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Por qué no vino el papa Francisco

La reiterada y contundente negativa del anterior Pontífice a visitar España ahondó la crisis de la Iglesia católica nacional

El papa Francisco, en una imagen de 2024.CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

Antaño, cuando un obispo llegaba a tomar posesión de una diócesis, previo consentimiento del caudillo Francisco Franco, acudían a recibirlo a la frontera provincial el gobernador civil y el resto de las autoridades regionales. Eso se acabó hace décadas, con el declive del llamado nacionalcatolicismo. Los jerarcas actuales asumen resignados que sin Papa no hay multitudes ni entusiasmo. Por eso, su regocijo porque, por fin, viene a visitarles el Pontífice romano.

Se escribe desde hace unos pocos meses que se aprecian brotes verdes en el catolicismo español. Las encuestas y los expertos lo desmienten. La sociedad española es una de las más secularizadas de Europa. Eso explica la escasa influencia y autoridad moral del episcopado. Es cierto que pervive una religiosidad popular muy arraigada, encarnada sobremanera en movimientos y organizaciones como Emaús, Effetá, Hakuna o la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), además de las procesiones de Semana Santa y miles de romerías ante los santuarios marianos. Pero, una duda metódica: los 15.000 nazarenos de la madrugá de Sevilla ¿son católicos convencidos, o fans del folclore tradicional? Tomo la interrogación de uno de los mejores observadores en la materia, el teólogo José Manuel Vidal, director del portal católico Religión Digital.

Cualquier informe sobre la situación de la Iglesia romana en España concluía hasta ahora en una pregunta. Si todo era un camino de rosas, ¿por qué nunca vino el papa Francisco en viaje oficial? En 12 años de pontificado, recorrió 469.770 kilómetros por el ancho mundo, más que un viaje a la Luna. Visitó 26 países en Europa, 18 en Asia, 12 en América, 10 en África y dos en Oceanía, ¿por qué se negó a venir a España?

En 2015, el Gobierno de Mariano Rajoy gestionó su visita para clausurar las celebraciones del quinto centenario de santa Teresa de Jesús, que el Ejecutivo conservador preparó como proyecto de Estado. Declinó otras muchas invitaciones. “Iré cuando haya paz”, dijo a los periodistas que viajaban con él en el avión hacia Marruecos. “Primero tienen que ponerse de acuerdo ustedes”, se disculpó más tarde, en vuelo hacia los Emiratos Árabes.

¿Por qué no vino? Sus predecesores lo hicieron en loor de multitudes: el polaco Juan Pablo II en cinco ocasiones; el alemán Benedicto XVI, en tres. ¿Por qué Francisco se negó? ¿Culpa de los obispos? Al Pontífice argentino le disgustaba gran parte de la jerarquía de su iglesia en España. Los recelos eran recíprocos. Uno fue virulento en 2021. El Papa no entendió que la Conferencia Episcopal Española (CEE) maldijese la ley de Memoria Democrática. El disgusto tenía que ver con sus vivencias en Argentina, donde aún se busca a 30.000 personas desaparecidas a manos de la dictadura. En España son más de 100.000. “Una sociedad no puede sonreír al futuro teniendo sus muertos escondidos. Los muertos son para ser individualizados en los cementerios. Nunca vas a tener paz con un muerto escondido”, proclamó.

También le habían enfadado la actitud renuente de las jerarquías en el combate contra la pederastia eclesial y el afán de riqueza de los prelados que matricularon a su nombre decenas de miles de bienes del pueblo, hasta que el Ejecutivo de Rajoy les retiró en 2015 ese extravagante privilegio confesional.

No vino y punto. No ha sido porque odiase España, como muchos han llegado a decir, o porque temiese que su presencia fuera manipulada por unos y otros en un país tan polarizado. Sin embargo, sí es posible apreciar las consecuencias de esos desencuentros. El hecho de que Francisco no quisiera venir y que lo dijera con tanta contundencia ha contribuido al desprestigio de sus jerarcas en España.

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