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Sánchez y Feijóo: del “España va como nunca” al “país ingobernable”

Álvarez de Toledo se hace eco de rumores desmentidos sobre la salud del presidente y juega con la insinuación de un pucherazo

Pedro Sánchez, este miércoles durante la sesión de control.Foto: Claudio Álvarez | Vídeo: EPV

No es que en el Congreso se exhiban dos Españas, es que allí entran en colisión dos universos alternativos: uno, idílico; el otro, de pesadilla. Agarra el micrófono el líder de la oposición y recorre el hemiciclo un llanto y crujir de dientes apocalíptico, una sucesión de apagones, catástrofes ferroviarias, supuestos favores al terrorismo, corrupciones y manejos turbios de toda índole. “Ha arrasado con todo”, fustigaba este miércoles Alberto Núñez Feijóo al presidente. “Su estrategia es dejar a España ingobernable”. El turno de palabra pasa entonces al jefe del Gobierno y una fanfarria triunfal resuena por todo el palacio de San Jerónimo para celebrar un país sin comparación en el Occidente entero, un país capaz de crear el triple de empleos que Estados Unidos y el doble que la zona euro. Levitando sobre esa nube, Pedro Sánchez deja corto aquel “España va bien” de José María Aznar: “España va como nunca”. Apostillado con una pizquita de ponzoña: “España va como nunca… y ustedes mienten como siempre”.

Hay momentos en que el hemiciclo de este Congreso, siempre exaltado e hiperbólico, resulta casi indistinguible de un aula gamberra de Secundaria. Sánchez se ha aficionado a dirigirse a Feijóo con displicencia, adornado de un burlesco aire de superioridad que le llevó este miércoles a mofarse de que el líder de la oposición trajese escrita y leyese una intervención con una “sarta de mentiras, bulos e infamias”. “Me lo imagino leyéndolo delante del espejo”, se regocijó el socialista entre risas y aplausos de los suyos. “Para una cosa que tiene que hacer en toda la semana…”. Cuando, a renglón seguido, el presidente respondía a la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, el ambiente colegial se apoderó por completo de las venerables paredes del anfiteatro de San Jerónimo. Sánchez asió un papel para consultar algunas cifras de inversiones en Cataluña, y las burlas, los gritos y los abucheos brotaron entonces de los escaños del PP, prestos a vengar a su líder y subrayar que el presidente también leía. El alboroto obligó a Sánchez a detenerse. Hasta que intervino Francina Armengol, la presidenta: “¡Señorías, un respeto, por favor!”.

Entregados unos y otros a las realidades paralelas, en este Congreso se puede pregonar la mayor enormidad sin necesidad de justificación ni prueba. La popular Cayetana Álvarez de Toledo, en su habitual duelo con el ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, se hizo eco de una información tan insistentemente difundida por los medios del periodista Federico Jiménez Losantos como rotundamente desmentida por La Moncloa. La diputada disparó: “¿Tiene el presidente del Gobierno un problema de salud?”. Y como el verbo de la jornada era “desclasificar”, repetido por los populares para restar cualquier importancia a la desclasificación de los papeles del 23-F, Álvarez de Toledo conminó a Bolaños con ese timbre de autoridad que acostumbra: “Desclasifiquen su historial médico”.

El ministro entró al choque con todo: “Cuando uno piensa que la señora Álvarez de Toledo ha llegado al límite de la bajeza moral, se da cuenta de que siempre hay un escalón que está más abajo”. Antes, la diputada popular, sin otro argumento que su propia palabra, había presentado como una verdad incontrovertible que Sánchez “amañó” las dos elecciones primarias que le otorgaron el liderazgo del PSOE. El siguiente paso fue lanzar la insinuación de un próximo pucherazo: “No hay dos sin tres”.

Feijóo había abierto la sesión de control jugueteando con el verbo “desclasificar” para exigir al Gobierno información sobre apagones, accidentes y escándalos. Luego le añadió una dosis de sarcasmo: “Solo le falta convencernos de que el golpe lo paró usted”. Lo completó con una rebuscada comparación: el 23-F había un presidente que combatía el terrorismo mientras que el de ahora “excarcela etarras”. Aseguró que si llega al Gobierno hará público todo lo que encuentre de Sánchez “antes de 45 días”. El presidente se envolvió en esa sonrisa irónica con que suele desdeñar a su rival: “Pero qué desafortunado… ¿Por qué les molesta que se desclasifiquen los documentos del intento de golpe de Estado? ¿cuál es el problema?”.

El recurrente fantasma de ETA también sobrevoló la sesión por la pregunta al presidente de la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, que indignó a las bancadas de la derecha. Aizpurua exigió más desclasificaciones de documentos sobre torturas policiales o los crímenes de los GAL. Cuando apeló a que “las familias tienen derecho a conocer la verdad” o adujo que “la democracia debe conocer su pasado para construir un futuro más libre”, arreciaron las protestas. “¡Qué vergüenza!”, resonó un grito anónimo. El diputado de Vox Francisco José Alcaraz, expresidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, blandió su teléfono móvil para mostrar el número 379, el de asesinatos de ETA sin resolver.

El PP no solo va asumiendo poco a poco la agenda de Vox, también está incorporando su vocabulario. El portavoz popular en temas de energía, Guillermo Mariscal, acusó al Gobierno de “fanatismo climático”. Su compañero Jaime de Olano llevó otro asunto muy del gusto de la extrema derecha y clamó contra las subvenciones públicas a la “casta sindical”. La portavoz del grupo, Ester Muñoz, al hablar de la regularización de inmigrantes, se preguntó: “¿Cuántos delincuentes se van a colar en España?” Aparte de afirmar: “Lo que me daría vergüenza es que alguien pudiera pensar que soy de izquierdas”.“Lo que le debería dar vergüenza es pactar con la ultraderecha”, le retrucó la vicepresidenta primera, María Jesús Montero.

Olano se había lanzado contra la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, para cuestionar: “¿A quién representa usted?” Con gran vehemencia, ella enfatizó: “Represento a la dignidad de los trabajadores de este país”. Los diputados de Sumar se levantaron en una estruendosa ovación. “Me ha sonado a despedida”, intuyó el secretario general del PP, Miguel Tellado. Poco más de una hora después, Díaz anunciaría su renuncia a seguir liderando ese espacio político.

La sesión mostró las curiosas coincidencias entre los dos extremos políticos de la Cámara. Vox, cada vez más lanzado a presentarse como la auténtica voz del pueblo, denunció ante Montero por boca de José María Figaredo: “Al Ibex le va muy bien, pero al españolito de a pie le va cada vez peor”. La siguiente en interpelar a la vicepresidenta era la líder de Podemos, Ione Belarra, y su intervención constituyó un ataque feroz a los “beneficios desorbitados del Ibex 35”.

Las menciones a los acuerdos del PP con Vox fueron, como siempre, continuos en las respuestas del Gobierno. La del ministro Bolaños logró arrancar carcajadas en el hemiciclo y en las tribunas de espectadores al aleccionar a Tellado: “Van a perder hasta la camisa. Se van a quedar en paños menores. ¡Ahórrennos esa imagen!”.

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