Sendero Luminoso en el ‘coworking’

A veces unas mismas ideas puede servir para engrasar diferentes tipos de fanatismo

Las oficinas de Decollab, un espacio de 'coworking' en Madrid.Jaime Villanueva

Con la reciente muerte de Abimael Guzmán, líder de la sanguinaria guerrilla Sendero Luminoso, recordé el coworking que solía frecuentar en el centro de Madrid. Era un lugar moderno y diáfano, en el que resonaban palabras como sinergia, emprendimiento o disrupción. Algunas mañanas se alquilaban espacios a grandes empresas, cuyos empleados venían a conocer los aires de lo cool, a tomar mini cruasanes con café y cursos sobre liderazgo y cosas por el estilo. En uno de es...

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Con la reciente muerte de Abimael Guzmán, líder de la sanguinaria guerrilla Sendero Luminoso, recordé el coworking que solía frecuentar en el centro de Madrid. Era un lugar moderno y diáfano, en el que resonaban palabras como sinergia, emprendimiento o disrupción. Algunas mañanas se alquilaban espacios a grandes empresas, cuyos empleados venían a conocer los aires de lo cool, a tomar mini cruasanes con café y cursos sobre liderazgo y cosas por el estilo. En uno de esos cursos, que yo veía desde el otro lado de un cristal, el coach dejó escrita durante toda la sesión una frase: “Nada es imposible”.

La “guerra popular” iniciada por Sendero Luminoso, que intentó tomar el Perú machete en mano esparciendo la chispa del maoísmo, dejó unos 70.000 muertos. Los miembros de Sendero, sobre todo su cúpula, destilaban un salvaje fanatismo y culto al líder, también conocido como presidente Gonzalo, “la cuarta espada del comunismo”, después de Marx, Lenin y Mao.

Una vez, leyendo sobre Sendero Luminoso, encontré una foto de un nutrido grupo de presas senderistas realizando desfiles en el patio de prisión para mantener arriba la moral revolucionaria. Marchaban con gran orden, haciendo vistosas figuras con banderas rojas, perfectamente uniformadas. En los altos muros del presidio se veía un mural con la efigie de Guzmán y un eslogan revolucionario: “Nada es imposible”, un verso de Mao, justamente el mismo que se utilizaba en las sesiones de coaching empresarial.

El mito del emprendimiento en el capitalismo neoliberal y la guerrilla extrema maoísta en el Perú no tienen mucho que ver, son, más bien, cosas diametralmente opuestas, pero hete aquí que utilizan los mismos eslóganes de pensamiento positivo. Lo curioso es que el eslogan es falso. No es cierto que nada sea imposible, ni siquiera que nada sea imposible si te esfuerzas lo suficiente, ni siquiera que el Universo conspire para realizar tus sueños (si el Universo conspira para algo es para que mueras). De hecho, el ámbito de la imposibilidad es mucho mayor que el de la posibilidad: la vida transcurre dentro de los estrechos límites de las cosas que pueden ser. Por eso cuando aparece un nuevo sabor de refresco o una nueva droga recreativa muchos se ponen muy contentos.

Se ha dicho que el marxismo revolucionario tiene tintes de fe religiosa, la creencia de que es preciso seguir unos pasos para llegar al fin supremo de la sociedad sin clases, pero no menos que el emprendimiento, el libre mercado, la cultura del esfuerzo o la meritocracia, donde soñamos con alcanzar el éxito. Tanto los emprendedores como los guerrilleros saben que sus objetivos pueden caer dentro del ámbito de la imposibilidad, por eso se les adoctrina con fórmulas de pensamiento mágico para que no tiren la toalla y sigan girando en la rueda del hámster, dando lo máximo, rompiendo sus límites, generando un impacto, el que sea, en el mundo.

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