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Atacado en Buenos Aires el gran rabino de la AMIA

Gabriel Davidovich sufre la rotura de nueve costillas tras recibir una golpiza en su casa

rabino Gabriel Davidovich
El gran rabino de la AMIA, Gabriel Davidovich, en una foto de archivo.

Gabriel Davidovich, titular del Superior Rabinato de la Asociación Mutual Argentino-Israelí (AMIA), recibió el lunes una brutal golpiza en su casa de Buenos Aires. Un grupo de desconocidos entró de madrugada en el piso en el que el rabino vive junto a su esposa y lo golpeó con furia tras atarle las manos. “Sabemos que sos el rabino de AMIA”, le gritaron los atacantes. Davidovich, de 62 años, fue internado con nueve costillas rotas, problemas en un pulmón y el rostro desfigurado. La agresión disparó todas las alarmas: desde la DAIA, brazo político de la comunidad, advirtieron de que se trata de un ataque antisemita “que se enmarca en los que se están desarrollando en diferentes países europeos”. El presidente argentino, Mauricio Macri, en tanto, ha prometido el apoyo de su Gobierno “para que la investigación encuentre a los responsables”.

En el cargo desde 2013, Davidovich se ocupa desde AMIA de velar por las leyes vinculadas a los temas religiosos de la comunidad judía en el país sudamericano. De ahí el impacto político del ataque. Sus verdugos lo encontraron indefenso y se ensañaron con él: apenas robaron algunas pertenencias, pero su objetivo era hacer daño al rabino. En un comunicado, la AMIA repudió con dureza el ataque y manifestó su “intranquilidad por las expresiones que los delincuentes vertieron antes de atacar al gran rabino”. La evidencia apunta a una agresión antisemita.

El presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, visitó a Davidovich en la clínica en la que está internado y dejó patente la posición de la comunidad judía. En un escrito, hizo “un llamado a las autoridades correspondientes a investigar el caso que se enmarca en los sucesos antisemitas que se están desarrollando en diferentes países europeos, que atentan contra la convivencia y los valores democráticos de la sociedad". Más tarde, en declaraciones a la agencia AJN, Knoblovits llamó la atención sobre la elección de la víctima. Los atacantes, dijo, “no eligieron a alguien que estaba con una kipá por la calle: la elección fue determinante, no fue un asalto a cualquiera”.

Los efectos del ataque traspasaron las fronteras y llegaron hasta Israel. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, pidió a al mundo que no permita que “el antisemitismo levante la cabeza”. “Condeno enérgicamente los recientes incidentes antisemitas y exhorto a la comunidad internacional a que actúe en su contra", dijo el mandatario en Twitter.

El ministro israelí de Asuntos de la Diáspora, Naftali Bennett, habló, por su parte, de un “ataque brutal” a Davidovich y apuntó contra “los líderes del mundo” que no actúan contra el antisemitismo. “Hoy en día, los líderes del mundo en Europa y en América del Sur están fallando en su responsabilidad de aprender las lecciones del pasado. Pero a diferencia de entonces, hoy tenemos a Israel y todos los judíos de todo el mundo deben saber que tienen un hogar aquí. Estamos esperando”, dijo Bennett. Luego envió un mensaje directo a Buenos Aires: “Hago un llamado al Gobierno de Argentina para que tome una posición muy clara en palabras y acciones: los criminales que hicieron esto deben ser encontrados y llevados ante la justicia”. El presidente Macri se refirió al tema con frases de repudio y promesas de acción.

De algo no cabe ninguna duda: la elección del objetivo no ha sido al azar. La AMIA es el corazón social y cultural de la comunidad judía en Argentina y aún resuenan los ecos del atetado terrorista que destruyó su sede en 1994 y dejó 85 muertos. La justicia argentina acusó a Irán por el ataque, pero sus responsables siguen impunes.

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