Elecciones México

Mayoría simple, calificada y absoluta: lo que de verdad dicen las palabras

El presidente intenta maquillar el retroceso de Morena, su partido, en la Cámara de Diputados con un tecnicismo parlamentario

Urnas electorales, utilizadas durante la jornada del domingo.
Urnas electorales, utilizadas durante la jornada del domingo.Monica Gonzalez

Andrés Manuel López Obrador ha aparecido sonriente menos de 24 horas después de las elecciones en México. El presidente se ha dicho satisfecho por los resultados obtenidos por Morena, su partido, en las 15 gubernaturas en disputa y en la carrera para renovar la Cámara de Diputados. “Feliz, feliz, feliz”, en sus palabras. La formación guinda fue, sin duda, la más votada, aunque no cumplió los pronósticos que adelantaban una victoria arrolladora, como en las presidenciales de 2018. El bloque gobernante recurrió a dos aliados, el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), con el objetivo de alcanzar un consenso amplio que le permitiera impulsar reformas constitucionales y su programa de Gobierno en el Legislativo, así como mantener el control parlamentario. Las primeras tendencias apuntan a que se quedó corto. En plena resaca electoral, el mandatario ha defendido que Morena “nunca tuvo la mayoría absoluta” y ha achacado los resultados a la “guerra sucia” y a la “propaganda” de los medios, los críticos y rivales políticos.

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“Lo de la mayoría absoluta, legalmente, no existe: es simple o calificada”, ha señalado López Obrador en su conferencia de prensa matutina, apelando a un tecnicismo para maquillar en el discurso que los resultados no fueron los esperados. La afirmación de López Obrador resulta, de menos, contradictoria. La Real Academia Española (RAE) define en el diccionario panhispánico del español jurídico mayoría absoluta como: “Mayoría compuesta por la mitad más uno de los miembros que componen legalmente un órgano colegiado”. Como la que tenía su partido en la anterior legislatura. Una mayoría simple u ordinaria hace referencia, según la RAE, a tener “más votos a favor que en contra de los miembros que integran el órgano”, “sin contar abstenciones”. Y es un término común en la jerga de las discusiones parlamentarias, también conocido como mayoría relativa en México. Una mayoría calificada habla de “que representa una fracción superior a la mitad”, según el Diccionario panhispánico de dudas. En el caso de México suelen ser dos tercios y, excepcionalmente, tres cuartas partes de los legisladores.

Morena tuvo durante la anterior legislatura 256 de 500 escaños de la Cámara baja. Los resultados preliminares de esta elección proyectan entre 190 y 203 diputaciones para el partido del presidente, un retroceso considerable y que ha sido ampliamente reseñado por los medios que han cubierto las votaciones. El grupo parlamentario pierde entonces, a falta de cifras definitivas, la llamada “mayoría absoluta” y ya no depende de sí mismo para controlar el Congreso. Tendrá que recurrir al PT y, sobre todo, al PVEM, para tener respaldo mayoritario. El primero, un aliado recurrente de López Obrador y con mayor afinidad ideológica, tiene un intervalo de entre 35 y 41 curules. Lo que quiere decir que el Partido Verde, antiguo socio de los rivales acérrimos del presidente, será el fiel de la balanza: tendrá entre 40 y 48 diputados.

El presidente ha defendido este lunes que el término “mayoría absoluta” no tiene fundamento en México, a pesar de que ha sido utilizado elección tras elección desde 2000, cuando se dio la alternancia en el poder en el país. Sin embargo, incluso en la página oficial de la Cámara de Diputados se establece: “Para la aprobación de los asuntos se requiere la votación a favor de una mayoría absoluta (un 50% más 1 de los legisladores presentes en la sesión, siempre y cuando haya quórum), salvo en algunos casos en los que es necesaria la mayoría calificada”.

