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La incidencia de la gripe desciende bruscamente en la última semana del año

El nivel epidémico pasa a ser “bajo”, aunque las hospitalizaciones se mantienen todavía estables

La incidencia de la gripe ha caído bruscamente estas Navidades en España. Tras alcanzar el pico la semana que comenzó el 9 de diciembre y registrar una ligera caída la siguiente, en la última del año el descenso ha dejado la propagación de la epidemia en una intensidad “baja”, según los datos publicados este viernes por el Instituto de Salud Carlos III.

Las estadísticas confirman una epidemia muy temprana en esta temporada, que no ha repuntado con las fiestas, un entorno que suele ser propicio para el contagio de virus por los encuentros familiares. Esto no quiere decir que tras la bajada no pueda haber un nuevo repunte más adelante: las infecciones de gripe pueden dos picos a lo largo de la temporada.

José María Eiros, del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, advierte de que estos repuntes son frecuentes, por lo que es conveniente mantener tanto la vacunación para los grupos vulnerables, como medidas de salud pública (lavado de manos, estornudar o toser sobre la parte interna del codo...). “Todavía estamos en plena temporada y hacer predicciones de lo que pueda pasar no es fácil, pero todavía quedan tres meses, y los viajes entre hemisferios hacen que la gripe esté siempre presente”, asegura.

La tasa de síndrome gripal es de 105 casos por 100.000 habitantes, 88 menos que la semana previa, una bajada de un 45%. El conjunto de los virus respiratorios también ha bajado: de 837,9 casos por 100.000 habitantes a 573,6.

El síntoma gripal más frecuente registrado en los centros de salud es la tos, que se produce en más del 87% de los casos, seguido de fiebre (85,2%), malestar general (79,4%), congestión nasal (67,9%) y dolor de garganta (61,9%). También habituales, pero algo menos, son cefaleas, mialgias y escalofríos. En menos de un 10% de casos se registra vómitos, disnea (dificultad para respirar) o trastornos en el olfato y el gusto.

La peculiaridad de este año ha sido la expansión del subclado K del virus Influenza A (H3N2), una variante con una gran cantidad de mutaciones que han hecho más susceptible su transmisión, aunque su gravedad en términos absolutos no es mayor.

Estas mutaciones sugieren que la vacuna de este año ha podido tener menor eficacia para prevenir la infección, aunque siga ofreciendo protección contra enfermedad grave y hospitalización, especialmente en grupos de riesgo: personas mayores de 60 años, embarazadas y pacientes inmunosuprimidos.

En algunas áreas, especialmente entre niños menores de cinco años, la rápida circulación de la variante ha llevado a tasas elevadas de infección, aunque tampoco en esta población hay evidencia clara de que cause complicaciones más frecuentes que otras variantes gripales estacionales.

Con respecto al resto de las infecciones respiratorias, la covid se mantiene muy baja, en la línea de toda esta temporada y la anterior; la bronquiolitis alcanzó su pico en la penúltima semana del año, y ya está cayendo acentuadamente en la última; lo mismo ha sucedido con las neumonías y el virus respiratorio sincitial, aunque la incidencia de este bajó más moderadamente.

Hospitales

La situación en los hospitales es estable. Todavía no se ha notado en los ingresos la caída de las infecciones respiratorias y se mantienen prácticamente idénticas a la semana anterior, en un nivel muy similar a los picos de otras temporadas: 22,9 casos por 100.000 habitantes.

Los ingresos por gripe sí siguen creciendo de forma muy moderada (9,9 casos por 100.000 habitantes, frente a 9,7 de la semana anterior), pero a la vista del pronunciado descenso de los contagios es de prever que ya estén cayendo y que esto se vea reflejado en las estadísticas de la semana que viene, que siempre van con siete días de retraso con respecto a la situación real.

Más del 60% de los hospitalizados por gripe son personas mayores de 60 años. La gravedad de los cuadros suele venir condicionada por patologías previas. Las más frecuentes son hipertensión (en el 42,5% de los ingresos), enfermedades respiratorias crónicas (39%), enfermedades metabólicas (35,9%), enfermedad cardiovascular crónica (33,6%) y enfermedad renal (17,4%).

Los ingresos quedan muy lejos de los que se registraron en el pico de la temporada 2023-24, cuando la tasa de hospitalizaciones prácticamente duplicaba al actual. Como consecuencia de ello, hace justo dos años, por estas mismas fechas, el sistema sanitario quedó saturado: los centros de salud no daban abasto para atender a los pacientes y las urgencias de los hospitales estuvieron al límite.

A partir de ese momento, el Ministerio de Sanidad se puso a trabajar con las comunidades autónomas para crear un protocolo que tenía por objetivo minimizar la incidencia de las infecciones respiratorias durante el invierno. No llegaron a acordarlo para la temporada pasada, pero sí se pusieron de acuerdo esta.

El pasado 3 de diciembre, cuando la epidemia ya estaba en alza, llegaron a un acuerdo para recomendar que las personas con síntomas lleven mascarilla de forma rutinaria, el uso generalizado de los tapabocas en los centros sanitarios en las fases de epidemia y favorecer mientras estas duren el teletrabajo entre la población con síntomas leves que no justifiquen una baja laboral.

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