Ir al contenido
suscríbete

Oliver Laxe y Sumar no comen torreznos

Soria es el espejo en el que España debería mirarse: votaron a un candidato-alcalde que se ha ganado la confianza sin ‘marketing’ ni relatos, haciendo política pequeña y útil

Sartén con torreznos, en el bar Antonio de San Esteban de Gormaz, Soria.Claudio Álvarez

Antes de que rodase Sirat y de que su pelo largo y sus posados en las alfombras rojas se hiciesen memes, comí torreznos con Oliver Laxe en una tasca del Collado de Soria. Digo bien: comí yo los torreznos, pues Laxe es (o lo era entonces) vegetariano. Participábamos en un coloquio sobre su película anterior, O que arde, y mientras se proyectaba, los anfitriones nos llevaron a picar algo. Me pareció que el cineasta miraba mi plato con cierta envidia, casi rendido a la seducción del frito.

Recordé esa velada mientras los ciudadanos de Castilla y León votaban y...

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

Antes de que rodase Sirat y de que su pelo largo y sus posados en las alfombras rojas se hiciesen memes, comí torreznos con Oliver Laxe en una tasca del Collado de Soria. Digo bien: comí yo los torreznos, pues Laxe es (o lo era entonces) vegetariano. Participábamos en un coloquio sobre su película anterior, O que arde, y mientras se proyectaba, los anfitriones nos llevaron a picar algo. Me pareció que el cineasta miraba mi plato con cierta envidia, casi rendido a la seducción del frito.

Recordé esa velada mientras los ciudadanos de Castilla y León votaban y Laxe intentaba no morderse las uñas en la gala de los Oscar. Soria es el espejo en el que España debería mirarse: la gente que inventó el torrezno y esas galletas rompemuelas llamadas paciencias no gusta del eufemismo ni de los discursos huecos. Así cabría entender la excepción soriana en las últimas elecciones, donde Vox ha obtenido sus resultados más pobres, y el PSOE, los más fuertes. Votaron a un candidato-alcalde que se ha ganado la confianza recurriendo a la misma estrategia con la que los torreznos han conquistado las barras de toda España: sin marketing ni relatos, haciendo política pequeña y útil.

Se rompen la cabeza las mentes más dotadas de la izquierda a la izquierda escalera izquierda interior izquierda del PSOE. Se pasan los dedos por la melena, como Laxe al salir de los Oscar, fingiendo que saben, unos y otro, por qué no les votan ni los sorianos ni los académicos de Hollywood, y elaboran teorías y hablan de unidad. Conocen muy bien los caminos gramscianos que llevan a hablar con desdén de Habermas e invocar el magisterio de Judith Butler, pero no saben llegar al Collado y pedir una ración de torreznos crujientes. Por eso el alcalde de Soria se impone en la provincia tanto al PP como a un movimiento social de tanto arraigo como el de Soria Ya, mientras ellos miran de lejos los parlamentos de los que han sido expulsados.

No sé dónde está la respuesta democrática y de izquierdas, pero sé que no está en la verborrea trágica de Yolanda Díaz, ni en el estalinismo de la tele de Pablo Iglesias, ni en la chulería tuitera de Gabriel Rufián, ni en ninguno de los espejos erráticos y oportunistas en los que se mira Pedro Sánchez. Si hay una receta para que la izquierda vuelva a interpelar a unos ciudadanos que no quieren saber nada de ella, se parecerá más a los torreznos que no se comió Oliver Laxe que a la kombucha que preparan los asesores de Sumar.

Archivado En