La ley del silencio se impone en Oxford ante los casos de acoso: “Soy un chico malo”, dijo un profesor tras bajarse los pantalones
Numerosas mujeres denuncian presuntas agresiones sexuales o violaciones, mientras la institución arrastra los pies en su investigación
Los responsables de la la Universidad de Oxford celebraron en septiembre una reunión en la escuela de negocios de la institución con el objetivo de cerrar unos meses difíciles y abrir un nuevo capítulo. En agosto, una investigación de cinco meses realizada por la universidad sobre el director de Said Business School, Soumitra Dutta, confirmó tres acusaciones de acoso a una profesora. La gestión de la investigación por parte de la institución académica generó ansiedad e ira entre el personal, según al menos cinco personas con conocimiento de la situación.
Irene Tracey, vicerrectora de la universidad, y Mette Morsing, nombrada decana interina tras la renuncia de Dutta, prometieron introducir mejoras. Sin embargo, a las pocas semanas de la repentina salida de Dutta, otro profesor, John Tasioulas, presentó su dimisión como director del Instituto de Ética en IA. Oxford había estado investigando acusaciones de acoso contra él desde abril, según fuentes y documentos revisados por Bloomberg.
Preguntados, ninguno de los dos acusados, ambos de unos 60 años, quisieron hacer declaraciones. Por su parte, la universidad se escudó en que no podía comentar casos individuales. Aunque las mujeres que testificaron en las investigaciones piensan que los resultados son victorias significativas, el historial de Oxford frente a los casos de acoso ha sido, como mínimo, accidentado.
Varios hombres han permanecido en puestos directivos en la universidad tras las acusaciones de conducta sexual inapropiada, según ha comprobado Bloomberg en una investigación que duró nueve meses basada en entrevistas con casi 50 personas, documentos y otros registros.
Oxford está formada por más de 40 colegios y residencias y una administración central supervisada por el rector. Varios académicos de New College, uno de sus centros más famosos, son conocidos entre sus colegas por su comportamiento depredador hacia el personal femenino y las estudiantes de menor antigüedad. Eso se une a que en lugares como el Balliol College se han conocido prácticas de protección deficientes y un trato poco comprensivo hacia las presuntas víctimas.
Siete mujeres han denunciado a Bloomberg presuntas violaciones o agresiones sexuales en la universidad en los últimos cinco años, mientras que más de 30 describen experiencias directas de acoso o intimidación en los últimos 20. Este año, Oxford ha enfrentado al menos dos casos legales relacionados con el acoso. Sin embargo, varios de los acusados siguen empleados en la institución.
Varias denuncias
Oxford —una de las universidades más antiguas y famosas del mundo— ha tardado repetidamente en actuar contra profesores varones influyentes acusados de comportamiento inapropiado. Las víctimas critican que en muchos casos la institución solo actúa tras varias denuncias. Además, los resultados de las investigaciones internas suelen mantenerse en secreto, lo que permite que los infractores se trasladen a otras universidades con su reputación intacta. Dos mujeres afirmaron que Oxford había violado su privacidad en relación con sus denuncias de acoso y muchas señalaron que la universidad estaba más preocupada por la imagen pública de los acusados que por el bienestar de las presuntas víctimas.
Los desequilibrios de poder, la intimidación y el acoso sexual no son problemas nuevos para el sector universitario. Y la gestión de quejas implica una compleja combinación de preocupaciones de seguridad y privacidad. Sin embargo, algunos problemas son particularmente graves en Oxford, que es uno de los mayores receptores de donaciones entre las universidades del Reino Unido —con contribuciones de 263 millones de libras, unos 298 millones de euros, en el curso 2023-24, su mayor suma hasta la fecha—. Entre los donantes destacados figuran Stephen Schwarzman, presidente del gigante del capital riesgo Blackstone, y el multimillonario tecnológico Larry Ellison, dueño de Oracle.
La generosa financiación significa que los dirigentes de Oxford y de su rival académica, la Universidad de Cambridge, están particularmente interesados en proteger la reputación de los centros, según Wyn Evans, profesor de Cambridge que pilota el Grupo 21, que hace campaña contra el acoso y la intimidación en el ámbito académico. “No quieren que sus poderosas marcas queden manchadas ante los ojos de ningún donante”, dijo.
Las dos universidades históricas comparten otras características. Oxford cuenta con unos 43.000 empleados y estudiantes, mientras que Cambridge tiene unos 38.000, lo que significa que cualquier problema sistémico afecta muchas personas. Además, cada una tiene una estructura colegiada que puede dificultar la rendición de cuentas de los acosadores. Su prestigio y su influencia en la sociedad también pueden obstaculizar el pronunciamiento de las víctimas.
