Crítica:LOS SIGLOS DE ORO

El círculo se cierra

En poco más de un año hemos pasado de tener sólo noticias escritas de la importancia de Calderón de la Barca en la conformación del teatro musical español a poder escuchar y admirar muchas de sus contribuciones más importantes en este campo. Así, a finales del pasado año pudimos escuchar en el teatro de la Zarzuela La púrpura de la rosa y el Teatro Real ha inaugurado la presente temporada con Celos aun del aire matan, dos obras innovadoras y de un marcado carácter experimental. Los tres conciertos calderonianos programados por la Fundación Caja de Madrid en su ciclo ...

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En poco más de un año hemos pasado de tener sólo noticias escritas de la importancia de Calderón de la Barca en la conformación del teatro musical español a poder escuchar y admirar muchas de sus contribuciones más importantes en este campo. Así, a finales del pasado año pudimos escuchar en el teatro de la Zarzuela La púrpura de la rosa y el Teatro Real ha inaugurado la presente temporada con Celos aun del aire matan, dos obras innovadoras y de un marcado carácter experimental. Los tres conciertos calderonianos programados por la Fundación Caja de Madrid en su ciclo Los Siglos de Oro al hilo del cuarto centenario del nacimiento del dramaturgo madrileño han venido a completar el panorama, arrojando luz sobre un repertorio que llevaba demasiado tiempo en la penumbra.En el tercero de estos conciertos hemos asistido a la recuperación moderna del auto sacramental Primero y Segundo Isaac. Dos filólogos -Esther Borrego y Rafael Zafra- y un musicólogo -Álvaro Torrente- son los artífices de una resurrección que, como las dos óperas anteriores, tienen mucho de propuesta, y apuesta, personal. La edición de los dos primeros se aparta de la de Cilveti y Arias para la editorial Reichenberger, mientras que Torrente ha llevado a cabo una inteligente tentativa de reconstrucción de la música que pudo acompañar a una representación del auto a partir de un manuscrito de principios del siglo XVIII.

Al Ayre Español

Iglesia de San Andrés. Madrid, 20 de noviembre.

Un auto sacramental, obviamente, no es una ópera, y la palabra, el texto dramático, ostenta una primacía indiscutida. Representarlo en su integridad va mucho más allá del alcance de un concierto, por lo que la solución adoptada ha sido confiar a un narrador el hilo argumental y dejar que dos actores declamen los pasajes cruciales de la acción. La música ilumina, resalta y ameniza una trama rica en símbolos y alegorías. Su concertación, a ratos prendida con alfileres, corrió a cargo de Eduardo López Banzo, que amplió también más de lo debido algunas de las interpolaciones instrumentales.

En su conjunto, no obstante, el concierto fue un cúmulo de buenas noticias: una obra recuperada, una prueba más de la sensibilidad musical de Calderón, un marco perfecto en el corazón del viejo Madrid, unos intérpretes entusiastas y un fruto importante de la joven musicología española, que empieza a tomar con fuerza el relevo de las generaciones anteriores y que parece llamada a darnos, por fin, grandes alegrías.

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