Crítica:

Vigor eléctrico

The Mr. T Experience y Los Piolines

Sala El Sol. 1.600 pesetas. Madrid, viernes 1 de noviembre.

Probablemente, si se pregunta a cualquier grupo musical compuesto por individuos que apenas rozan los 20 años, de dónde viene su música, la mayor parte de ellos -por no decir casi todos-, responderá que del punk. Muy poquitos echarán mano del añejo rock´n´roll, su idiosincrasia, sus pautas de comunicación... para definir el sonido propio. El punk es, definitivamente, el último estilo juvenil aceptado como tal que ya ha generado sus propios clásicos.Por fin, ...

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The Mr. T Experience y Los Piolines

Sala El Sol. 1.600 pesetas. Madrid, viernes 1 de noviembre.

Probablemente, si se pregunta a cualquier grupo musical compuesto por individuos que apenas rozan los 20 años, de dónde viene su música, la mayor parte de ellos -por no decir casi todos-, responderá que del punk. Muy poquitos echarán mano del añejo rock´n´roll, su idiosincrasia, sus pautas de comunicación... para definir el sonido propio. El punk es, definitivamente, el último estilo juvenil aceptado como tal que ya ha generado sus propios clásicos.Por fin, pudo disfrutarse en España un repertorio completo de uno de esos grupos clásicos, padres del punk como fenómeno juvenil masivo -estamos hablando de los USA, naturalmente- Los californianos The Mr. T Experience que formaron su nombre mediante un juego de palabras que incluye al negro enjoyado de la serie de televisión El equipo A y la denominación que Jimi Hendrix escogió para su grupo, son un trío energético, esforzado feliz en la obtención de estribillos tremendamente agradecidos e incapaz de modificar ninguno de sus planteamientos, a cambio del plato de lentejas de éxito que ya es menú habitual de bandas como Offspring o Green Day. Sus 10 años de punk-rock anfetamínico y carretera les avalan, aparte de hacerles funcionar en directo como si fueran un reloj de precisión.

The Mr. T Experience aprovecharon para presentar en nuestro país su séptimo disco, Love is dead, repleto de joyas de apenas dos minutos y pico que, en vivo, estallan como una traca de fuegos artificiales. Impresionantes las interpretaciones de unos temas preñados de sentido del humor y mala leche que, pese a su carácter crítico e inconformista, no pierden de vista la belleza formal del cánon popero más clásico. Ba, ba, ba, ba, ba; Thank you (for not being one of them) o I love you but you're standing on my foot fueron ampliamente coreadas por los asistentes. Entretanto, la guitarra de Dr. Frank, el bajo de Joel y la batería de Jym trenzaban sin descanso y a toda mecha, ese sonido vigoroso y eléctrico que ha heredado casi todo del rock and roll, aunque tenga ya muy poco que ver con él.

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