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Todas las sombras de Rocha Moya

Viejo lobo de la política, el gobernador morenista, siempre bajo sospecha, se crió entre la universidad y el priismo sinaloense, hasta llegar al movimiento que encabezó López Obrador

Rubén Rocha Moya en el Congreso del estado de Sinaloa, el 24 de abril de 2025.Gobierno de Sinaloa

Hay momentos en la vida que definen la existencia entera, sean reales o no. En el caso de Rubén Rocha Moya (Badiraguato, Sinaloa, 1949), su momento ocurrió —aunque él lo niegue, pero eso no importa, porque la mera discusión sobre ese episodio forma parte ya de su biografía— en la mañana del 25 de julio de 2024, cuando el narcotraficante Ismael Zambada, alias Mayo, llegó a una reunión en Culiacán, esperando encontrarse allí a Rocha, ya por entonces gobernador de Sinaloa, bajo los colores de Morena. Rocha siempre negó su participación en el encuentro, por mucho que Zambada dijera, y tildó aquello de farsa y trampa. En los meses que han pasado desde entonces, el veterano político nunca ha podido, sin embargo, escapar de esa sombra.

Poca gente en México ignora lo ocurrido aquel día, 25 de julio de 2024. Acudiera o no Rocha a la reunión con Zambada, supiera o no de la junta, el hecho es que aquello acabó mal para el narcotraficante. No queda claro si había algo genuino en la convocatoria. Zambada dijo que acudía a mediar entre Rocha y uno de sus viejos aliados, devenido en enemigo, el también político sinaloense Héctor Cuén. Una vez llegado al lugar designado, una casa en un fraccionamiento de la capital, integrantes de un grupo contrario a Zambada en el Cartel de Sinaloa lo apresaron. Luego lo sacaron de allí, lo metieron en una avioneta y lo trasladaron a Estados Unidos, donde la justicia le buscaba desde hacía años.

Cuén sí fue a la reunión. Enfrentado con Rocha a cuentas de la universidad estatal, que ambos habían dirigido, Cuén fue asesinado aquel mismo día en el fraccionamiento donde tuvo lugar la emboscada. Este detalle lo confirmó meses más tarde la Fiscalía General de la República (FGR), asunto que tumbaba el relato emanado de la Fiscalía estatal en julio, que decía que Cuén había muerto asesinado de cuatro balazos en una gasolinera de Culiacán. A la vista de las acusaciones que hoy ha hecho públicas el Departamento de Justicia de Estados Unidos, la revisión de lo ocurrido entonces se impone como actividad crucial para acabar de entender qué pasó, la traición a Zambada, el asesinato de Cuen y el papel de Rocha y su equipo en todo aquello.

Nacido en el poblado de Batequitas, en Badiraguato, en las orillas del viejo triángulo dorado de las drogas del noroeste mexicano, Rocha construyó una carrera envidiable. Venía de la nada. Como dijo una vez en una entrevista, sus padres eran “analfabetos funcionales”, se dedicaban al campo, el maíz, el ajonjolí, algunos animales... Pero insistieron en que los pequeños, seis hermanos, acudieran a la escuela. Rocha vivió en el pueblo siete años y luego marchó a Sonora, internado, a una escuela normal rural. Según ha contado él mismo, no tardó en aplicarse y, antes de acabar los estudios, ya daba clase a los compañeros más jóvenes, de matemáticas.

Aquello ocurría a finales de la década de 1950, cuando el narcotráfico en la región era una actividad boyante. Acabada la Segunda Guerra Mundial, la demanda de heroína en Estados Unidos aumentaba y México, como ha ocurrido siempre, acudía a la llamada. El académico Ben Smith, autor del monumental estudio historiográfico del narcotráfico en el país, The Dope, dice que, para entonces, el país suministraba el 90% de las drogas ilegales al vecino del norte, sobre todo heroína. La gran mayoría venía de municipios del Triángulo Dorado, como Badiraguato. Rocha nunca ha hablado demasiado de ese asunto, aunque sí del “estigma” que el narco ha supuesto para el municipio. Él siempre ha defendido que Badiraguato es tierra de maestros.

Acabados los estudios en Sonora, Rocha se mudó a Oaxaca, donde siguió su camino en las aulas. Más tarde llegó a Ciudad de México y estudió Derecho en la UNAM. El futuro compañero de Andrés Manuel López Obrador, que se había interesado en la política ya en la secundaria, progresó. Cursó una maestría en Querétaro y, ya de vuelta, su doctorado en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Años más tarde se convertiría en rector de la casa de estudios, cargo que ocupó entre 1993 y 1997. “El mayor honor de mi vida ha sido ser rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa”, dijo en una entrevista, hace cinco años, con el Canal del Congreso.

Aunque siempre intentó circular por la izquierda, Rocha transitó las aguas centristas del PRI, todopoderoso en Sinaloa hasta hace unos años. A mediados de la década de 1980, se presentó a las elecciones a gobernador por la alianza progresista Movimiento Popular Sinaloense. En la primera década de los 2000, hizo lo propio bajo las siglas del PRD, precedente de Morena, con López Obrador al frente del partido. Fracasó en ambas ocasiones. Entre medias, aprovechó sus aprendizajes y el conocimiento de la política estatal para hacerse hueco en el gabinete de dos gobernadores del tricolor, Jesús Aguilar y, más recientemente, Quirino Ordaz.

Morena tocó su puerta en 2018. Tomó las riendas del partido en el Estado y luego ganó un escaño en el Senado. Rocha estuvo en la Cámara alta hasta 2021, cuando se embarcó en la campaña a la gubernatura de Sinaloa. A la tercera fue la vencida. Rocha ganó y vivió relativamente tranquilo los primeros tres años, hasta el 25 de julio de 2024. Más allá de su papel aquel día, el secuestro del Mayo Zambada desencadenó una sangrienta guerra entre facciones del cartel de Sinaloa, que ha dejado miles de muertos y desaparecidos. Primero, el gobernador trató de restarle importancia a la batalla. Luego intentó ignorarla. Ninguna de las dos estrategias funcionó. El rumor sobre el acecho de EE UU se ha agrandado con el paso de los meses. Rocha, en su trinchera, niega todo.

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