El crecimiento económico de África superará, por primera vez al de Asia, en décadas. ¿Cuánto llega a la población?
El Fondo Monetario Internacional prevee que el continente africano crecerá un 4,6% en 2026 y 2027, frente al 4,4% y el 4,3% de los países asiáticos gracias a la demografía, la extracción de recursos naturales y a las reformas
La magnitud de sus recursos minerales, una demografía que empieza a jugar a su favor, su importancia estratégica y las reformas emprendidas por algunas de sus más destacadas economías en los últimos años permitirán que este año el crecimiento de África supere, por primera vez en décadas, el del conjunto de Asia, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional. El FMI estima que el continente africano crecerá un 4,6% en 2026 y 2027, mientras que el crecimiento de los países asiáticos en conjunto rondará el 4,4% y el 4,3% respectivamente. El impulso se apoya, según el Fondo, en la estabilización macroeconómica y los esfuerzos en reformas estructurales de economías determinantes del continente.
Pero la comparativa entre los dos continentes, uno asociado al milagro económico y otro a la pobreza persistente, termina ahí. “No creo que ni si quiera se pueda hablar de un modelo ‘africano’. Algunos países tienen un crecimiento basado en recursos naturales, como Nigeria, Angola o Guinea Ecuatorial; otros basan su crecimiento en las agroexportaciones e incipientes procesos de industrialización como el textil en Etiopía. El impulso en otros países procede del sector servicios, como Kenia, o incluso el turismo, como Mauricio”, explica Ainhoa Marín Egoscozábal, profesora de Economía de la Universidad Complutense y coordinadora de la Fundación Mujeres por África.
“Podríamos decir que el continente se mueve a dos velocidades. Por un lado, están los países que siguen basando su crecimiento en un modelo extractivista, que deja muy poco valor en origen, con empleos de baja calidad. Y en otro, los países que han apostado por las reformas estructurales, por la diversificación de sus economías, por unas políticas públicas orientadas al desarrollo productivo con resultados extraordinarios. Son economías como Ruanda, Costa de Marfil, Senegal, Tanzania, …”, precisa Lidia Candal, economista senior para África subsahariana en Cesce. Concentrar el 30% de los recursos minerales del mundo, muchos de ellos esenciales para la transición energética y la industria tecnológica, dificulta en muchos casos la diversificación.
El continente se mueve a dos velocidades. Por un lado, están los países que siguen basando su crecimiento en un modelo extractivista. Y en otro, los países que han apostado por las reformas estructuralesLidia Candal, economista senior para África subsahariana en Cesce
Si se analiza la composición del crecimiento en ambos continentes, también es radicalmente diferente. “A diferencia del modelo asiático, en el crecimiento africano pesa más la aportación de la fuerza del trabajo que el de la productividad. De hecho, dos puntos del crecimiento del continente se deben al aumento de la población”, añade Elena Pérez Lagüela, profesora de Economía de la Complutense y miembro del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid.
La Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) advierte de las consecuencias del factor demográfico que apunta Pérez Lagüela: el PIB per cápita del continente está prácticamente estancado en los últimos años, en claro contraste con lo que sucede en otras regiones del mundo, lo que significa que los ciudadanos africanos no llegan a percibir los beneficios de la nueva estabilidad. Eso explica a su vez el importante problema de demanda que tiene el continente. “Pongamos como ejemplo el consumo energético. En muchos casos, la población no puede acceder a la electricidad a los precios que se ofertan y eso está cambiando gracias a la reducción del coste de esa energía, especialmente la energía solar, lo que ha animado y mucho la demanda”, explica Lidia Candal.
El ‘boom’ demográfico
En 2050 uno de cada cuatro ciudadanos del mundo habrá nacido en África y para que ese boom demográfico se convierta en un factor que reme a favor del crecimiento en África hace falta invertir en educación, en salud, en transporte... Y eso cuesta dinero: 461.000 millones de dólares (396.665 millones de euros) anuales, según la Unesco y el Banco Mundial. A los que habría que sumar otros 100.000 millones para infraestructuras. La tasa de ahorro de la región queda muy lejos de poder cubrir las enormes necesidades de inversión del continente y el colapso de la ayuda oficial al desarrollo tras la desaparición de USAID, la agencia de cooperación de Estados Unidos y el mayor donante del mundo, por decisión del presidente Donald Trump no hace sino agravar la situación.
Es ahí donde las trayectorias de los dos continentes convergen: China se ha convertido en el principal prestamista del continente y en su mayor inversor, con aproximadamente el 60% de la deuda bilateral de 2024. “No solo Pekín, Rusia también vio su oportunidad en la región, donde no se le aplicaban las sanciones occidentales. Además, otras potencias medias como Turquía o Emiratos Árabes han reforzado su papel en los últimos cinco años, con un interés estratégico creciente en el control de las infraestructuras portuarias, sin exigir contrapartidas democráticas como los países de la Unión Europea o Estados Unidos”, precisa Candal.
La clave está en que los países africanos sean capaces de generar cadenas de valor regionalesAinhoa Marín Egoscozabal, coordinadora de la Fundación Mujeres por África
Ese interés de las potencias emergentes en África quedó patente cuando China anunció recientemente una política de arancel cero a partir del 1 de mayo para los 53 países del continente (todos salvo Esuatini, porque mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán). Además, ha firmado un acuerdo estratégico con Sudáfrica para profundizar en las relaciones bilaterales. Una política en dirección totalmente opuesta a la escalada arancelaria impulsada por la Administración de Trump, que ha prorrogado el acuerdo comercial preferencial para el África subsahariana (AGOA) hasta finales de año pero no parece dispuesto a renovarlo y que tampoco ha invitado a Pretoria a la reunión del G20 que se celebrará este año en Miami.
Con todo, el futuro, según Ainhoa Marín Egoscozabal, está más allá de los acuerdos comerciales. “La clave está en que los países africanos sean capaces de generar cadenas de valor regionales. Hay una inserción muy clara de los países africanos en cadenas de valor globales, pero suministrando bienes de menos valor añadido. Con cadenas de valor regionales, los mayores ingresos se quedan dentro del continente, que es justo lo contrario de lo que viene pasando históricamente”, concluye.