Ir al contenido

Un informe revela un escándalo de abusos en la Iglesia católica de EE UU con más de 300 víctimas

La fiscalía de Rhode Island denuncia que la diócesis de Providence ocultó los casos de violencia sexual de 75 sacerdotes a menores durante 75 años y califica los hechos de “abominables y asombrosos”

La catedral de los Santos Pedro y Pablo, sede de la diócesis de Providence.Charles Krupa (AP)

El escándalo de pederastia en la diócesis de Boston, que dio lugar a la primera gran investigación sobre los sistemáticos abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia católica de EE UU, puede quedarse pequeño tras la revelación, este miércoles, del silencio que la diócesis de Providence guardó durante décadas, de 1950 a 2011, en las que 75 sacerdotes presuntamente abusaron sexualmente de 300 menores. Un informe publicado por la fiscalía de Rhode Island ha destapado el nuevo escándalo, asegurando que la diócesis correspondiente ocultó los casos, protegiendo a los sacerdotes con traslados, “tratamientos” médicos y promesas de confidencialidad.

La investigación ha examinado más de 250.000 páginas de documentos de la diócesis, incluidos archivos de personal, informes de tratamientos médicos para revertir las delictivas inclinaciones de los pastores —al considerar la curia que actuaban así por problemas de salud mental—, registros internos, políticas y procedimientos diocesanos. La fiscalía también entrevistó a casi la mitad de las 300 víctimas, que tenían entre 11 y 14 años cuando sufrieron los abusos.

Muchos de ellos eran monaguillos y desempeñaban otras funciones en la iglesia. La mayor parte de las víctimas sufrieron abusos en la década de 1970. Los abusados tardaron 26 años de media en denunciar los delitos.

La diócesis trasladó al menos a 30 sacerdotes acusados a nuevos puestos de trabajo: lo hizo al menos cinco veces cada uno, explicó Peter F. Neronha, fiscal general del estado, en una conferencia de prensa en la noche del miércoles. “Se podría haber evitado tanto daño y sufrimiento” apartando de sus funciones a los sacerdotes, lamentó Neronha. “Nada lo explica, nada lo justifica”, añadió, en referencia a la gestión interna de los abusos por la diócesis, encubriendo como en otros muchos casos las denuncias y protegiendo a los abusadores. Es la práctica habitual que la Iglesia siguió durante años y años: encubrir y trasladar a los agresores, lo que ha perpetrado y agravado las situaciones de abusos de tantos y tantos menores.

“El abuso sexual infantil en la diócesis de Providence ocurrió a una escala abominable y asombrosa. Durante décadas, la diócesis protegió la reputación de la Iglesia y de sus sacerdotes por encima del bienestar de los niños”, dijo Neronha en un comunicado. Según el informe, la diócesis no denunció los abusos ante la justicia ordinaria, no investigó adecuadamente las denuncias y no retiró a los sacerdotes de puestos en los que tenían fácil acceso a niños. Aunque la situación ha mejorado en los últimos años, “aún queda trabajo por hacer”, añadió Neronha.

El informe de la fiscalía de Rhode Island, donde el 40% de la población se declara católica, ha revelado un sistema de respuesta idéntico al de la diócesis de Boston, cuya negligencia e incluso desdén ante decenas de casos de abusos quedó plasmada en la película Spotlight, sobre las investigaciones del equipo de periodistas del diario Boston Globe que le valieron un Pulitzer. El caso de Boston sacudió a la Iglesia de EE UU a comienzos de siglo, y fue el detonante de nuevas revelaciones. A partir de entonces, la Iglesia ha pagado sumas millonarias para compensar el sufrimiento de las víctimas.

En agosto de 2019, al escándalo de Boston se sumó el de Pensilvania, después de que el gran jurado estatal informase de los abusos sexuales de 300 sacerdotes a más de mil menores durante siete décadas en 54 de los 67 condados del Estado. Como en Boston y Providence, el modus operandi eclesiástico fue el mismo: una gran maquinaria de encubrimiento, perfectamente engrasada, logró sepultar bajo el silencio las denuncias, aunque desde al menos 1963 el Vaticano conocía alguno de esos casos con similar respuesta, el silencio. El empuje del papa Francisco a la rendición de cuentas, con una cumbre vaticana sobre la pederastia en 2019, dejó al descubierto que el tratamiento del problema difería grandemente según las conferencias episcopales. Uno de los casos más graves fue el de Illinois, con cerca de 2.000 menores abusados por 450 religiosos en las mismas fechas, entre 1950 y 2010.

Muchos de los abusos cometidos en Providence ya se habían denunciado anteriormente, pero el nuevo informe representa el relato más completo hasta la fecha tanto de los delitos como de su encubrimiento por parte de la diócesis. Fruto de una investigación iniciada en 2019, en el informe, de 300 páginas, se incluyen 20 nombres de abusadores que la diócesis no había incluido anteriormente en su propia lista de sacerdotes acusados con pruebas creíbles en su contra, explicó el fiscal general.

Antes de que se publicara el informe, una investigación estatal concluyó con la apertura de diligencias contra cuatro sacerdotes en activo o retirados, tres de los cuales están a la espera de juicio, ya que el cuarto, que padecía demencia, murió durante la instrucción del caso. La diócesis se atribuye la iniciativa de haber formulado la acusación contra los cuatro.

En una declaración en respuesta al informe, la diócesis de Providence ha reconocido “graves errores” en su gestión de casos anteriores, pero aseguró que las medidas de protección establecidas recientemente han demostrado ser “abrumadoramente eficaces”.

Archivado En