Las mismas palabras, otra guerra
Los lectores y las lectoras escriben sobre la política exterior de Trump, la aprobación por el Parlamento Europeo de la expulsión de migrantes a centros de deportación en terceros países, y la estrategia del PP en el Congreso
En mayo de 1967 fui deportada de España por haber organizado un comité de estudiantes estadounidenses contra la guerra de Vietnam. Hace unos días encontré una carta que escribí a mi madre en abril de ese año para tranquilizarla ante los bulos publicados por la prensa en EE UU y las amenazas de ese Gobierno hacia ella y hacia mí. Le expliqué que “mis acciones políticas aquí son las que serían en California: protestar contra una guerra ridícula, inútil y trágica. Yo también estoy orgullosa y agradecida por los derechos y privilegios que tenemos, pero no veo la utilidad de ondear la bandera ciegamente, ignorando lo malo de nuestra política exterior, cuando, a través de nuestras instituciones democráticas, podemos hacer algo. Es el público estadounidense, apático y mal informado, el que permite que unos cuantos políticos, banqueros y líderes industriales y militares libren una guerra como esta, que no beneficia a nadie más que a ellos. Tú, como contribuyente, debes pagarla, y los pobres vietnamitas tampoco nos quieren. Ya me dirás a quién estamos ayudando”. Estas mismas palabras de una joven estadounidense de 20 años son tristemente válidas a día de hoy ante el ataque de Trump a Irán.
Karen Winn Solbakken. Madrid
“De allá”
El Parlamento Europeo aprobó recientemente la expulsión de migrantes a centros de deportación en terceros países. Cárceles para inmigrantes cuyo único delito ha sido huir de sus países, de sus hogares, de los problemas que todos sabemos que sufren pero que nadie quiere solucionar. Mientras, en la otra orilla, estamos nosotros, buscando salir adelante en un mundo cada vez más incierto. Y es esa incertidumbre la que nos hace echar la culpa de todos nuestros males a los inmigrantes, que responsabilizamos de problemas que siempre existieron en nuestro país: robos, machismo, homofobia... o de problemas que no van a desaparecer porque les echemos: sanidad pública deficiente, precio de la vivienda... Estoy harto de que estemos normalizando verter odio y ataques gratuitos sobre gente inocente que solo busca vivir, y cuyo único delito es ser de allá.
Anxo Lorenzo. La Coruña
El bloqueo como táctica
La actual estrategia del PP en el Congreso plantea un dilema sobre su papel como alternativa de Estado. El reciente episodio de los decretos anticrisis por la guerra de Irán ha evidenciado que la dirección de Génova prioriza el rédito electoral y la erosión parlamentaria sobre el contenido técnico de las normas. Al supeditar su voto a la aritmética de terceros —en este caso, los movimientos de Junts—, el PP incurre en una contradicción programática: se rechazan medidas que el propio partido había reclamado, como las rebajas del IVA en alimentos básicos. El objetivo no es mejorar la eficiencia de las políticas públicas, sino forzar la parálisis legislativa del Ejecutivo. Al convertir el Parlamento en un tablero de sabotaje táctico, se desdibuja el rigor técnico necesario para abordar la inflación. Una oposición que sacrifica la estabilidad económica por el impacto de un titular compromete su propia credibilidad como partido de gobierno.
Miguel Fernández-Palacios Gordon. Madrid