarecer si se pagaron sobornos y sobreprecios en las compras de medicamentos para la Agencia nacional de discapacidad (Andis).

En la última semana, Milei despidió al secretario de Coordinación de Infraestructura del Ministerio de Economía, Carlos Frugoni, tras conocerse que tenía menos siete propiedades y dos sociedades comerciales en Estados Unidos sin declarar. El responsable del fisco argentino, Andrés Vázquez, también está en la cuerda floja. La justicia investiga la presunta “omisión maliciosa” en su declaración jurada de tres lujosas residencias en Miami valoradas en más de 2,1 millones de dólares.

Las hipótesis sobre por qué Milei sostiene a su jefe de Gabinete cuando ha echado a otros por sospechas similares son múltiples por lo inusual del caso. Adorni ocupa un cargo considerado un pararrayos presidencial. Si estalla una crisis, suele volar. Milei lo hizo también: despidió a Nicolás Posse a los cinco meses y a su sucesor, Guillermo Francos, cuando se acercaba al ecuador de su mandato. La diferencia, arriesgan quienes han pasado tiempo cerca del mandatario, es menos racional que emocional.

Adorni es una de las personas que lo acompañó desde el primer día y de las pocas en las que los hermanos Milei tienen una confianza sin fisuras. El presidente se niega a entregar a Adorni porque cree que sería un trofeo para una prensa que desprecia y a la que acaba de cerrar las puertas de la Casa Rosada. No tiene figuras propias de peso con quién reemplazarlo. Y piensa que, si cae su jefe de Gabinete, será una señal de debilidad tanto interna como externa y después irán a por él.

Confía, por el contrario, en que Adorni salga airoso de la prueba en el Congreso. De mínima, le permitiría ganar tiempo. Si en los próximos meses la economía se reactiva, es probable que baje el descontento social y las causas por presunta corrupción pierdan relevancia. De lo contrario, mantener a su jefe de Gabinete será cada vez más arriesgado.

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