África abraza la energía nuclear

El continente cuenta con una única central en Sudáfrica y otra en construcción en Egipto. Sin embargo, ahora hasta 17 países desarrollan planes atómicos, sobre todo con apoyo de Rusia y China

Central nuclear de Koeberg, en Ciudad del Cabo, en una fotografía tomada en febrero de 2024.RODGER BOSCH (AFP / GETTY IMAGES)

Unos 700 millones de africanos, la mitad de la población, no tienen acceso a la electricidad. Con un proceso de industrialización a gran escala pendiente y una demografía explosiva —pasará de 1.400 millones de habitantes en la actualidad a unos 2.400 en 2050—, la brecha energética es uno de los grandes retos de África en este siglo. En la búsqueda de soluciones, hasta 17 países ha mostrado interés por desarrollar centrales nucleares. Ahora, solo Sudáfrica cuenta con una planta y otra se está construyendo en Egipto, pero naciones como Ghana, Nigeria y Kenia avanzan con rapidez en sus planes, y otras como Túnez, Argelia y Marruecos están en las últimas fases de desarrollo de proyectos, muchos de ellos con apoyo ruso o chino.

Producir energía nuclear necesita de un enorme esfuerzo previo: creación del marco jurídico y administrativo, protocolos, medidas de seguridad y gestión de residuos son algunos de los requisitos que deben cumplir los gobiernos. Pese a ello, muchos países consideran que puede ser una parte importante de su mix energético junto a las energías renovables como la hidroeléctrica, la solar o la eólica a medida que decaiga el uso de los combustibles fósiles. Hoy, el 55% del consumo de energía en África ya procede de fuentes renovables, lo que convierte al continente en líder mundial, según el Grupo de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, pero la clave de la apuesta por las nucleares es, una vez más, la pobreza energética actual y las necesidades futuras.

“La energía nuclear ofrece la oportunidad de construir un mundo sostenible y más igualitario en el que todo el mundo tenga acceso a una energía limpia, fiable y económica, y a una alta calidad de vida. Tenemos numerosos miembros y asociaciones activas a lo largo del continente africano y un creciente número de países reconocen el enorme potencial de la energía nuclear para apoyar el crecimiento sostenible y el desarrollo en el panorama energético continental”, asegura Harry Preston, portavoz de la Asociación Nuclear Mundial.

La central sudafricana, construida con tecnología francesa, se conectó a la red en 1984 y cubre el 5% de las necesidades del país. Situada en Koeberg, cerca de Ciudad del Cabo, cuenta con dos reactores de 900 megavatios (MW) cada uno. Sin embargo, en unos años se verá superada por la central nuclear de Dabaa, en Egipto, que comenzó a construir en 2022 el gigante ruso Rosatom gracias a un acuerdo entre El Cairo y Moscú. Rusia ha financiado el 85% del coste total del proyecto, unos 30.000 millones de euros, mediante un préstamo. Sus cuatro reactores tendrán capacidad para generar 1.200 MW cada uno. Unos 20.000 obreros trabajan para que comience a funcionar en 2031.

Si se cumplen las previsiones, habrá pasado casi medio siglo entre la primera y la segunda central nuclear africana. Sin embargo, detrás de Egipto hay un puñado de países que se apresuran para terminar sus proyectos. Entre ellos destacan Ghana, que ya ha identificado la localidad de Nsuban como la mejor ubicación y está a punto de adjudicar sus obras; Kenia, que prevé empezar la construcción de su central de 1.000 MW en 2027 con un coste de unos 5.000 millones de euros, y Nigeria, que en 2017 firmó un acuerdo con Rosatom para levantar una planta nuclear de 2.400 MW en Geregu, para abastecer sobre todo a la capital del país.

Además de estos cinco países, otros 12 están elaborando sus planes nucleares y parece realista que algunos de ellos consigan contar con su primera central nuclear en una o dos décadas. Se trata de Argelia, Etiopía, Marruecos, Níger, Namibia, Ruanda, Senegal, Sudán, Tanzania, Túnez, Uganda y Zambia. Todo apunta a que en 2040 África tendrá 18.000 MW de energía nuclear instalada, según la Asociación Nuclear Mundial. “Los países y las organizaciones nucleares tienen acuerdos para el intercambio de información, la creación de redes y de capacidades, todos ellos componentes clave de la preparación de un programa de energía nuclear”, insiste Preston.

Pese al notable empuje de los planes nucleares africanos, no todos coinciden en su idoneidad. Uno de los principales detractores es la organización ecologista Greenpeace. “Las centrales nucleares son notoriamente costosas, con plazos y presupuestos que a menudo se hinchan mucho más allá de las promesas. Para cuando esta planta pueda estar operativa, las tecnologías solares y eólicas se habrán vuelto más baratas y eficientes. A este ritmo, Kenia estará gastando años y miles de millones en una solución de alto riesgo, a pesar del hecho de que ya poseemos una alternativa probada, asequible y más sostenible”, aseguraba recientemente el activista y experto en desarrollo sostenible Sherie Gakii respecto al proyecto keniano que se implementará en Kilifi, cuyo rico litoral podría verse dañado si se lleva a cabo, añadió. De igual modo, la problemática gestión de los residuos es uno de los principales elementos que destaca Greenpeace.

Avances tecnológicos

Sin embargo, algunos ambientalistas africanos destacan que la nuclear es una energía limpia, que apenas produce emisiones de gases de efecto invernadero, y que la tecnología ha evolucionado y es cada vez más segura. La directora de RePlanet y activista ambiental, Patricia Nanteza, pidió a Greenpeace en 2023 que reconsiderara su posición contra las nucleares, al creer que combinan a la perfección con las energías solar y eólica, “limitadas por las condiciones geográficas y meteorológicas, lo que expone a las economías africanas al suministro intermitente de energía”.

En los últimos años, la emergencia de nuevos modelos como los pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés), que no superan los 300 MW de potencia instalada, se configura incluso como una alternativa mejor adaptada para países que no cuenten con una red eléctrica muy desarrollada o específicamente destinados para la minería o la desalación de agua. “Muchas personas en África siguen sin electricidad, por lo que es necesario ampliar la capacidad de la red tanto para ellos como para los aumentos previstos en la electrificación. Tal expansión, evitando el uso de carbón y otros combustibles fósiles, requerirá de la energía nuclear, tanto modelos de reactores grandes como pequeños”, concluye Preston.



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