El esqueleto de la central nuclear de Lemoiz criará lenguados
El Gobierno vasco y el grupo valenciano Atitlan transformarán la antigua planta en un complejo acuícola
Las gaviotas y la vegetación han colonizado el inmenso esqueleto de hierro y hormigón levantado en la segunda mitad del siglo pasado en la cala Basordas, entre verdes acantilados y frondosos bosques. La tétrica estampa de la vieja central nuclear de Lemoiz (Bizkaia, 1.300 habitantes) tiene ya los meses contados. El Gobierno vasco, propietario de estos terrenos, ha anunciado oficialmente que esta infraestructura que nunca llegó a entrar en funcionamiento se transformará en una gran piscifactoría después de un largo y discreto proceso de análisis.
El complejo de 170 hectáreas no era apto para cualquier uso. El derribo de sus edificios y torres de refrigeración, compuestos por mil toneladas de hierro y ocho millones de metros cúbicos de cemento, resultaba inviable por factores económicos, logísticos y urbanísticos. Estas estructuras, junto a su acceso directo al agua de mar, han permitido identificar a la fallida central nuclear como un lugar “óptimo” para una actividad acuícola. En este emplazamiento, se criará y engordará lenguado.
El proyecto contempla una inversión público-privada estimada en 170 millones de euros en tres fases de desarrollo a lo largo de 10 años. La primera está prevista para su construcción a partir del próximo año. En este sentido, ya han comenzado las obras de reparación del dique exterior, un elemento clave para la protección marítima. El inicio de la cría de los primeros ejemplares de este pescado blanco será en 2029, mientras que su llegada al mercado se estima en torno a 2031, en línea con los ciclos biológicos de la especie. La producción alcanzará las 3.000 toneladas anuales y generará unos 200 empleos directos.
Una cadena integral
La empresa adjudicataria desarrollará “un proyecto integral, que abarca gran parte de la cadena de valor del proyecto, desarrollo, genética, cría, engorde, preparación y transformación del lenguado”, según ha enumerado el lehendakari Imanol Pradales durante la presentación de esta iniciativa en la propia planta de Lemoiz. “Su producción nace con vocación de seguridad alimentaria y exportadora, y nos permitirá disponer de los primeros lenguados made in Euskadi para el año 2030”.
En la parte privada participa Sea Eight, referente en la producción de lenguado e integrada en el grupo valenciano Atitlan. Su consejero delegado, Aritza Rodero, ha destacado que “el proyecto de Basordas combina la visión por levantar un complejo de referencia internacional con la apuesta del Gobierno vasco por fortalecer el tejido industrial y social de Euskadi”. La compañía destaca, además, que existen “sinergias de gran valor” con el ecosistema de innovación e investigación local.
No es la primera plataforma que esta empresa opera en la península. Tiene otras cuatro repartidas en Asturias, Pontevedra o Portugal. Los responsables de este nuevo proyecto esperan que aporte “estabilidad al suministro y refuerce la competitividad de la industria alimentaria española”. Es más, subrayan que tendrá un impacto significativo en la generación de empleo cualificado con perfiles vinculados a I+D, áreas técnicas, gestión y servicios auxiliares.
Pradales enmarca la iniciativa como “puerta de entrada” a la economía azul, un sector clave para la soberanía alimentaria, la descarbonización o la protección de la biodiversidad, tal y como establece la Unión Europea. La proteína de pescado es cada vez más demandada y la acuicultura es una de las formas más eficientes de producir pescado sin agotar los recursos de los océanos.
Un pasado marcado
La piscifactoría pondrá fin a la historia oscura de la central. Sus dos reactores nunca llegaron a recibir uranio, pero su construcción estuvo repleta de polémica desde la colocación de su primera piedra en 1972. Un amplio espectro de la sociedad vasca se mostró en contra de la central, que se agudizó con varios atentados cometidos por ETA y en los que fueron asesinados cinco trabajadores vinculados con la planta. Una sexta víctima mortal se produjo en Navarra tras recibir disparos por parte de la Guardia Civil en una manifestación antinuclear.
“Es una herencia incómoda y muy compleja que nos corresponde gestionar”, ha calificado el lehendakari en esta presentación en la que la prensa no ha podido preguntar.