Crítica:POP | Los Secretos

Pulcritud e intensidad

En el mismo lugar, 20 años después, Los Secretos volvieron a cantar Déjame, una de las canciones emblemáticas de la nueva ola española que dieron pie a la movida madrileña. La canción sigue tan fresca como cuando la crearon hace 26 años. El grupo la defendió con brío en el concierto de presentación de su reciente disco, Una y mil veces. El público se puso de pie y la cantó entera sin confundir un solo verso.

Los Secretos tienen más que repertorio de sobra, y muy valioso, pero si se hace hincapié en esa canción es por el impacto que tiene, pues sigue siendo la más celeb...

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En el mismo lugar, 20 años después, Los Secretos volvieron a cantar Déjame, una de las canciones emblemáticas de la nueva ola española que dieron pie a la movida madrileña. La canción sigue tan fresca como cuando la crearon hace 26 años. El grupo la defendió con brío en el concierto de presentación de su reciente disco, Una y mil veces. El público se puso de pie y la cantó entera sin confundir un solo verso.

Los Secretos tienen más que repertorio de sobra, y muy valioso, pero si se hace hincapié en esa canción es por el impacto que tiene, pues sigue siendo la más celebrada de sus conciertos, la que pone al público de pie y la que todo el mundo corea sin dificultad. La gente que fue el jueves a ver a Los Secretos era mayoritariamente de la edad de los miembros del grupo, entre los treintañeros largos y los bien entrados los cuarenta, pero era curioso comprobar cómo había alguna muestra de chicas muy jóvenes desgañitándose también con la canción de marras.

Los Secretos

Álvaro Urquijo (voz y guitarras), Ramón Arroyo (guitarras) y Jesús Redondo (teclados). Más Juanjo Ramos (bajo) y Santi Fernández (batería). Palacio de Congresos. Madrid, 8 de junio.

Álvaro Urquijo, líder natural de la banda y único superviviente de la formación originaria, explicó de entrada lo que iba a dar de sí el concierto: si bien servía de presentación del disco reciente, Una y mil veces, el decimoctavo de su carrera, también iban a hacer las canciones que les "gusta tocar", las que le "gustan al público" y "alguna nueva, para que se vayan conociendo". Al final, de 23 -incluidas las de los bises-, sólo seis fueron del disco nuevo, además de una emocionante recreación de un tema ajeno, Nada más, del grupo coetáneo y amigo, Mamá.

Un arte

Del sonido pulcro, Los Secretos han hecho un arte. De la intensidad de sus emociones, también. El concierto fue todo el rato impecable, con el duelo de guitarras entre Álvaro y Ramón elevando la tensión en los momentos precisos. La tristeza, el desamor, la melancolía, la desazón...; eso que siempre se ha dicho que ocupa la temática de sus canciones, no parecen tantas al ver el acompañamiento musical tan brioso, en el más puro estilo del llamado pop de guitarras, con las jugosas aportaciones de los teclados y la base rítmica, que hace que parezcan canciones más optimistas de lo que son.

En su último disco brilla más el amor que la desesperanza marca de la casa, pero en directo tiran más, aunque sin imposturas nostálgicas, de la angustia vital del pasado. Suena duro escuchar Te echo de menos, A tu lado, Agárrate fuerte a mí, María y no pensar en el fallecido Enrique, al que su hermano Álvaro hizo mención en un par de ocasiones.

Divertidos y agradecidos, Los Secretos, algo así como un lujo para el pop español, se despidieron con una recreación a capella de Sobre un vidrio mojado, la canción de los argentinos Kano y Los Bull Dogs que ellos hicieron suya cuando todo comenzaba hace 26 años.

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