Los conflictos internos y las injerencias de las grandes potencias debilitan a África
La Unión Africana elige presidente al burundés Ndayishimiye y reclama una mayor integración continental en un mundo convulso
La cumbre de la Unión Africana (UA) celebrada este fin de semana en Adís Abeba, capital de Etiopía, ha puesto sobre la mesa la debilidad del continente en un contexto de injerencias de las grandes potencias. Los dirigentes africanos, que eligieron presidente al burundés ...
La cumbre de la Unión Africana (UA) celebrada este fin de semana en Adís Abeba, capital de Etiopía, ha puesto sobre la mesa la debilidad del continente en un contexto de injerencias de las grandes potencias. Los dirigentes africanos, que eligieron presidente al burundés Évariste Ndayishimiye, destacaron la importancia de acabar con los conflictos que desangran al continente, desde Somalia hasta el Sahel, pasando por Sudán, Congo, Nigeria o Sudán del Sur. Sin embargo, la cumbre ha servido más para constatar el desafío que para proponer soluciones. Los llamamientos a una mayor unidad y capacidad de respuesta frente al intervencionismo de países como China, Rusia, Estados Unidos o Emiratos Árabes Unidos fueron una constante. La dependencia económica de la propia UA en un momento de recortes de las ayudas internacionales torpedea estas buenas intenciones.
“Está resultando difícil silenciar las armas en nuestro continente. La fragilidad política e institucional de varios países es motivo de preocupación. Los conflictos abiertos y latentes se están cronificando. Los cambios inconstitucionales de gobierno están resurgiendo“, dijo en su discurso el presidente de la comisión de la UA, Mahmud Ali Youssouf. ”La convulsión en el orden internacional está teniendo sin duda un impacto significativo en los asuntos del continente, por no mencionar la recurrente injerencia en nuestros asuntos por parte de actores externos. El multilateralismo se está poniendo a prueba y asistimos al auge del unilateralismo y el proteccionismo. Ante esta realidad, África debe fortalecerse acelerando sus programas de integración política y económica. Esto no es una ilusión, sino una cuestión de supervivencia", agregó
Sin embargo, 63 años después de la creación de la Organización para la Unidad Africana, el antecesor de la UA, ese sueño parece aún lejano. La creación de un mercado común, una de las iniciativas que debe marcar este camino y que se aprobó en 2018, avanza a duras penas. Los bloques económicos regionales se resisten a perder capacidad de decisión e influencia frente a la propia UA. En 2013, este organismo se conjuró para acabar con los principales conflictos del continente y lanzó numerosas iniciativas de mediación. El balance, 13 años después, no invita al optimismo y las guerras siguen provocando decenas de miles de muertos y millones de desplazados.
Los propios dirigentes africanos identifican el problema de la financiación de la UA como uno de los grandes desafíos. En 2015, los jefes de Estado aprobaron que, cinco años después, los países miembros financiarían completamente este organismo gracias a una tasa sobre las importaciones del 0,2%. Tras prorrogar el plazo hasta 2025, la realidad es que, en la actualidad, tan solo 17 de los 55 países del continente cobran dicha tasa y que el 64% de los 590 millones de euros anuales necesarios para su funcionamiento son aportados por donantes externos, sobre todo la Unión Europea y China.
Esta dependencia, unida a controvertidas decisiones como respaldar a líderes que reprimen con dureza a opositores y ciudadanos, como pasó recientemente en Tanzania, Uganda o Camerún, hace que la UA atraviese también una profunda crisis de credibilidad, sobre todo entre los jóvenes. Desde 2020, África ha vivido nada menos que una decena de golpes de Estado que llevaron a juntas militares al poder sin que las sanciones aprobadas por la UA hayan servido para mucho. En la cumbre celebrada este fin de semana, dos de esos golpistas que luego se presentaron a elecciones, el guineano Mamady Doumbouya y el gabonés Brice Oligui Nguema, fueron readmitidos en el seno de la organización continental.
Terreno geopolítico
Mientras tanto, África se ha convertido en el escenario de una feroz competencia por recursos, mercados e influencia geopolítica entre las grandes potencias. Rusia sigue ganando terreno en el Sahel y otros países con su colaboración militar, sobre todo vía formación, mercenarios y venta de armas. China ofrece financiación e infraestructuras a cambio de control sobre los recursos mineros. Estados Unidos, tras el regreso de Donald Trump al poder, intenta cortar el paso a Pekín seduciendo a los países con más recursos estratégicos. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos pugnan por alianzas estratégicas en el Cuerno de África.
Mientras, la Unión Europea asiste a los intentos de sus miembros por recolocarse en este escenario. Francia, expulsada o en retroceso en sus antiguas colonias, redefine su estrategia hacia otros países, como Kenia, e Italia —cuya primera ministra, Giorgia Meloni, fue invitada de honor a la cumbre— apuesta por su plan Mattei, con proyectos en marcha por 1.400 millones de euros y cuyo fin último es frenar la emigración clandestina hacia su país.
La ONU ha sido el principal financiador de las misiones de paz, ayuda humanitaria y lucha contra enfermedades como el VIH o la malaria en África. Pero con un 15% menos de presupuesto para 2026, debido sobre todo a los recortes de Estados Unidos, África se enfrenta a un reto global. “Hay pocos indicios de que esta institución esté a la altura de la tarea”, aseguró el International Crisis Group en un informe publicado el pasado 9 de febrero. “En un momento en el que la UA es más necesaria que nunca, podría decirse que se encuentra en su punto más débil”, añadió.