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Perdimos nuestra juventud en Malasaña

Con el cierre de la librería madrileña Tipos Infames nos roban la idea de que las librerías (y los libros) son algo más que un negocio

Cierra Tipos Infames, una librería de la calle de San Joaquín de Madrid, en el barrio de Malasaña. No sé si toda España la conoce, pero el hecho es que en cuanto Alfonso y Gonzalo, los libreros, soltaron la bomba en Instagram, la noticia local se convirtió en nacional. Solo su post tiene ya más de 4.000 comentarios. Lo sentimos por los Tipos pero también (¿puede que más?) por nosotros. Es un dolor íntimo y no lo provoca (desde luego no solo) el cierre de un negoc...

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Cierra Tipos Infames, una librería de la calle de San Joaquín de Madrid, en el barrio de Malasaña. No sé si toda España la conoce, pero el hecho es que en cuanto Alfonso y Gonzalo, los libreros, soltaron la bomba en Instagram, la noticia local se convirtió en nacional. Solo su post tiene ya más de 4.000 comentarios. Lo sentimos por los Tipos pero también (¿puede que más?) por nosotros. Es un dolor íntimo y no lo provoca (desde luego no solo) el cierre de un negocio local. ¿Acaso fue Tipos Infames un negocio alguna vez? La sensación es que si Tipos Infames se ve obligada a cerrar es que nos borran definitivamente del mapa, que nos quitan lo que fue nuestro, empezando por la idea de que las librerías (y los libros) no son únicamente un negocio. Es el cierre de una librería, pero también el de un barrio y el de una ciudad, el de una forma de entender la cultura y los libros. Y da mucha pena.

Hace ya muchos años, cuando en las casas había más bolsas de plástico que tote bags, el trío fundacional de estos Tipos Infames (Alfonso Tordesillas y Gonzalo Queipo, junto a Francisco Llorca, hoy editor de Las Afueras) diseñó una bolsita de tela que decía “Perdimos nuestra juventud en Malasaña”. En la cara b se leía “Tipos Infames, libros y vinos”. Entonces quienes nos colgábamos la bolsa al hombro teníamos como 10 o 15 años menos, éramos jóvenes de verdad. Hoy la frase no suena a promesa sino a una sentencia. Y aquellos Tipos, como si cumplieran un riguroso contrato, se marchan. No podemos seguir perdiendo la juventud en Malasaña por la gentrificación, ya lo sabemos, pero también (y esto duele tanto o más) porque nuestra juventud ya la perdimos.

Tipos Infames nació en un barrio gentrificado. Corría el año 2012 y el diario.es criticaba el fenómeno cuando a los neófitos nos parecía que estábamos mejorando la ciudad: “Ahora en San Joaquín encontramos un taller escuela de encuadernación, un par de tiendas de lo más modernas, una librería donde se sirven vinos…”. Tipos fue una librería guay desde que nació, hija inocente de la gentrificación, la más moderna y la más hipster. Se va y no es que no vaya a haber nuevas librerías en el centro, vendrán otras más modernas, y sus dueños serán de otras generaciones y tendrán su ética y su liturgia, su forma de contar y vender libros. Todo vacío crea un espacio nuevo y esto es lo propiamente urbano. También humano. Pero ese nuevo espacio, no lo olvidemos, contiene ya para siempre el anterior. Por eso, y a pesar de la pena, es hora de celebrar la historia que Tipos Infames deja escrita.

Una narración es un espacio cambiante que se proyecta a lo largo del tiempo y lo bueno que tiene es que siempre estará ahí, incluso cuando desaparecen los lugares. Los tiempos se van superponiendo unos sobre otros, y todos los tiempos están en uno, la memoria de una no solo conoce lo que es ahora, sino que recuerda también lo que estuvo antes. Por eso la pérdida de un espacio protagonista como Tipos Infames es dolorosa para quienes lo habitamos, pero también es la forma en que la ciudad construye su propia historia. Y ahora ellos, que recogieron las historias de tantos, han escrito la suya, la de la ciudad, que no es otra cosa que la memoria en el tiempo. Fueron buenos libros, buenos tiempos, buenos vinos. Buena suerte, tipazos.

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