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El viejo odio de los ayatolás

Nadie sabe hasta qué punto ha calculado Trump la capacidad de resistencia de un régimen construido sobre el desafío de destruir a Occidente

Ali Jameneí, el 4 de junio de 2025 durante una ceremonia en conmemoración del 36º aniversario de la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini, en una imagen que difundió la oficina de Jameneí.Zuma Press / ContactoPhoto

El líder supremo de Irán desde 1989, el ayatolá Ali Jameneí, fue el sábado una de las víctimas de los ataques de Estados Unidos e Israel a su país. El régimen quedó así descabezado y, a partir de ese instante, el caos irrumpió en Oriente Próximo y ya resulta imposible intuir hacia dónde podrá conducir tan...

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El líder supremo de Irán desde 1989, el ayatolá Ali Jameneí, fue el sábado una de las víctimas de los ataques de Estados Unidos e Israel a su país. El régimen quedó así descabezado y, a partir de ese instante, el caos irrumpió en Oriente Próximo y ya resulta imposible intuir hacia dónde podrá conducir tanta violencia. Jameneí estaba familiarizado con el árabe, y una de las credenciales que le otorgó prestigio e influencia fue la de traducir a su lengua a uno de los grandes teóricos de los movimientos islamistas modernos, el egipcio Sayyid Qutb.

Para volver a hacerse una idea de por dónde van los tiros ideológicos de quienes están al frente de la República Islámica de Irán resulta interesante seguirle la pista a este personaje. Sayyid Qutb fue un crítico literario de El Cairo que destacó inicialmente por su vocación laica y su ferviente nacionalismo, y que, como cuenta Lawrence Wright —uno de los grandes reporteros de The New Yorker— en Los años del terror. De Al-Qaeda al Estado Islámico (Debolsillo), “se veía como parte de la era moderna y se tomaba la religión a la ligera”. Así que consiguió que lo enviaran a estudiar en la que hoy es la Universidad del Norte de Colorado, donde estuvo dos años. En 1950, regresó a su país totalmente transformado. La imagen que tenía de Estados Unidos se le vino abajo y empezó a pensar que la gente que vivía allí y que parecía tan adelantada era en realidad muy primitiva. “Su comportamiento recuerda a la época de los trogloditas”, escribió. Consideraba primitivo el modo en que buscan “el poder, ignorando ideales, modales y principios”. Vaya, es un diagnóstico que se ajusta bastante al actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.

Qutb entendió que era urgente despojar a los países musulmanes de cualquier influencia que procediera de Occidente. “La sociedad islámica había de purificarse, y el único mecanismo lo bastante poderoso para limpiarla era el antiguo y sangriento instrumento de la yihad”, explica Wright a propósito de las ideas de Sayyid Qutb, que en los cincuenta lo tenía así de claro: “El hombre blanco de Europa o América es nuestro enemigo número uno”. Y recomendó a sus seguidores que empezaran por la educación. Plantemos “las semillas del odio, la repugnancia y la venganza” en la infancia. “Enseñemos a esos niños cuando sus uñas son todavía blandas que el hombre blanco es el enemigo de la humanidad, y que deberían destruirlo a la primera ocasión”.

Jameneí aprendió de Qutb. Encarnó el ala más dura del régimen, reforzó a la Guardia Revolucionaria y premió a sus miembros más destacados con jugosas prebendas, y no le tembló nunca el pulso al reprimir cualquier movimiento que cuestionara su autoridad. Si de niños los iraníes no habían aprendido a odiar al enemigo número uno, que aprendieran a hacerlo a palos cuando fueran estudiantes. Así de correosa es la fibra de muchos dirigentes que se han alimentado de esa ideología que quiere borrar, incluso de las sociedades musulmanas, cualquier mínimo coqueteo con el mundo moderno. El problema con Trump es saber hasta qué punto conocía el verdadero rostro de su enemigo cuando ordenó los bombardeos. Destruir desde las alturas vidas y recursos económicos y militares no es lo mismo que acabar con los enrevesados tentáculos de ese odio que ha inoculado en los iraníes el fanatismo de los ayatolás. Entre la furia épica de los “trogloditas”, según aquel temprano dictamen de Sayyid Qutb, y el afán de la venganza que recomendó enseñar a los niños del islam, el mundo entero se está jugando la vida.

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