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Cae en Argentina un jefe narco de 18 años que ensangrentó Rosario

Alan Funes integra una de las familias que se disputan el control del sur de la ciudad más afectada por la violencia de sicarios

Operativo de seguridad para detener a Alan Funes.
Operativo de seguridad para detener a Alan Funes.

Alan Funes, de 18 años, celebró la llegada de 2018 con una ráfaga de tiros al aire con una ametralladora desde la casa de su abuela en el sur de la ciudad argentina de Rosario, donde cumplía prisión domiciliaria por un homicidio cometido en 2016. El festejo se viralizó en las redes sociales, pero cuando la policía fue a buscarlo, se había escapado. Después de tres semanas de búsqueda, las fuerzas de seguridad capturaron este martes al adolescente, considerado por el Gobierno provincial uno de los cabecillas de las bandas criminales involucradas en la venta de drogas en esta ciudad, la tercera más grande de Argentina.

"Luego de trabajos de investigación detuvimos hace instantes a Alan Funes, que estaba aterrorizando a Rosario e intentando dominar territorio", anunció a través de las redes sociales la ministra argentina de Seguridad, Patricia Bullrich. Su homólogo provincial, Maximiliano Pullaro, definió a Funes como "un delincuente muy peligroso", aunque remarcó que los asesinatos atribuidos a integrantes de su familia tienen más que ver con ajustes de cuentas que con el negocio del narcotráfico.

"No digo que no puedan tener, en algún caso, con la venta de drogas pero en todo caso es micro tráfico, muy distinto a lo de Los Monos que lavaban su dinero con la venta de vehículos", dijo Pullaro a EL PAÍS días atrás, en referencia a la banda narco desarticulada en 2013. Los Funes están en guerra con los Caminos, otra banda del sur de Rosario, desde 2009, cuando fue asesinado Pimpi Caminos, exjefe de la barra brava de Newell's. El 9 enero fue asesinado Ulises Funes, hermano de Alan, desde un coche y una semana después una bala se cobró la vida de Marcela Díaz, hermana de Ariel Tubi Segovia, quien desde la cárcel había ordenado matar a los Funes.

Rosario es una de las ciudades más ricas del país, pero también la más violenta. En 2013 se registró un récord de 264 homicidios y la cifra ha ido en descenso desde entonces, pero ahora han vuelto a saltar todas las alarmas: en los primeros 23 días del año se han registrado 16 muertes violentas y el enfrentamiento entre los Funes y los Caminos sólo explica algunas de ellas.

"Hay narcomenudeo, sí, pero no es la causa principal, porque el negocio (del narcotráfico) funciona mejor sin muertes. La mayoría de homicidios tiene una fuente clara, que es la violencia interpersonal de jóvenes en situación de exclusión que construyen identidad por pertenencia a bandas, más la presencia de armas en el territorio, más policía vinculada al delito", dice por teléfono Enrique Font, profesor titular de Criminología de la Universidad Nacional de Rosario.

Corrupción policial

Font destaca que para disminuir la violencia son necesarias políticas de prevención en los barrios más vulnerables de Rosario y una reforma policial en profundidad, ya que "la policía de Santa Fe, junto a la de Buenos Aires, es la más corrupta, la más vinculada al delito y la más violenta".

Con 30 puertos en sus alrededores y cinco rutas que conectan con fronteras, Rosario es un punto neurálgico en la ruta de las drogas, tanto de entrada por el norte del país, como de salida, hacia Europa. Tras la caída de Los Monos, otros clanes mucho más pequeños se disputan el territorio, pero la policía sigue involucrada en un negocio multimillonario. El propio ministro de Seguridad santadesino reconoce la corrupción institucional y da cifras: sólo en 2017, 200 policías fueron destituidos, 700 pasados a disponibilidad y 3.000 sancionados. Todos los anteriores jefes de la policía de esta provincia están en la cárcel o investigados por presunta colaboración con las bandas.

"Tenemos controlada la zona y la violencia. Cuando detengamos a Alan y a los que quedan de los Camino esto va a estar resuelto", prometía Pullaro días atrás. Otros creen que, de disminuir la violencia, sólo lo hará temporalmente.

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