El regreso de Cuauhtémoc Cárdenas para avalar el giro energético de Sheinbaum
El padre de la izquierda mexicana, con una historia tirante con el morenismo, da una nueva muestra de sintonía con la presidenta al embarcarse a los 91 años en un cargo consultivo en Pemex


Hace dos años, la foto no pudo ser más simbólica. En el aniversario de la expropiación petrolera, Cuauhtémoc Cárdenas aparecía públicamente en un acto de campaña para respaldar a la entonces candidata Claudia Sheinbaum apenas dos meses antes de las elecciones. Conscientes del inmenso capital político del padre de la izquierda mexicana, el encuentro había sido muy trabajado por Morena, que buscaba apuntalar el voto de la clase media. Dos años después, el golpe de efecto se ha repetido en otro momento delicado para Sheinbaum.
La presidenta encara la recta final antes de presentar novedades en su política energética. En concreto, la vía libre al fracking y la entrada de inversión privada. Un anatema doble para el morenismo y para la propia mandataria, que prometió durante la campaña no entregarse a la fractura hidráulica, muy agresiva para el medio ambiente. Pero las cuentas no salen y el fracking permite soñar con una de las grandes aspiraciones casi míticas de la izquierda mexicana: la soberanía energética.
En ese contexto se produce la reaparición de Cárdenas, nuevamente en el aniversario de la expropiación petrolera, que llevó a cabo su padre, el presidente Lázaro Cárdenas en 1938. La foto esta vez fue con el director de Pemex, Víctor Rodríguez, para anunciar que El Ingeniero, como se conoce también a Cárdenas, presidirá a sus 91 años una nueva comisión consultiva dentro de la petrolera estatal que evaluará los movimientos a seguir en materia energética.
El morenismo ha buscado desde el principio el respaldo de la figura totémica del fundador de la izquierda moderna mexicana, tras su ruptura en 1987 con el PRI. El prestigio democrático de Cárdenas se disparó un año después, cuando los mexicanos dieron por hecho que le habían robado las elecciones presidenciales frente a Salinas de Gortari, y la paz social se mantuvo a pesar de todo. La carrera política del expresidente y fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador, tampoco se explica sin El Ingeniero, que en el 2000 avaló su candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de México al frente del PRD, tomando el relevo del propio Cárdenas.
Pero la relación entre los dos prohombres de la izquierda mexicana ha estado plagada de curvas. “La Cuarta Transformación siempre ha querido acercarse a Cárdenas, y él ha procurado no alejarse”, sintetiza el académico Lorenzo Meyer, especialista en historia petrolera. López Obrador nombró como jefe de sus asesores al hijo del Ingeniero, Lázaro Cárdenas Batel. Pero no duró mucho en el cargo. A principios de 2023 presentó su renuncia tras un choque de trenes entre su padre y el presidente. López Obrador llamó conservador a su antiguo mentor, para después definirle directamente como su “adversario”. La mecha del incendio fue la participación de Cárdenas en un evento de la oposición.
Tras la ruptura, los puentes empezaron a reconstruirse desde aquel encuentro simbólico durante la campaña de Sheinbaum. “El Ingeniero siempre ha estado dispuesto a hablar con todo el mundo, no es tan dogmático como el expresidente, al que siempre ha considerado como un priista reconvertido. Sin embargo, con Sheinbaum tiene una afinidad ideológica más clara”, apunta una fuente del entorno de Cárdenas que pide guardar el anonimato. A diferencia de casi cualquier cuadro veterano en México, la actual presidenta no se ha formado en la tradición priista. Sino más bien en la apertura democrática liderada por Cárdenas. Su estilo, marcado por la mesura política, el diálogo y la paz social sin abandonar el proverbial nacionalismo, también lo emparentan más con el Ingeniero.
Como muestra de esa sintonía, Sheinbaum recuperó para la causa la presentación de Cárdenas Batel como su jefe de Oficina de la Presidencia. Y ahora también cuenta con el padre al frente de la Comisión Consultiva del Petróleo, un puesto consultivo pero cargado de poder simbólico. “No va a ser solo una figura decorativa. Cárdenas ha demostrado de sobra su integridad e independencia. En el caso de que compruebe que su cargo no va a tener peso, no dudará en renunciar”, apunta la misma fuente de su entorno, que pone como ejemplo un caso parecido. “En 2006, Vicente Fox lo nombró presidente de la comisión del Bicentenario de la Independencia. Pero cómo vio que no pintaba nada, dimitió a los pocos meses”.
Al frente de esa comisión, a Cardenas le tocará analizar, entre otros proyectos, la explotación de los yacimientos de gas en Coahuila, Tamaulipas y Veracruz. El Gobierno ultima un nuevo andamiaje regulatorio para dar certeza a inversores y desatascar el veto al fracking impuesto por el expresidente López Obrador. La justificación al giro energético de la presidenta pasa por aprovechar los pozos de Pemex, extremando las precauciones para minimizar el impacto ecológico, con el objetivo de no depender tanto de las importaciones de Estados Unidos.
“Es cierto que la técnica de la fractura hidráulica ya no contamina tanto, pero si además le añades la entrada de privados es un movimiento que desentona con la visión tradicional del cuidado y la gestión de las reservas energéticas mexicanas”, añade el historiador Meyer, que también encuentra una analogía histórica que ilustra cómo el cardenismo ha sido habitualmente utilizado como un escudo para amortiguar los golpes. “En los años cuarenta, cuando México va a entrar en la Segunda Guerra Mundial, el presidente Ávila Camacho recurre, en un movimiento insólito, al expresidente Lázaro Cárdenas. Le da el puesto de secretario de la Defensa para enviar una señal de fuerza e independencia ante Estados Unidos”.
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