Sin embargo, Oxford ha sido más lenta en reformar sus procesos de denuncia de irregularidades que Cambridge y otras grandes universidades: solo introdujo su sistema de “denuncia y apoyo” para presentar denuncias anónimas en 2024, años después de Cambridge, la Universidad de Manchester, la de Edimburgo y el University College de Londres.
Últimamente Oxford ha logrando algunos avances, como la implantación de procedimientos disciplinarios mejorados y más claros para los estudiantes desde septiembre. Pero hasta ese momento, muchas denuncias graves de conducta sexual inapropiada no se investigaban internamente a menos que la víctima también hubiera denunciado a la policía.
En una declaración realizada a Bloomberg bajo el paraguas de la Ley de Libertad de Información (FOI), que fue previa a las renuncias de Dutta y Tasioulas, Oxford reveló que 12 personas habían sido acusadas de conducta sexual inapropiada en los últimos tres años, lo que provocó la restricción de las funciones de tres de ellas y el despido de una. Cambridge registró cinco denuncias en el mismo período y tres de los acusados siguen trabajando allí.
“Nuestra solidaridad y apoyo a cualquier persona que haya sufrido acoso o mala conducta. Nos esforzamos por garantizar que Oxford sea siempre un espacio seguro para todos los estudiantes y el personal”, declara un portavoz de la universidad. “Rechazamos cualquier insinuación de que la universidad tolera el acoso o prioriza la reputación sobre la seguridad de las personas. Si bien no podemos comentar sobre casos individuales, estamos comprometidos con la mejora continua y hemos reforzado nuestro enfoque en los últimos años”, añade, señalando que la institución se toma en serio las preocupaciones y aplica procedimientos rigurosos. Las mujeres involucradas en la investigación de Tasioulas sintieron que se gestionó correctamente.
Emily Baker es una exestudiante de posgrado de Oxford que afirma haber presentado una denuncia formal tras haber sido acosada sexualmente por un miembro actual del personal en 2020. Su denuncia no fue aceptada y su presunto acosador ha sido ascendido desde entonces. Baker se sintió decepcionada al descubrir que académicos a quienes respetaba no usaban su posición para ayudar. “Decían: ‘Es horrible, pero hay que seguir adelante”, recordó. La experiencia la impulsó a abandonar sus estudios científicos y hoy se está formando para convertirse en abogada. Es una de las siete mujeres que describieron haber dejado Oxford debido al acoso. “Cuando vi cómo funcionaba el proceso, destruyó mi fe en la institución”, dijo. “Su objetivo no era conocer la verdad”.
Los colegios de Oxford son entidades jurídicas individuales. Existen acuerdos de intercambio de información entre las facultades y la administración central que permiten a las diferentes partes comunicarse los problemas. Pero, en la práctica, el enfoque a menudo parece fragmentado. Algunas personas han permanecido en sus facultades después de que su departamento les haya dado un plazo, y otras han seguido participando en actividades mientras se encontraban bajo escrutinio por irregularidades en otras áreas.
A pesar de su nombre, New College es una de las secciones más antiguas y prestigiosas de la universidad, fundada hace unos 650 años. También ha sido el hogar de cuatro académicos de alto nivel cuyo comportamiento poco profesional ha abarcado desde agresiones sexuales hasta comentarios inapropiados. La situación refleja algunas de las formas en que el sistema de Oxford y los procesos de quejas dificultan que los depredadores sexuales rindan cuentas. Tres de ellos siguen en la universidad. El cuarto es Miles Hewstone, de 69 años, un destacado psicólogo social y exmiembro del órgano de gobierno de la institución. Ha asesorado al gobierno del Reino Unido y ostenta el título honorífico de miembro emérito del New College.
Hewstone, que dejó la universidad en 2019, tocó, acosó e hizo insinuaciones sexuales no deseadas a varias estudiantes y profesoras subalternas que trabajaron bajo su dirección durante sus 18 años en Oxford. Entre otros episodios, la investigación de Bloomberg destapó que en una ocasión, Hewstone se presentó sin previo aviso en un alojamiento para mujeres y se bajó los pantalones en su presencia. Algunas afirmaron que tocó a las mujeres de forma inapropiada; hizo comentarios sobre sus relaciones con colegas y estudiantes; dio regalos que hicieron que quienes los recibían se sintieran obligados con él, y se describió a sí mismo como un “chico malo” cuando le dijeron que se había excedido.
