Madrid no es Miami
No queremos un Madrid donde miles de personas se tengan que marchar cada año porque no pueden permitirse el lujo de vivir en él: rentas altas que vienen y vecinos que se van. Ese es el gran reemplazo del que nunca nos habla la derecha
El Gobierno del PP se dedica a erosionar las instituciones, degradar la democracia y tensar la convivencia. Y la convivencia es un bien precioso que, como tantas cosas importantes en la vida, solo se valora de verdad cuando se pierde. No debemos caer en su juego provocación y es mejor centrarnos en lo que de verdad importa a la ciudadanía: resolver los problemas reales del pueblo de Madrid.
Conviene hacerse algunas preguntas. ¿Cómo puede ser que, presumiendo de ser la comunidad más rica de España, tengamos 140.000 niños ...
El Gobierno del PP se dedica a erosionar las instituciones, degradar la democracia y tensar la convivencia. Y la convivencia es un bien precioso que, como tantas cosas importantes en la vida, solo se valora de verdad cuando se pierde. No debemos caer en su juego provocación y es mejor centrarnos en lo que de verdad importa a la ciudadanía: resolver los problemas reales del pueblo de Madrid.
Conviene hacerse algunas preguntas. ¿Cómo puede ser que, presumiendo de ser la comunidad más rica de España, tengamos 140.000 niños sin pediatra asignado, que cada vez más personas se vean empujadas a contratar un seguro privado de salud, que seamos la región donde más esfuerzo económico hacen las familias en la educación, o donde más crece el precio de la vivienda? ¿Por qué tenemos la mayor brecha entre salario medio y salario mediano? ¿Y por qué el Gobierno perdona miles de millones en impuestos a quienes tienen patrimonios millonarios, mientras los servicios públicos, como la universidad o los bomberos, siguen infrafinanciados?
Y, sobre todo, ¿cómo es posible que todo esto ocurra mientras la presidenta elude cualquier responsabilidad y dedica su tiempo a la crispación, el insulto y el enfrentamiento?
El modelo del PP no es ningún misterio: quieren que Madrid sea como Miami. Un lugar con impuestos mínimos para unos pocos y enormes desigualdades para la mayoría de los ciudadanos. Un lugar donde quien tiene dinero accede a los mejores colegios y hospitales y quien no lo tiene queda relegado a servicios saturados y deteriorados. Ese es su referente.
El nuestro es otro muy distinto: un Madrid donde todo el mundo pueda vivir bien. No queremos un Madrid donde miles de personas se tengan que marchar cada año porque no pueden permitirse el lujo de vivir en él: rentas altas que vienen y vecinos que se van. Ese es el gran reemplazo del que nunca nos habla la derecha. Tener que marcharse del lugar donde uno tiene sus vínculos, su entorno social y familiar es la fuerza motriz que está transformando nuestras costumbres y nuestro modo de vida, no los trabajadores inmigrantes, que ayudan a levantar este país y que algunos quieren usar como chivo expiatorio para enfrentar a los penúltimos con los últimos y así blanquear a los primeros. Están vendiendo Madrid con la gente dentro, y el malestar que eso genera lo tratan de canalizar hacia los más débiles.
Todo ese sufrimiento es innecesario. Tenemos una comunidad maravillosa y sería mucho mejor si consiguiera aprovechar el potencial que hoy se despilfarra por culpa de la desigualdad. La desigualdad significa falta de libertad para una mayoría y exceso para una minoría. Unos no se pueden permitir casi nada porque a otros se les permite casi todo. La desigualdad es desigualdad de riqueza, de poder y de libertad. Necesitamos, y podemos, redistribuir las oportunidades. Vamos a ello.