Análisis

Europa se está llenando de ‘aldeas galas’

Crece la resistencia en Europa al imperio del libre comercio de la Unión Europea

Manifestación contra los acuerdos de la UE con EE UU y Canadá, este sábado en París.FRANCOIS GUILLOT (AFP)

Al igual que en los cómics de Astérix, crece la resistencia en Europa al imperio del libre comercio de la Unión Europea. La última aldea gala que se ha levantado en armas ha sido la región belga de Valonia, cuyo Parlamento acaba de vetar el CETA, el acuerdo comercial entre la UE y Canadá. Este rechazo a una mayor globalización se une a movimientos similares, siendo el más significativo el de la aldea inglesa que con ...

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Al igual que en los cómics de Astérix, crece la resistencia en Europa al imperio del libre comercio de la Unión Europea. La última aldea gala que se ha levantado en armas ha sido la región belga de Valonia, cuyo Parlamento acaba de vetar el CETA, el acuerdo comercial entre la UE y Canadá. Este rechazo a una mayor globalización se une a movimientos similares, siendo el más significativo el de la aldea inglesa que con el Brexit ha proclamado su intención de independizarse de la UE.

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Al igual que en el Imperio Romano, las élites empiezan a estar frustradas con estas revueltas populares. No entienden por qué la gente se opone a la expansión del comercio y la inversión, cuando son fuentes de modernidad, progreso y bienestar. No les falta razón. El europeo medio de hoy está anclado en el siglo pasado. Se aferra a poder tener un trabajo de por vida y una jubilación antes de los 65 años y ve con pavor la llegada de nuevas tecnologías y la competencia china.

Después de las dos sacudidas provocadas por la crisis financiera mundial y la del euro, el tejido social europeo ha cambiado. El eje electoral tradicional de izquierda-derecha está siendo sustituido por los nativistas sedentarios frente a los cosmopolitas globalizadores, y cada vez hay más de los primeros y menos de los segundos, y eso en una democracia cuenta.

Muchos en Europa, sobre todo en el medio rural del interior y en los viejos cinturones industriales temen perder su identidad y estatus, y se resisten al cambio. No es una coincidencia que la aldea de Valonia rechace el CETA. Le va peor que a la aldea flamenca que gracias al puerto de Amberes ha sabido aprovechar la ola de la globalización. Frente a esto, ¿qué deben hacer las élites? Igual que los romanos, ¿pasar por encima de la resistencia y avanzar hacia delante? Eso sería un error. Solo crearía más aldeas galas. El líder de Valonia, Paul Magnette, tiene razón cuando dice que las negociaciones del CETA han sido demasiado secretas para el Siglo XXI. Y las ONG también están en lo cierto cuando alegan que el poder de influencia de las multinacionales es mucho mayor que el de la sociedad civil.

En el futuro habría que incorporar mucho más a los actores sociales en las negociaciones y darle más poder al Parlamento Europeo como garante democrático del proceso (en el CETA ya ha introducido cambios muy positivos, por ejemplo). Pero eso significaría construir una Europa Federal. La pregunta es qué hacer hasta entonces. Si la UE no puede firmar un tratado de libre comercio con Canadá, el país que más se parece a Europa, porque tiene que ser ratificado por 40 parlamentos, entonces perderá toda credibilidad como actor global. Eso sería grave porque aunque la mayoría de los europeos quieren pertrecharse en sus pequeñas aldeas, la globalización (sobre todo la tecnológica) no va a dejar de llamar a sus puertas.

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