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¿Dónde están las hipotecas verdes?

Crecen la oferta y la demanda de préstamos con condiciones especiales para viviendas sostenibles y reformas de eficiencia energética, pero su implantación en España sigue siendo escasa

Interior de una vivienda sostenible en Valencia.
Interior de una vivienda sostenible en Valencia.

Las premisas son claras y sus consecuencias también. Comprar una casa o un piso, reformarlo para mejorar su eficiencia energética y obtener a cambio una reducción del precio de la hipoteca o un mayor porcentaje de financiación. O, directamente, adquirir una vivienda con una de las mejores certificaciones energéticas y conseguir un préstamo a condiciones más favorables. Es lo que se denomina una hipoteca verde, cuya finalidad es crear un círculo virtuoso: se mejora la eficiencia energética de la vivienda, lo que redunda, por un lado, en una contribución en la lucha contra el cambio climático y, por el otro, en un ahorro que, a su vez, permite reforzar la solvencia del usuario quien, por ende, obtiene un préstamo más barato. El problema es: ¿de verdad existe la hipoteca verde? ¿Y sus virtudes son reales?

Si se atiende únicamente a la legislación española, de la hipoteca verde solo se encuentra un tenue rastro. La nueva Ley de crédito inmobiliario, que entró en vigor a mediados del mes pasado y que introduce importantes novedades en los préstamos para comprar viviendas, menciona las hipotecas verdes por primera vez en un texto legislativo. No obstante, no concreta qué se entiende con estos términos y deja su definición y regulación para un desarrollo posterior. En uno de los borradores que se elaboraron antes de la aprobación definitiva de la ley se establecía que firmar una hipoteca verde no hubiera obligado a elevarla a escritura pública y no se hubiera tenido que abonar el impuesto de Actos Jurídicos Documentados (AJD). Unas medidas para incentivarla que, sin embargo, no se incorporaron en el texto final.

La oferta despierta

Productos que tienen las características de una hipoteca verde mencionadas anteriormente, sin embargo, ya se comercializan. El mes pasado, BBVA —que aprobó en 2018 un plan para movilizar 100.000 millones de euros hasta 2025 en financiación verde, infraestructuras sostenibles, emprendimiento social e inclusión financiera— lanzó en el mercado una línea de préstamos para la promoción de nuevas viviendas de alta eficiencia energética y consumo casi nulo (uno de los requerimientos a los que las directivas europeas obligarán a partir de 2021, para cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero). Lo que ofrece esta entidad es una bonificación en el diferencial de la hipoteca para aquellos compradores que financien su vivienda a través de esta línea verde. En las mismas semanas, Santander anunció la bonificación de 10 puntos básicos en el tipo de interés de los créditos para viviendas sostenibles.

También en junio, la Comisión Europea publicó su informe sobre taxonomía de actividades sostenibles, en el que, entre muchos otros aspectos, define un inmueble verde como aquel que tenga un certificado de eficiencia energética A o B. Para vivienda que se renueven, se acepta cualquier letra, siempre y cuando las obras de mejora supongan al menos el 30% de ahorro energético.

La demanda crece

Pese a estos avances, “en Europa todo es muy incipiente y no hay grandes desarrollos concretos” en lo que respecta a las hipotecas verdes, admiten fuentes de la Caja Rural de Navarra. El año pasado esta entidad, junto con la Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI) y Triodos Bank y otras del Viejo Continente, puso en marcha el Plan de acción sobre hipotecas para la eficiencia energética (Eemap, por sus siglas en inglés), bajo el paraguas de la Federación Hipotecaria Europea. En este programa para la concienciación sobre las ventajas de este producto, y su desarrollo y promoción, participan diversos países a través de diferentes colectivos, como entidades financieras, constructoras, consultoras, promotoras y tasadoras.

“Las hipotecas verdes se encuentran en una etapa muy embrionaria, aunque está empezando a tener visibilidad en muchos países de Europa”, dice, en la misma línea, la responsable del Proyecto de hipotecas y préstamos verdes de la UCI, Cátia Alves. Y la demanda crece. “Desde 2013, hemos financiado unas 2.000 hipotecas teniendo en cuenta criterios de eficiencia energética en España y más de 11.800 en Europa, con un crecimiento del 36% en el último año”, atestigua la responsable de Hipoteca de Triodos, Gemma Balasch.

Beneficios difíciles de medir

Pero no todo son luces. Más de tres de cada cuatro socios de la Asociación Española de Análisis de Valor (AEV), que integran 22 sociedades de tasación, no consideran estadísticamente probado todavía que en España las viviendas sostenibles se estén revalorizando más y más rápido que las convencionales, ni que el ahorro energético se esté convirtiendo verdaderamente en una mayor capacidad de hacer frente al pago de la hipoteca. Lo que socavaría el pilar en el que se sustentan las hipotecas verdes.

“Nadie puede dudar de que una vivienda que se reforma y alcanza una mejor calificación energética consume menos energía y que por lo tanto supone también un ahorro económico, y eso aumenta el valor de la vivienda”, dicen desde la Caja Rural de Navarra. Y matizan: “Otra cosa es que eso sea fácil de medir, y efectivamente puede no serlo todavía”. En la misma línea, Alves destaca que “todavía es muy pronto para hacer valoraciones sobre este tema, mientras se están desarrollando modelos de análisis”.

Faltan incentivos

Lo que está claro es que la implantación de la hipoteca verde es “aún escasa en España”, en palabras de la secretaria de la AEV, Paloma Arnaiz. Según Alves, para fomentarla sería necesario “que todos los actores del mercado trabajen” en el mismo sentido, algo que comparte Balasch, quien añade la falta de reconocimiento normativo de la hipoteca verde como la principal tarea pendiente.

“Aunque favorecer la financiación verde desde un punto de vista legal sea positivo, lo importante sería fomentar la compra o renovación verde, es decir, que el dueño de la vivienda tenga incentivos para tomar este tipo de decisiones”, sostienen desde la Caja Rural de Navarra. Para esta fuente, se trata de un proceso “imparable”, en el que es probable que “se produzcan iniciativas públicas que hagan que se acelere, como penalizaciones fiscales a viviendas menos eficientes o más apoyos o subvenciones para renovaciones”.

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