EE UU, de gendarme a forajido
Trump bombardea sin ninguna legitimación política internacional y mediante una secuencia de amenazas, chantaje, ultimátum y acción bélica imprevista
A la tercera va la vencida. Y es la tercera. Primero fue el bombardeo de Teherán y sus nucleares el 22 de junio, apoyando a Benjamin Netanyahu. Después, el secuestro del dictador venezolano Nicolás Maduro, asesinando a docenas de sus guardaespaldas, el 3 de enero
Y ahora, ...
A la tercera va la vencida. Y es la tercera. Primero fue el bombardeo de Teherán y sus nucleares el 22 de junio, apoyando a Benjamin Netanyahu. Después, el secuestro del dictador venezolano Nicolás Maduro, asesinando a docenas de sus guardaespaldas, el 3 de enero
Y ahora, esta guerra regional, de nuevo en complicidad con el Estado genocida de Israel. No hay bendición posible, aunque el asediado sea un régimen cruel, despótico, teocrático, y asesino en masa: el de los ayatolás. Alá y Jahvé nos libren de ellos, pero por la vía que corresponde. Tres veces. Y eso que no contabilizamos sus mafiosas tentativas contra Groenlandia y Europa.
Con este récord, el seudopacifista Donald Trump convierte a EEUU de Estado gendarme a simple forajido. Es forajido quien bombardea sin ninguna legitimación política internacional. Mediante una secuencia de amenazas, chantaje, ultimátum y acción bélica imprevista, no anunciada. En este caso, peor aún, pues el supuesto ultimátum ni siquiera cumplía el calendario: vencía la semana próxima. Y los bombardeos se han producido pocas horas después de la última ronda de conversaciones. Las partes habían quedado convocadas también para la semana entrante. Felonía.
Existe un cierto modo de hacer las cosas, decimos desde Montaigne. Como la manera del derecho internacional, que no es un conjunto vacío, sino de reglas. Una “guerra justa”, según las convenciones multilaterales, las resoluciones de NN UU y los grandes tratadistas, es solo la que se declara en defensa propia; supone una respuesta proporcionada a una agresión; cumple las reglas universalmente aceptadas; ha agotado la vía diplomática; y cuenta con el respaldo de la sociedad internacional, principalmente de la ONU.
Nada de eso se cumple en este caso. Nada es nada. Ninguno de esos requisitos se ha cubierto. Así que el incumplidor se convierte en un salteador de caminos y enemigo de la civilización democrática, aunque, paradoja melancólica, sea quien más contribuyó a moldearla.
¿Por qué ahora? ¿Por qué el magnate orate aprieta el botón rojo, cuando se vanagloriaba de ser más pacifista que Gandhi?
Una hipótesis nada ingenua. Porque en EEUU se acercan las elecciones a medio mandato, del 3 de noviembre. Había una manera directa de esterilizarlas: prohibirlas, cambiar sus reglas, ahuyentar votantes de color… Pero eso va cada día más caro en Washington. Hasta el conservador Tribunal Supremo muestra dignidad.
Al maleducado le queda una alternativa en trípode: la anulación del periodismo —del Washington Post por Jeff Bezos; o la CNN, mediante compra de su propietaria, la Warner, por la Paramount— siempre esos secuaces de la Casa Blanca; el dislate de una renovada estrategia arancelaria (vean Trump, política económica terrorista, EL PAIS de ayer); y exhibir testosterona, bombardeando lo que convenga. Irán, sin ir más lejos.