Abandono de carreras
Muchas de las mujeres aseguraron que tenían demasiado miedo de expresar sus preocupaciones, dada la relevancia de Hewstone, que no respondió a las preguntas de Bloomberg. Un académico de alto rango explica sobre él que proyectaba una imagen pública encantadora, y que lograba mantener los problemas ocultos a las altas esferas de la universidad. Cinco personas señalaron que abandonaron Oxford para alejarse de él y algunas mujeres expresaron haber recibido poca ayuda.
Una exalumna dijo haber dado la alarma a una asesora de acoso años antes de que Hewstone fuera investigado, contándole sus insinuaciones. La asesora expresó su preocupación por la cantidad de posibles denunciantes y los problemas que esto podría causar a Oxford. Cuando le dijo que temía que Hewstone tomara represalias si llevaba su denuncia más allá, la asesora no le ofreció ningún apoyo.
Otra persona relató haber denunciado el acoso de Hewstone a otro profesor, quien simplemente sugirió maneras para que evitara estar sola con él. Una tercera mujer recordó haber rechazado explícitamente las insinuaciones de Hewstone varios años antes de que él se marchara, tras pasar meses intentando mantener una interacción profesional para conservar su puesto. Cuando solicitó un empleo en otro lugar, él le escribió una recomendación positiva, pero llamó al reclutador para advertirles que no la contrataran.
No parecía haberse tomado ninguna medida oficial hasta que Diana Batchelor, entonces estudiante de posgrado, presentó una queja formal sobre Hewstone en 2017, alegando que le había hecho comentarios inapropiados y que la había tocado. Oxford investigó el asunto, admitió parcialmente su denuncia y abrió una investigación más amplia. La universidad mantuvo la confidencialidad de sus hallazgos. “Oxford está muy rezagada”, cree un abogado que ha trabajado en varios casos de acoso en esa institución.
Puede ser especialmente difícil destituir a los miembros del órgano de gobierno de una universidad. Hewstone trabaja hoy en la UPES, una universidad privada de la India y sigue siendo miembro de la Academia Británica.
Como parte del proceso de protección de Oxford, que prohibió oficialmente las relaciones íntimas entre profesores y estudiantes en 2023, se espera que los académicos y demás empleados declaren los posibles conflictos de interés. Sin embargo, las facultades cuentan con sus propios asesores legales, lo que puede generar contradicciones y dificultar el intercambio de información. Mientras Tasioulas estaba bajo investigación y suspendido de su trabajo, continuó asistiendo a eventos en Ballio, uno de los colleges.
Las universidades también buscan donantes para su propia financiación. Por ello, “mantienen un código de silencio sobre el mal comportamiento”, denuncia Evans, del Grupo 21.
La vicerrectora de Oxford fue bienvenida en la escuela de negocios en septiembre, aunque algunos consideraron que, al igual que sus predecesores, había sido demasiado cautelosa al intentar erradicar el acoso sexual. A Tracey se le informó sobre los problemas con el exdecano Dutta el año pasado, pero dijo que no podía intervenir. Y cuando un diputado le escribió en nombre de una alumna que alegaba que había sufrido una agresión sexual en Oxford por la que tenía trastorno de estrés postraumático, Tracey le dirigió a la página del manual de la universidad sobre cómo presentar quejas.
Las experiencias descritas a Bloomberg son particularmente decepcionantes para quienes esperaban cambios significativos en Oxford. Georgina Calvert-Lee, abogada de Bellevue Law, considera que las universidades en general necesitan hacer que sus investigaciones sobre acoso sean más rápidas y transparentes.
Durante el último año se han introducido en el Reino Unido medidas para ayudar a erradicar el acoso sexual en las universidades y otros centros de trabajo que incluyen responsabilizar legalmente a los empleadores por no prevenirlo y prohibir los acuerdos de confidencialidad relacionados con la intimidación y el acoso. En el sector universitario, se ha observado una tendencia al uso de expertos externos para investigar presuntos casos de acoso y agresión. En Oxford, algunas denuncias fueron gestionadas por profesores, que carecen de experiencia, y pueden tener vínculos profesionales o personales con los presuntos responsables o víctimas.
“Oxford va rezagado”, cree Anna Bull, profesora de la Universidad de York y miembro fundador del Grupo 1752, un movimiento de investigación que aborda el acoso sexual en la educación superior. “La imagen es la de una institución totalmente desinteresada en abordar el acoso sexual y la violencia contra el personal y el alumnado”.