La Ley Orgánica del Congreso también tiene múltiples referencias a la mayoría absoluta. “La Mesa Directiva de la Cámara de Senadores se integra con un Presidente, tres vicepresidentes y cuatro secretarios, electos por mayoría absoluta de los senadores presentes y en votación por cédula”, se establece por ejemplo en el artículo 62. Es tan común que se usa en los boletines oficiales y cuando se presentan iniciativas de ley: “Aprueba Cámara de Diputados que bancada con mayoría absoluta presida su Mesa Directiva tres semestres legislativos, a partir de 2021″. Y en la descripción de las leyes de Congresos locales. “Todas las votaciones se tomarán por mayoría relativa, a no ser aquellos casos en que la Constitución o esta Ley exijan las dos terceras partes o mayoría absoluta”, se señala en la Ley Orgánica del Congreso de Tabasco, por ejemplo.

Entre líneas, el mandatario ha criticado un planteamiento, para muchos desmesurado, desde la oposición que argumentaba que esta elección sería “histórica” y clave para frenar las supuestas pretensiones “absolutas” o “dictatoriales” del presidente. “Mayoría absoluta” tiene esa connotación, según los seguidores del Gobierno. “Hay una intención política de decir ‘no obtuvieron la mayoría absoluta”, ha reclamado. Pero el término existía y se ha usado desde siempre en México y en el resto de países hispanohablantes.

El término “mayoría absoluta” se hizo más recurrente con la salida del Partido Revolucionario Institucional, tras estar más de 70 años en el poder, para describir una repartición parlamentaria más fragmentada. Por lo general, había partidos con una pluralidad en las Cámaras y era atípico que un partido pudiera legislar solo, sin apoyarse en otras fuerzas para sacar adelante su agenda. Eso cambió con el triunfo de López Obrador y Morena en 2018. La mayoría simple, el término técnico que apela a tener más de la mitad de los legisladores presentes para aprobar una ley, basta para aprobar el presupuesto, una facultad exclusiva de la Cámara baja. López Obrador también hizo referencia a esto en su rueda de prensa: “Esto significa tener garantizado el presupuesto para los más necesitados, para los pobres”.

La mayoría calificada necesita de dos tercios del Congreso y se requiere para aprobar reformas a la Constitución. Por eso, aunque Morena tenía 256 legisladores, era importante tener respaldo de otros partidos como el PT, el Verde y el ultraconservador Partido Encuentro Social, que busca mantener su registro como Encuentro Solidario. El presidente ha celebrado que Morena obtuvo la mayor cantidad de 300 diputaciones en disputa. Pero omitió decir que otras 200 se definen por el principio de representación proporcional, que reparte los escaños por el porcentaje de votos que obtiene cada partido y coalición.

La representación proporcional, cuestionada por los partidos con el respaldo mayoritario de turno, no solo Morena, está pensada justamente para eso: hacer más representativa a la Cámara en cuestión. Y premia también a las alianzas mayoritarias, sobre todo a los partidos pequeños que la componen. El PT, por ejemplo, consiguió entre 3 y 3,5% de votos, pero tendrá al menos 35 escaños. Movimiento Ciudadano, que sorprendió al no aliarse con otras fuerzas, obtuvo alrededor del doble de sufragios y tendrá solo entre 20 y 27 diputaciones, según el conteo rápido.

Una mayor fragmentación dibuja múltiples escenarios: desde el freno de las reformas constitucionales impulsadas por la mayoría, que además necesitan el respaldo de 17 Congresos estatales, hasta una negociación más intensa. Los resultados en el Congreso, a días de definirse, también dan un primer acercamiento del calado de las leyes que se van a aprobar: en casi todos los casos, cambios pequeños y trámites requieren de mayoría simple y las enmiendas con más candados legislativos necesitan de mayor consenso. Y en ese terreno, palabras como mayoría absoluta, simple y calificada cobran más relevancia. Borrarlos, intentar confundir y reducir el debate a tecnicismos implica faltar a la verdad.

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