Aire fresco en el ‘scroll’ infinito
Gente leyendo en el metro es una de esas cuentas de X que demuestran que aún quedan perfiles que valen la pena
Sales de trabajar con la cabeza echa un bombo. Te diriges como un autómata a tu casa. Las piernas se mueven solas porque conocen el camino. El cerebro las ha olvidado, está ocupado en darle vueltas a esa conversación... “Le tenía que haber contestado...”. “¿No se dará cuenta de que siempre es lo mismo?”.... Los pensamientos se agolpan mientras lo único que quieres es desconectar. Por fin te sientas en el metro, llevas todo el día sentada, pero sientes que por fin te sientas, no haces nada o lo que es lo mismo, haces scroll infinito. Mucho ruido en la pantalla: llevamos unas semanas en las que parece que hay quien quiere cerrar una librería con sus dueños dentro, meter a algún escritor que otro y tirar la llave al Manzanares. ¿Cómo era aquello de “he venido a hablar de mi guerra”? Parece que todo el mundo tiene algo que decir, bueno, que tuitear. En la vida real, en los mercados de barrio, en las puertas de los institutos, en el atasco mañanero de la M-30, en el transbordo de Diego de León, todos esos tipos son insignificantes, incluido el incontinente verbal dueño de X.
Regresemos a ese “por fin te sientas”, absorta en tus pensamientos, algo te distrae, sin querer estás leyendo los whatsapp de tu compañero de asiento y, queriendo, continúas haciéndolo, ya no puedes dejar de mirar. Exactamente igual si lo que lleva entre las manos es un libro, lees alguna frase, intentas averiguar cuál es, disimulas... Todos tenemos algo de voyeur. Así surgió la cuenta de Twitter Gente leyendo en el metro (@leyendoenmetro, con 16.431 seguidores). Sí, Twitter, tanto Luis Alonso, quien la creo y la lleva ―junto con su hermano Nacho―, como la que escribe se resisten a llamarlo X. Alonso es un madrileño de 31 años que hace del scroll infinito un lugar mejor. Sus publicaciones son una ventana por la que entra aire fresco: sencillas, naturales, inofensivas. Para quien le gusten, y a mí me gustan, son como esas películas en las que no ocurre nada, solo pasa la vida, pero te sientes tremendamente identificada, podrías ser tú. De hecho, te gustaría ser tú quien un día apareciera en Gente leyendo en el metro.
El nombre del perfil se explica solo. Cada uno de sus tuits es la fotografía de un lector o lectora en cualquiera de los vagones, estaciones, líneas o espacios del suburbano madrileño, en ellas siempre aparece la portada del libro, protagonista de la imagen. Alonso procura que no salgan los rostros de los retratados. Por tanto, más que gente leyendo en el metro podría ser @LibrosLeídosEnElMetro. Acompaña a la imagen el título y el autor de la obra. Nada más. Sin pretensiones, solo una buena idea. De una forma totalmente desenfadada se generan conversaciones entre lectores, se ofrecen recomendaciones literarias, se rememoran historias leídas. Una cuenta sobre libros en la que hay pocas palabras, mucha literatura y, lo que es más importante, ¡lectores! A ver si va a ser que no todo lo que aparece en esa extensión de nuestra mano que es el móvil viene de un siniestro universo de tinieblas.
Alonso, después de años de observación ―creó la cuenta en 2023―, no puede sacar un perfil tipo del lector del suburbano. Dice que es variopinto: “Más tirados, más arreglados...”, mujeres y hombres de todas las edades (una de las instantáneas a la que más cariño tiene es en la que se ve a un señor mayor con la Guía del usuario del iPhone 16 pro para personas mayores y principiantes). Él mismo es uno de esos lectores, como tantísimos madrileños pasa mucho tiempo en el metro, lo aprovecha para leer, siempre en papel, como los libros de sus tuits. Puede interrumpir su lectura para hacer alguna foto para alimentar su banco de imágenes, una conversación de whatsapp con su hermano donde comparten las fotos que toman. Suele fantasear sobre cómo es la gente a quien retrata. Dime con qué libro andas y te diré quién eres. Cree que alguna vez le han pillado robando una foto y, aunque nunca le han dicho nada, siente algo de pudor porque a él no le gustaría ser el capturado. Hay mucho de naturalidad y de empatía en esta cuenta de Twitter (llámalo X), haberlas haylas, y eso también se puede reflejar en los tan denostados móviles, esas maquinitas que nos roban más horas que el metro.
Pero hagamos scroll hacia arriba, a ese trayecto en metro después del trabajo, a ese scroll infinito lleno de ruido y ponzoña ―por eso hay que proteger a los menores― en el que a veces hay ventanas a los libros, a la belleza. De repente, un sonido atronador: niños y mayores aterrados, gente corriendo por calles nevadas, agentes del ICE descendiendo de vehículos de dimensiones no europeas sometiendo a vecinos de Minneapolis, disparos a un hombre ―Alex Pretti― con un móvil en la mano grabados por otros que no sueltan el móvil. Hay que tener valor para seguir ahí y mostrarlo, solo queda agradecerlo y pedir que resistan.
El móvil como arma de doble filo: la que muestra la verdad, la que acerca a las más sucias y peligrosas mentiras.
X como red que roba ratos de lectura, entre todo lo que nos quita; y como plataforma que reúne a gente leyendo en el metro, entre algo de lo que nos da.